El género ciberpunk: Historia de una marca registrada

Así a lo tonto y cuando el futuro nos alcanza -porque ya nos ha pillado, vaya que sí- nos damos cuenta de que aquella cosa futurista del ciberpunk lleva ya dando vueltas cosa de más de cuarenta años, y por el camino se han inventado variantes como el steampunk -que no es más que retrofuturismo de góticos- o hasta el hopepunk, que no es más que una traición al género en toda regla porque es todo lo contrario al punk, al pretender contar historias optimistas.

¿Es un subgénero de la ciencia ficción o es simplemente una moda?

Porque al final esto va de futuros distópicos, y si se le llama «ciberpunk» es precisamente por mezclar cibernética (tecnología futurista) y la corriente cultural de moda en la época, el punk. Cosa que, por otro lado, me da que pensar, porque si el ciberpunk se hubiera creado en los 60 lo mismo hablábamos del ciberhippie o si fuera en los 90, el cibergrunge. Que podría decirse que novelas como Forastero en Tierra Extraña de Robert Heinlein son la cosa más hippiepunk del mundo, pero al final la razón por la que marida también la parte ciber y la punk es porque la cultura punk no solo tenía una visión decadente del mundo -y que razón tenían, solo hay que ver como llevamos el calentamiento global- si no que desconfiaba de la autoridad de gobierno y corporaciones y un grito a ratos hasta egoista a favor de la libertad individual a muchos niveles, siendo uno de los más característicos el aspecto «manufacturado» del punk, la idea de montártelo tú mismo por tu cuenta que aplicado a la ciencia ficción acabó derivando en implantes cibernéticos y el personalizarse el cuerpo por completo.

El ciberpunk como uno de los géneros principales del cómic «para adultos» de los 80, aquí con Burton & Cyb de Ortiz y Segura.

Y aun así, el ciberpunk no consolida su nombre hasta la fase de decadencia del mismo, a mediados de los ochenta con la aparición del Neuromante. Hay precedentes literarios muy anteriores como el ya mencionado Heinlein, los ciberimplantes del Nova de Samuel R Delany o Phillip K Dick con ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, protagonizado por un cazador de androides en un mundo echado a perder, en el que el mayor valor que puede tener una persona es tener tu propio animal en casa. Hay un elemento «no future» en estas novelas que contrastaba con la ciencia ficción optimista que imperaba en los Asimov o Clarke, pero hay que tener en cuenta que Heinlein ya era contemporáneo de estos dos y siempre tuvo un giro más pesimista en su obra, más cínico. Si nos remontamos más atrás, incluso podemos hablar de que historias distópicas como Metrópolis de Fritz Lang y Thea Von Harbou o el Un Mundo Feliz de Aldous Huxley ya tenían algo de punk, a pesar de que el mensaje final de la misma era el de que las drogas eran malas o, en el caso de la película de Lang, abría el final de la película a un horizonte más feliz. Pero que nadie se engañe, estas novelas y películas son simples precedentes.

La quintaesencia del futuro distópico de aquellos tiempos, Blade Runner.

Pasa lo mismo con esa ciencia ficción más cínica de los 60 y 70 que personifican autores como Harlan Ellison, Brunner o Zelazny, que paralelamente a los trabajos más extremos de Heinlein y Dick desarrollan versiones aún más negativas del futuro con realidades de su época como el auge de las drogas o el crecimiento desmedido de las grandes empresas, apoyado siempre por los avances tecnológicos. El punk era una corriente sociocultural que empapaba todo, y miraba mucho a un futuro inmediato que prefería no ver; el ciberpunk hablaba precisamente de ese futuro, poniendo las miras en el siglo XXI para avisarnos de que lo que venía era horrible y que igual lo mejor era dejar un bonito cadáver. Y por más que a los yanquis les guste ningunearlo el ciberpunk, como el punk, en realidad era un movimiento muy británico.

Y tremendamente enraizado en la cultura antifranquista de la época, como bien deja claro este montaje de M’Rabo sobre la inspiración de Carlos Ezquerra.

