Diógenes ya compartió ayer sus miedos sobre ese 2026 que tenemos a la vuelta de la esquina, y como comparto esos miedos, y tengo incluso algunos más que él, y mucho peores, no voy a reincidir en el tema y me voy a limitar a recordar aquellos lugares en los que han habido cosas buenas en este 2025 que está dando sus últimos coletazos, básicamente en la ficción. Así que sin ningún orden en concreto y probablemente dejándome un montón de cosas fuera porque voy a tirar sobre todo de memoria, aquí van un buen puñado de cosas de las que he disfrutado este año que quizás sea el último, viendo cómo está el patio…

En el mundo del cómic no nos podemos quejar demasiado (bueno, siempre se puede, pero ya nos entendemos), ya que la oferta ha sido tremendamente variada y para todos los gustos. Si nos ceñimos al cómic de superhéroes, yo he seguido disfrutando como un niño de lo que han estado haciendo Kelly Thompson y Hayden Sherman con Absolute Wonder Woman (que sí, que comenzó a publicarse a finales de 2024, pero el grueso de la serie ha salido este año, así que para mí cuenta), mostrándonos una de las mejores Dianas que he leído en mi vida y probando cómo se pueden reinventar personajes sin perder ni un ápice de su esencia. Un poco lo que han hecho Deniz Camp y Javier Rodríguez con su Absolute Martian Manhunter, que aunque mucho más experimental es toda una delicia en todos los aspectos, especialmente en el espectacular despliegue visual que nos ha dado Rodríguez. Y saltando a la competencia quiero destacar otra serie que aunque lleva ya un tiempo publicándose, este año ha vuelto a ser uno de los cómics que más he disfrutado cada mes, los 4 Fantásticos de Ryan North (y compañía), quien ha sabido destilar lo mejor de la historia del grupo para hacerles vivir un sin fin de aventuras memorables y a menudo sorprendentemente emotivas.

El mundo del cine también me ha dado unas cuantas alegrías, en especial dentro del género de superhéroes que, admitámoslo, suele ser lo que realmente interesa en este blog aunque no sea lo único de lo que disfrutamos. Quizás la mayor sorpresa fueron los Thunderbolts, una divertida y emotiva película repleta de acción en la que su director Jake Schreier y su equipo lograron que un puñado de personajes rescatados de diferentes series y películas no solo funcionasen a la perfección todos juntos, sino que consiguieron además que me importase lo que les sucediese (incluso a personajes que detesto como Sentry) y que tenga muchas ganas de volver a verlos. Menos sorprendente fue lo mucho que disfruté con los 4 Fantásticos de Matt Shakman, donde por fin pude encontrarme con una adaptación digna de los personajes, que aunque con sus problemillas (el poco peso de Ben en la trama) aún me hace sentir como si hubiese presenciado un milagro. Pero sin salir del género superheroico, sin duda mi película del año ha sido el Superman de James Gunn, quien junto a un casting perfecto ha logrado quitarnos el mal sabor de boca con un Superman que rezumaba autenticidad por los cuatro costados, que reflejaba a la perfección todo lo que representa el personaje y que además resultase ser una película de acción y aventuras muy divertida.

Fuera de ese género también me he llevado unas cuantas sorpresas muy agradables, y aunque aún tengo pendientes demasiadas películas de este año (las series me quitan mucho tiempo), he podido disfrutar de unas cuantas cintas que me han encantado. K-Pop Demon Hunters fue toda una sorpresa, ya que partiendo de una premisa un tanto ridícula consiguieron crear una película divertidísima, visualmente deslumbrante, y que por detrás de la acción espectacular y las pegadizas canciones (Golden es de las que se te mete en la cabeza y no se marcha) hay una denuncia contra la intolerancia bastante necesaria. Heads of State fue otra sorpresa muy inesperada, que siguiendo la fórmula del cine de acción más ochentero exprimieron al máximo la excelente química entre Idris Elba y John Cena para darnos una divertidísima y muy cafre comedia de acción de las que no puedes tomarte en serio, solo dejarte llevar y disfrutar. Pero para mí la película del año (que he visto pocas, y al mirar la lista de los estrenos me he asustado de ver cuántas de las que quería ver aún no he visto) ha sido el Frankenstein de Guillermo del Toro. Una adaptación que a veces ha sido muy fiel y a veces lo ha sido poco, en la que junto a Oscar Isaac, Mia Goth y un sorprendente Jacob Elordi, nos han dado una de esas películas que dan ganas de ver una y otra vez, espectacular a todos los niveles y que nos recuerda que ojalá a Del Toro le diesen en algún estudio carta blanca y presupuesto ilimitado para que hiciese lo que quisiese.

