Incluso tras haberlo convertido en villano, matarlo vilmente y resucitarlo como el nuevo Espectro, Hal Jordan siguió asomando la cabeza de vez en cuando aquí y allá antes de recuperar su gloria perdida como buena prueba de que los grandes personajes nunca mueren del todo. Una de esas ocasiones fue en una novela gráfica en la que el talento de dos enormes autores como J.M De Matteis y el tristemente malogrado Seth Fisher dio nacimiento a una de las historias mas delirantes, desquiciada y visualmente espectacular que Hal Jordan protagonizo jamas, una historia que hoy vamos a recordar aquí, Willworld.

Así debía ser la cabeza de Seth Fisher a juzgar por lo que era capaz de dibujar

Hal Jordan se ha despertado en la extraña y misteriosa tierra de Odd sin saber que lugar es ese, como ha llegado hasta allí y para aumentar su confusión ni siquiera es capaz de recordar quien es… Pero aunque todo lo que le rodea es completamente desconocido y no sabe nada de si mismo, Hal es incapaz de ignorar las injusticias que se están cometiendo ante sus ojos y sabe que no puede escapar de ese lugar sin ayudar a quienes no pueden ayudarse a si mismos, haciendo que todos aquellos que adoren el poder del mal tiemblen ante su poder… Una misión para la que no tendrá memoria, pero si fuerza de voluntad de sobra.

Hal definitivamente no esta en Kansas

Green Lantern Willworld es un cómic extraño, no simplemente en el sentido obvio que salta a la vista de un primer vistazo, sino porque sin ser un mal cómic, es uno en el que todo esta al servicio del dibujante. Porque pese a que la historia de De Matteis es interesante, contiene las claves habituales en los trabajos menos humorísticos del escritor como el sentido de la identidad (y todo cobra muchísimo sentido una vez se llega al final de la misma) en el fondo esta historia es poco mas que una anécdota que sirve como vehículo al servicio del inmenso talento que poseía Seth Fisher. Algo que literalmente es así, ya que la idea original era del propio Fisher y el trabajo de De Matteis fue el de pulir y darle coherencia a la misma, un trabajo para el que el veterano escritor demostró estar mas que capacitado.

Hal no sabia quien era pero si lo que era

Y aunque habitualmente soy de esos que detestan el disfrutar de un cómic solo por el dibujo, no puedo negar que en este caso eso me importa poco, porque visualmente este es uno de los cómics mas desquiciadamente ricos, fascinante y estéticamente atractivo que me he encontrado en todos mis años como lector. Una admiración que se vuelve agridulce al recordar como Fisher falleció en un trágico accidente en 2006 cuando contaba con tan solo treinta y tres años de edad, dejándonos (diciéndolo con todo el egoísmo del mundo) sin el que podría haber sido uno de los mayores talentos de las ultimas décadas y sin poder saber jamas a que nuevas cotas de calidad hubiera sido capaz de llegar.

No creo que nunca volvamos a ver a Hal Jordan recitar su juramento de una forma tan especial

Cada pagina de este cómic es una pequeña obra de arte en la que podemos perdernos recreándonos en cada uno de la ingente multitud de pequeños detalles que pueblan cada viñeta y que no eran simple relleno, sino que contribuían a enriquecer aun mas si cabe la historia que estaba narrando. Un cómic que acaba siendo todo un testamento no solo sobre la prodigiosa y delirante imaginación que poseía Seth Fisher, sino de que poseía a su vez un talento desbordante para plasmar sobre el papel todo ese mundo de locura que poblaba su cabeza, algo que hace que su perdida resulte aun mas trágica.

Se le echa mucho de menos

Tristemente Seth Fisher no tuvo tiempo para dejar detrás un legado de obras muy extenso, pero lo poco que nos dejo, como este Green Lantern: Willworld que hoy nos ha ocupado, se aseguraran que sea difícil olvidarle. Un cómic que dejando a un lado el impresionante apartado artístico, nos ofrece una divertida historia que a su peculiar manera recordaba a los lectores (en una época en la que aun no había resucitado) lo que hacia grande a Hal Jordan, y que ademas siempre es un placer leer a un grande como J. M De Matteis, por lo que quienes aun no hayan tenido el placer de disfrutar de este gran cómic ya están tardando en hacerlo.

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