Para mí, la primera historia ciberpunk es un cómic, es Juez Dredd. Pone en el centro de todo a una figura autoritaria, un tirano al servicio de un sistema corrupto y totalitario, y aparece en 1977 en una revista que supuestamente es de ciencia ficción a secas, de navecitas y héroes del estilo de Dan Dare. Es una revista que se funda después de que buena parte de sus creadores acabaran casi en la calle por mostrar en la portada de una revista infantil/juvenil a unos niños asesinando a un policía. Los John Wagner, Alan Grant y Pat Mills eran auténticos punkis, rebeldes dentro de un dinosaurio editorial que consiguen hacerle trampa al sistema y publicar lo que les apetece, colocando al Juez Dredd como estrella de su nueva revista para superar la censura de la editorial a la violencia extrema; la lógica que siguieron era la de que si Dredd era un policía, su violencia era legítima y permisible, con lo que tenían mucha más manga ancha con él que con cualquier otro personaje. La puerta se había abierto, de repente el punk ya estaba en todos los kioskos del Reino Unido, y venía hasta con juguetes de regalo.

Literalmente.

Llegan los ochenta y el walkman. La electrónica empieza a ser un elemento portátil, ya no son pesados objetos de oficina o del salón, y el presente empieza a hablar de ordenadores como un elemento más de la vida cotidiana. Películas como Alien o Atmosfera Cero hablan de condiciones laborales y no de grandes aventuras espaciales, Blade Runner adapta las ovejas eléctricas de Phillip K Dick y empieza a preguntarse cuáles son los límites de la condición humana. Epopeyas galácticas de la década anterior como Dune o El Incal son desarrolladas con visiones cada vez más pesimistas, David Cronenberg empieza a explotar en el cine el «body horror» como nadie y en Japón Katsuhiro Otomo explora en Akira un futuro de experimentación infantil sin ningún tipo de límite ético. Algunas de estas obras serán consideradas a posteriori como ciberpunk, otras no, pero la ciencia ficción de la época tiene claro que cualquier futuro cercano es decadente. Y entonces llega internet.

La imagen del ciberespacio venía dictada por los espacios virtuales de videojuego de Tron, que a su vez estaban inspirados por los primeros videojuegos vectoriales de los 80.

William Gibson ya llevaba desde varios años antes hablando de gente que se volcaba ingentes cantidades de datos en el cerebro como Johnny Mnemonic, pero cuando escribe Neuromante ya nos habla de vivir dentro de internet, de trascender nuestros cuerpos. Es una visión primigenia de la red de redes, pero la creación de una «matriz», de un «ciberespacio», le entrega al ciberpunk su última pieza del puzzle. Los viajes por el ciberespacio son el equivalente a los de ciertas drogas recreativas, y la novela de Gibson reune buena parte de las piezas de obras anteriores y así es como crea la novela que bautiza el movimiento. Es cierto, Dredd y otras series de 2000 AD para entonces ya han llevado el género bastante lejos y Neuromante no inventa gran cosa, pero su influencia es tal que de repente cualquier visión del futuro incluye meterse dentro de ordenadores y ver mundos sintéticos por todas partes, a pesar de que estos ya habían existido en obras muy inmediatas como el videojuego de Tron (1982). Las cuadrículas de colores fosforescentes y los neones pasan a ser parte de la estética de los 80, y pronto quedarán sustituidos por los mundos renderizados de los 90 o el refinamiento tecnológico al final del siglo con The Matrix. Y hasta ahí tenemos el nacimiento y desarrollo del ciberpunk, pero… ¿De dónde sale el término? ¿De quién fue la idea?

John Brunner ya había introducido conceptos de hacking en sus novelas años antes de que se inventara el término «gusano» aplicado a la informática o el propio ciberpunk como género.