Y esa televisión que me quita tanto tiempo también me ha dado muchas alegrías, demasiadas para dedicarles mucho espacio, series como Daredevil: Born Again, Paradise, The Studio, Alien Earth, The Chair Company, The Lowdown, Dept. Q, Murderbot, Common Side Effects, entre otras muchas. Pero sí que quiero, o más bien necesito, destacar dos que me han marcado especialmente. Por un lado la temporada final de Andor, que ha sido todo lo que esperaba y muchísimo más, en la que Tony Gillroy y su equipo, con un casting impresionante, nos han dado una de las mejores entregas de la saga de Star Wars, nos ha permitido profundizar en aspectos de esa galaxia que hasta ahora apenas se habían tocado en el cine o la televisión y sobre todo nos han recordado que al fascismo se le combate siempre.

En una línea radicalmente diferente tengo que hablar de Heated Rivalry, la adaptación canadiense de una novela de romance que ha revolucionado internet estas últimas semanas con la ardiente historia de amor entre dos jugadores de hockey sobre hielo y que además de ser un gran ejemplo de cómo estirar al máximo un presupuesto limitado, de contener escenas subidas de tono que harían sonrojar a Juego de Tronos, ha puesto sobre la mesa temas como la enorme homofobia que existe en el mundo del deporte profesional o cómo existen países como Rusia (cuyo presidente tiene tantísimos fans trasnochados en Occidente) en los que pertenecer al colectivo LGTBI+ es poco menos que una condena.

Pero sin duda para mí la serie del año ha sido Pluribus. Cuando supe que Vince Gilligan retomaba la ciencia ficción (que recordemos su paso por Expediente X y The Lone Gunmen) me sorprendió bastante, pero tras su trabajo en Breaking Bad, El Camino y Better Call Saul, mi confianza en él es completa, especialmente cuando supe que la serie la protagonizaría Rhea Sehorn. Y aunque es pronto para hablar, de momento se ha convertido en mi serie favorita de Gilligan, en la que partiendo de fórmulas muy clásicas del género, como son esas invasiones alienígenas (más o menos) subrepticias, y mostrando de nuevo su dominio del ritmo narrativo, de los silencios y de la cotidianidad como elemento perturbador, nos ha ofrecido un absorbente retrato de lo que nos hace ser humanos, de cómo esas imperfecciones que a menudo no nos gustan ni a nosotros mismos, son las que nos hacen estar realmente vivos.

Una serie que con un reparto limitadísimo (con cameos divertidísimos) formado por Rhea Sehorn, Karolina Wydra y Carlos Manuel Vesga, han hecho magia. Y aunque adoro a Carol Sturka y Sehorn se merece todos los premios posibles, tengo que reconocer que Manousos en muy pocos episodios ha sabido ganarse al público, entre quienes me incluyo, por su cabezonería, su rectitud y ese punto de fanatismo, aunque bien enfocado, del que espero que tenga mucho más protagonismo en la próxima temporada.

Así que si el 2026 no nos trae ninguna guerra mundial, una crisis arrolladora y las compañías de IA no acaban destruyendo la economía, confío en que al menos pueda seguir disfrutando de grandes cómics, series y películas, cosas que nos hagan olvidarnos un rato de los problemas del mundo real pero que también nos animen a enfrentarnos a esos problemas, que creen conciencia y nos empujen aunque sea un poquito a ser mejores personas. Aunque si todo falla no descarto irme a la jungla armado con un machete y pasar de todo…

No es propiamente un cómic de 2025 porque viene de 2024, pero a mí me ha gustado mucho la actual serie de Transformers y de GI Joe. Claro que quizá se debe a que no vi esas series en los 80… ¡Supero mis traumas de infancia!
Martian Manhunter es muy grande.
En cuanto a series… Mi mayor sorpresa ha sido que a mi novia le gusta mucho Sandman (que también es de 2024), aunque la segunda temporada se me ha hecho un poco bola.
No ha habido ninguna gran serie en 2025 ni gran película. 4F y Thunderbolts han estado bien, pero ninguna me ha emocionado. Aunque no es culpa d eesas películas si no de mi mismo, más bien.
Para mi lo mejor de la pelicula de los Thunderbolts fue la publicacion del nuevo volumen de New Avengers que al menos se deja leer mejor que la coleccion principal de los Vengadores.
«irme a la jungla armado con un machete y pasar de todo…»
Yo no puedo evitar acordarme de Doomlord.
Que cuando regresa a casa con los chicos descubre que la casa está vandalizada y va descubriendo que su hijo Enok ha instaurado una atroz dictadura del terror y la delación a nivel planetario y que todo se basa en el culto a su imagen.
Doomlord manda a los niños a la jungla de África cuidados por una tribu de gorilas, y los deja pensando, que ese es igual uno de los pocos sitios seguros del planeta.
Esperemos que estos monos sin pelo que somos, como diría Howard, no sean tan idiotas como aparentan.
Que el deseo que tengamos que tener este año, es que haya un nuevo año es terrible.
Y para no ser un agorero… Sí, lo soy.
Ver el cambio en DC, cómics y películas, es lo mejor del año en entretenimiento. Una gozada.