Y si ayer hablábamos del Miguel Gallardo del presente, hoy quiero echar la vista atrás para recordar al del pasado, a aquel autor gamberro y provocador que junto con con Juanito Mediavilla reinaron en el cómic underground español de los setenta y ochenta y que basándose en un relato de Felipe Borrallo crearon a un personaje, Makoki, y a un plantel de secundarios que han pasado a la historia del cómic patrio. Unos personajes que en 1981 protagonizaron en el Víbora una historia de la que llevaba mucho tiempo escuchando hablar pero que hasta ahora no había podido leer, Fuga en la Modelo, donde estos desgraciados protagonizaron una delirante aventura que décadas después aun sigue manteniendo su encanto.

Aunque el titulo y la portada son algo engañosos ya que Makoki apenas sale aquí

El Emo, el Cuco y el Niñato se han bajado al moro para hacer el negocio de sus vidas, comprar varios kilos de hachís para revenderlo en España y forrarse, pero antes incluso de poder cruzar la frontera se verán envueltos en un sinfín de desgracias que les harán ir perdiendo parte de su droga, de su paciencia y de la poca cordura y salud que les queda. Una desmadrada odisea en la que arrastraran en su camino a todos y todo lo que se cruce en su camino y que les llevara a protagonizar un trastornadisimo intento de fuga de la Cárcel Modelo de Barcelona.

Como se suele decir, todo viaje comienza con un simple paso…

Como decía ayer, yo en su día me perdí todo esto del cómic underground (tanto el nacional como el de fuera), por lo que con este cómic he descubierto todo un nuevo mundo que no esta nada mal. Quizás lo que mas curioso que me ha resultado de este Fuga en la Modelo ha sido el descubrir en esta historia una extraña mezcla, no se si intencionada o no por parte de sus autores, entre el cine de Berlanga y el cine quinqui, con unos “piltrafillas de la vida” como llaman en el prologo a estos personajes sin una sola cualidad que les redima, protagonizando una divertida historia de enredos propia de la Escopeta Nacional (y quizás también con alguna influencia que otra de Bruguera y Martínez el Facha)

Las persecuciones alocadas parecen un clásico del cómic español

Aunque claro, lo mas chocante ha sido encontrarme con el Miguel Gallardo de los primeros ochenta tras haberle descubierto en su faceta actual de autor maduro, autobiográfico y costumbrista. Aunque este ultimo aspecto, el del costumbrismo, parece que ya lo cultivaban a su manera tanto el como Mediavilla en aquella época, ya que por lo que se cuenta en el prologo estos personajes tan desagradables estaban inspirados en mayor y menor medida en personas reales que Gallardo y Mediavilla conocieron en la Barcelona de la época.

Definitivamente estos personajes no son modelos a seguir

Pero el mayor contraste lo encontramos en su dibujo, ya que si el Gallardo actual ha prescindido de toda clase de artificios y desechado todo lo que “sobra” en el dibujo para volcarse en la simplicidad mas absoluta (un poco en la linea de lo que en su día, y salvando las enormes distancias, hicieron autores como Hugo Pratt o Alex Toth aunque con un resultado y sentido estético radicalmente diferente) el Gallardo de los 80 era todo lo contrario, recargado hasta el exceso y con un estilo caricaturesco a medio camino entre la escuela Bruguera y el Jueves.

La simplicidad no caracterizaba el dibujo de Gallardo por aquel entonces

En cuanto a la historia en si no tenia claro que me iba a encontrar, temía que un cómic tan hijo de su época no hubiese envejecido bien, pero aparte de encontrarme con una jerga a ratos un poco difícil de comprender (demos gracias al glosario de términos del final del tomo) y alguna referencia que otra un tanto oscura, no puedo negar que me he divertido muchísimo con esta comedia de enredos a ratos desagradable (en ocasiones MUY desagradable) y a ratos hilarante, tanto como para plantearme que igual voy a tener que seguir haciendo arqueología comiquera en ese rincón del cómic español en el que nunca me había dado por escarbar.

Y esto no es lo mas desagradable que podemos encontrar aquí

Pero aunque me lo haya pasado muy bien con este Fuga en la Modelo no se si atreverme a recomendarlo, ya que tiene un humor muy particular que no creo que sea del gusto de todos, pero aunque solo sea por lo que debió significar en su momento creo que vale la pena echarle un ojo. Yo por mi parte creo que voy a zambullirme de lleno en ese Makoki que aquí protagoniza poco mas que un cameo y descubrir no solo los orígenes de esta panda de energúmenos, sino descubrir que mas me perdí de aquella época (¿se puede tener nostalgia ochentera de un rincón de los ochenta que jamas conocí?) que a saber que otras cosas me habré estado perdiendo estos años.

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