Pues de un yanqui en 1983, oye. Que como siempre ellos son los expertos en marketing que saben que para vender algo hay que ponerle un nombre bien guapo, y el editor del Isaac Asimov’s Science Fiction Magazine Gardner Dozois decidió elegirlo entre los distintos nombres que le ofreció Bruce Bethke como título para un relato, con la intención de crear un nombre sencillo que mezclara la tecnología (cyber) con lucha contra la autoridad (punk). El propio Bethke parodiaría el concepto a mediados de los 90 escribiendo su versión ciberpunk de El Quijote, con los héroes románticos demostrando ser una banda de niñatos egoistas; Pero para entonces el ciberpunk ya estaba en Hollywood, en los jueguetes, camisetas, juegos de rol, videojuegos y hasta Marvel había creado una línea de cómics completa basada en una ambientación ciberpunk de su universo, ya estaba muy complicado dar marcha atrás. Robocop llegaba a las pantallas en 1987 y era una versión ciborg del Juez Dredd que fue una de las películas más taquilleras de su época, las discusiones entre los aficionados a la ciencia ficción sobre si algo era o no era ciberpunk estaban a la orden del día, porque los límites entre los géneros eran cada vez más tenues hasta el punto de que «ciberpunk» irónicamente acabó teniendo casi más valor como marca comercial y no como movimiento artístico y cultural que lo iba a cambiarlo todo. Era más forma que fondo, y la ciencia ficción y los movimientos sociales que buscaban cambiarlo todo pasaron página.

Robocop era un policía cibernético que actuaba como juez, jurado y verdugo.

Y aun así, creo que el legado ciberpunk, ese retrato del capitalismo tardío que a ratos parece sacado del manifiesto comunista con esa figura del mercado como una bestia que acaba engordando tanto hasta el extremo de devorar a gobiernos y trabajadores por igual, sigue más vigente que nunca. El aviso de que los conglomerados empresariales desbocados son un peligro real para la sociedad ya es el pan nuestro de cada día, con los gobiernos del mundo imponiendo sanciones millonarias cada dos por tres a las grandes empresas tecnológicas, y la modificación del cuerpo humano mediante a terapias genéticas o prótesis implantadas también es una realidad, aunque de momento no nos den precisamente superpoderes. Obras más recientes como Ready Player One realmente están explotando la nostalgia por la época que dio lugar al ciberpunk, pero ya no son consideradas como tales porque carecen de toda profundidad, han «esterilizado» el género para que no agreda, para que ya solo sea ciber y no punk.

Marvel y su universo ciberpunk llegarían tarde a la fiebre por el subgénero, pero tuvo sus momentos.

Mientras tanto, uno de los videojuegos más vendidos del año es Cyberpunk 2077, la reinterpretación del juego de rol de 1987 que en su día se llamó Cyberpunk 2020. Coprotagonizado por Keanu Reeves -el gran actor del ciberpunk, protagonista tanto de The Matrix como Johnny Mnemonic- el juego ha sido criticado por publicidad engañosa, por prometer en un principio una libertad para el jugador que nunca se reflejó en el juego final, con unos valores de producción altísimos pero que salió al mercado repleto de fallos de programación en varias de sus versiones, a pesar de que los programadores del juego sufrieron jornadas maratonianas de trabajo durante sus últimos meses de desarrollo que probablemente fueron más allá de la legalidad. Irónico, ¿no?

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Stravinkay Modelarus
Stravinkay Modelarus
9 meses han pasado desde que se escribió esto

Previo a 2099 Marvel ya había dado un paso hacia el cyberpunk incluso antes que 2000 AD con Dredd: Deathlok es una creación de Rich Buckler que salió en Astonsishing Tales (una de las tantas series estilo Showcase de la Marvel de Roy Thomas) en 1974 y era un personaje que tenía muchísimo de lo que visualmente se aceptaría como parte del género además de tocar temáticas que también le son comunes al punto de tener paralelos claros en su origen e historia con los de Robocop por ejemplo. En el futuro un soldado muerto (Luther Manning) es convertido en un cyborg por el complejo industrial-militar pero recupera su identidad de alguna forma y se rebela buscando recuperar su humanidad perdida mientras una computadora le sirve de interlocutor a su monologo interno (idea de Doug Moench). Su critica no sería ni de cerca tan despiadada como la de futuros ejemplos del género mucho menos se puede decir que llegara a ser satírica pero es innegable que demasiados elementos de Deathlok son prácticamente inseparables de la estética y espíritu cyberpunk aún cuando también es patentemente un trabajo mucho menos profundo en su presentación y abordaje de estas ideas.

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Jesús Manuel Martínez Otero
Jesús Manuel Martínez Otero
9 meses han pasado desde que se escribió esto

Precedente de Robocop, además (después Marvel se sacaría Sangrefría como sosias de Robocop). Y se suele olvidar (tampoco se hace mucho hincapié en el tema) también que Buckler introdujo en esta serie el primer matrimonio interracial de la historia de Marvel (la esposa de Manning es afroamericana).

Stravinkay Modelarus
Stravinkay Modelarus
9 meses han pasado desde que se escribió esto

La versión de los ’90 del personaje de Dwayne McDuffie y Gregory Wright era afroamericano también (Michael Collins); en una serie irregular en parte porque creo que se turnaban a escribirla entre los dos (McDuffie y Wright) y me parece que se notaba que tenía más chispa como escritor McDuffie. Pero más que nada porque era una serie de la Marvel de los ’90 y la burbuja, xD.

Jesús Manuel Martínez Otero
Jesús Manuel Martínez Otero
9 meses han pasado desde que se escribió esto

En la clásica la afroamericana era la esposa y él era «blanco» (aunque como cadáver medio descompuesto no lo parecía). En las versión que mencionas él era afroamericano. En la posterior de Aaron también.

Roger
Roger
9 meses han pasado desde que se escribió esto

Es curioso como el primer Cyberpunk te sacaban cosas tan grotescas como ese Deathlock medio zombie, y en el moderno te sacan muñequitas de realidad virtual.

Stravinkay Modelarus
Stravinkay Modelarus
9 meses han pasado desde que se escribió esto
Responde a  Roger

Eso ya viene de las replicantes de la Blade Runner de Ridley Scott que de aspecto grotesco tenían poco. Aunque Paul Verhoeven marcó mucho esa idea de lo grotesco y lo cyberpunk yendo de la mano, no se trata solo de una sensibilidad o influencia ochentera de Cronenberg y Carpenter sino que (como marcan Deathlok y Juez Dredd) es una parte más de la temática sobre la definición de la humanidad en una realidad socio-economica deshumanizadora y en relación con una omnipresente tecnología que avanza en su servicio.

Jesús Manuel Martínez Otero
Jesús Manuel Martínez Otero
9 meses han pasado desde que se escribió esto

Que, por cierto, ya podría ir pensando alguien en recuperar la acá inédita adaptación al cómic marvelita de Blade Runner (Al Williamson, coño).

Jesús Manuel Martínez Otero
Jesús Manuel Martínez Otero
9 meses han pasado desde que se escribió esto
Responde a  Roger

El primero era más atrevido. Y se atrevían a meter a un prota medio podrido que hablaba consigo mismo (bueno, con una IA con la que compartía cerebro) todo el rato, un matrimonio interracial (en una época en la que sí metías a los del KKK siendo los malos te llegaban amenazas de muerte a la redacción …y dejaban de distribuirse en algunas poblaciones del Sur), a los militares y las grandes corporaciones como los malos (DeMatteis, que lo retomaría en su estupendo Capitán América siempre le tuvo especial inquina al aparato corporativo …no digamos ya al complejo industrial militar), caníbales campando alegremente por las calles de Nueva York o una crucifixión (hasta nuestro Rafael López Espí tiraría de la portada de crucifixión), que fijo que hoy Marvel se lo pensaba tres veces con esto último.

Jesús Manuel Martínez Otero
Jesús Manuel Martínez Otero
9 meses han pasado desde que se escribió esto

Pues si, lo impactante que fue en su día Akira (tanto el manga como el anime). Y el Dredd de Wagner, Grant y Ezquerra, claro.

Roger
Roger
9 meses han pasado desde que se escribió esto

Akira era muy impactante a nivel visual, pero a nivel de guión fallaba un poco, todo era demasiado vago y ominoso, y no se explicaban cosas que deberían ser básicas.

Jesús Manuel Martínez Otero
Jesús Manuel Martínez Otero
9 meses han pasado desde que se escribió esto

Atmósfera cero (Outland) de Jim Steranko!

Zatannasay
Zatannasay
9 meses han pasado desde que se escribió esto

Cyberpunk. Me acuerdo de como, con la llegada del anime usaron en exceso ese latiguillo.
Alita, Ghost in the shell, Baoh, Bubblegum Crisis, Roujin, Dominion Tank Police y mil más.

Se puso de moda ese concepto aparte de por la estética, como una manera de dar a entender que lo que te ofrecían era un entretenimiento más cultureta, más para adultos.
Mi tía, a la que debo buena parte de mi cultura cinematográfica, fue a ver Blade Runner dos veces al cine. La primera vez por Harrison Ford; y la segunda, por que se dió cuenta de que la película era mucho más de lo que creía que iba a ver y precisaba un segundo visionado con otros ojos. Ese era el concepto al que se aferraban.

Peter Punk lo tenía claro.
El punk es una actitud macarril. Pero no puede crear un futuro. Los punk no son creadores, son escarniadores de la sociedad.

Reivindico Techno Police 21C, que era un anime ciberpunk antes del concepto. El mejor personaje era el tanque al que tenían que parar; ejemplo de como un objeto que no habla es más carismático y tiene más personalidad que todos los demás.

Last edited 9 meses han pasado desde que se escribió esto by Zatannasay
winter
winter
9 meses han pasado desde que se escribió esto
Responde a  Zatannasay

«El punk es una actitud macarril. Pero no puede crear un futuro. Los punk no son creadores, son escarniadores de la sociedad»
eso está para enmarcar, y enseñarsela a los punks, claro

Zatannasay
Zatannasay
9 meses han pasado desde que se escribió esto
Responde a  winter

Muchas gracias por el halago.

Las dos grandes reflexiones que encontré sobre el punk en el cómic me hicieron darme cuenta de muchas cosas.

Concretamente una de las «Cosas de la vida» de Lauzier; trata de un chaval de familia rica que va de Punky. Este tiene un disgusto al descubrir que la criada de la casa le ha remendado los rotos del chaquetón. La familia le trata todo sonriente, riéndoles las gracias y su opción estética a él y a sus colegas.
Salen a la calle y se preguntan : «¿Si no conseguimos provocarles ni obtener repulsa, acaso no estamos fortaleciendo al capitalismo?»

Pues Constantine viene a decir en el especial con Talbot; que el capitalismo fagocitó comercialmente al punk.
Como el movimiento kawai en japón; que era otra rebeldía, y ahora la mercadotecnia japonesa gira en torno al concepto.

winter
winter
9 meses han pasado desde que se escribió esto
Responde a  Zatannasay

Cierto, es impresionante como el capitalismo fagocita todo: el hip-hop, el grunge y hasta el cine de horror, y ahora vivimos en un loop permanente de revivals y nostalgias de décadas anteriores, mientras los ultras y los fascistas florecen por todos lados. Justo de lo que escribió Mark Fisher.

Khonshu
Khonshu
9 meses han pasado desde que se escribió esto

Yo creo que el cómic Marvel al que realmente remite Robocop es a ROM. De hecho, Robocop viene a ser una mezcla entre Rom y Juez Dredd. En la escena en que el ladrón va a atracar la tienda salen varios tebeos y llama la atención el que entre la selección estén Visión & the Scarlet Witch, Blade Runner, varios números de ROM (uno de ellos colocado el primero de todos, destacando bastante). El atracador agarra precisamente un número de Iron-Man (justo el que Diógenes va a reseñar próximamente por lo de Frank Miller, curiosidades de la vida) y el guionista ha reconocido que esto fue intencionado. Que él indicó que debía ser ése tebeo en concreto.

Lord_Pengallan
9 meses han pasado desde que se escribió esto
Responde a  Khonshu

Qué nº de Iron Man es? Coño, mespero.

Last edited 9 meses han pasado desde que se escribió esto by Lord_Pengallan
Khonshu
Khonshu
9 meses han pasado desde que se escribió esto

A esta relación entre Rom y Robocop Peter David dedicó un guiño en su Hulk: Están Rick y Quatermain en un autocine viendo la escena final de Robocop, con Peter weller mirando a pantalla y proclamando que le llamen «Murphy» y Rick comenta que a su ex compañero, el galadoriano, le habría encantado la película.