Cuando a finales de 1989 Starlin llegó a Silver Surfer, Ron Lim ya estaba allí. Había dibujado los últimos números de la etapa de Steve Englehart -de la que un día tendríamos que hablar, que cualquier cosa que hagan él y Marshall Rogers merece mucho la pena- y siguió con la llegada de Starlin, llegando a convertirse en el dibujante habitual de la mayor parte del trabajo de Starlin en aquellos tiempos, desde Estela Plateada hasta la trilogía del infinito. Y sí, es peor de lo que lo recordaba. Pero estábamos hablando de Thanos…

Ron Lim, el Jim Lee de Hacendado.

Tu te lees el número 34 de Silver Surfer y te lo imaginas dibujado por Jim Starlin -¡o Al Milgrom!- y se te rompe el corazón. Porque el guión del cómic pide a gritos composiciones locas, tener una imaginación a lo Ditko o el ya mencionado Rogers. Lim siempre cubre el expediente de la manera más rápida, cumpliendo a ratos los mínimos y aunque imagino que el hombre debía de andar con prisa o yo que sé -sí, tiene trabajos mejores- es triste que el regreso de Starlin y Thanos a Marvel tenga un resultado final tan discreto; en una historia que parece salida de los viajes de ácido setentero, Estela Plateada llega a un planeta deshabitado y se queda dormido -sí, yo tampoco sabía que los heraldos de Galactus dormían-. Y estando allí tiene un sueño en que al más puro estilo Dante Alighieri se ve trasladado al más allá, entrando en el reino de La Muerte y descubriendo que está a punto de tratar de corregir un “desequilibrio severo en el universo” con la resurrección de Thanos. Y cuando Norrin Rad despierta, se encuentra con este fulano:

¡Que no, que no es Darkseid subido en la silla de Metron!

En el siguiente número Thanos viene a detallarle a Estela el plan de la Muerte: en el universo hay demasiada gente y eso está provocando un desequilibrio ecológico que agota los recursos y amenaza con la extinción de toda vida en el universo. La Muerte quiere muertos, sí, pero quiere tener un suministro continuado y no pan para hoy y hambre para mañana, con lo que ha resucitado a Thanos para que se encargue del asunto y él ha decidido que lo mejor que puede hacer después de resucitar es vacilarle a Estela Plateada, el tipo que en ausencia de Mar-Vell y Adam Warlock tiene todos los puntos de suponer el principal obstáculo en su tarea.

Y lo peor es que el surfero este se lo cree. Anda que no es tonto ni ná el condenao…

La cuestión es que después de meterle miedo a Estela y forzarlo a pasearse por medio universo en su búsqueda -y avisando de paso a los Vengadores de su resurrección- en el número 38 Thanos se enfrenta otra vez a Silver Surfer y finge su propia muerte para quitárselo de encima, lo cual no tiene mucho sentido en un tipo que supuestamente es tela de inteligente, pero supongo que el hombre según resucitó estaba ansioso por putear al personal y luego cambió de opinión. Así que mientras Estela anda un pelín liado en sus cosas, Thanos recibe su propia miniserie prestigio -The Thanos Quest- y se pone a buscar unas cositas llamadas “gemas del infinito”, porque durante su muerte ha descubierto que valen para mucho más que robar almas o destruir una estrella…

Sí, en aquellos tiempos las gemas del infinito eran todas del mismo color, con lo que te podían dar gato por liebre y ponerte la del alma en vez de la del tiempo o algo peor.

Los dos volúmenes de los que consta la serie vienen a ser un chorreo de Thanos a costa de los Arcanos del Universo, con lo que vemos como el Titán apaliza a gente como El Gran Maestro, el Corredor, el Campeón y demás con la excusa de arrebatarles las gemas del infinito. Para cuando acaba la serie y te han dejado claro lo muchísimo que requetemola Thanos -yo admito que en su día me lo creí a pies juntillas, hoy en día soy bastante más escéptico- el muy cabrón ya las tiene todas y se las adosa a uno de sus guantes, convirtiéndose en un dios todopoderoso que vuelve triunfal a los dominos de la Muerte para decirle que ya está a la altura de ella, que la ama y que quiere gobernarlo todo a su lado. La Muerte -que como siempre pasa de hablar con el- le dice a través de uno de sus esbirros que Thanos se ha salido tanto en la escala de poder que ahora es ella la que está por debajo suyo, y que no se considera digna de un ser celestial tan incomparable. Y Thanos vuelve a echar una lagrimita, porque la vida es una mierda y luego te mueres y ni por esas echas un polvo con doña esqueleto. Creo que a estas alturas de la película está claro que el problema principal de Thanos está en el hecho de no darse cuenta de que cuando alguien te dice que no es no, ¡pero que sabré yo, que vivo debajo de un puente!

Thanos, otra víctima más de un machismo tóxico que ve a las mujeres como un trofeo a conseguir, ignorando por completo que las entidades cósmicas también tienen voluntad propia. Ah, y también es un llorón.

El caso es Thanos vuelve a ver a Estela en Silver Surfer 44 y le pega la paliza de su vida -a él y a Drax, que está todo pesado con que tiene que matar a Thanos- haciéndole un fatality al más puro estilo Adam Warlock y absorbiendo su alma con la gema ídem. Una vez hecho esto, el Ser Más Superior Que La Muerte aprovecha sus nuevos poderes para hacerse amigo de Mefisto, resucitar a Nebula para poder torturarla a placer y, en general, disfrutar de su omnipotencia. Pero mientras tanto y ajenos a toda la que sigue armando Thanos, Drax y Estela despiertan dentro de la gema alma y conocen a Adam Warlock, que lleva allí encerrado desde los 70 y se ha vuelto más hippy todavía. Y una vez llegados a este punto, Starlin se cansa de Estela Plateada y la serie se convierte en el show de Adam Warlock y Thanos, porque el pobre Norrin Radd poca cosa hace más allá de recibir palos mientras Thanos le chulea hasta al mismísimo Galactus y Adam Warlock pone cara seria y dice que la va a liar, que se va a enterar el Thanos ese y que aquí está su pelazo. Y así empieza el Guantelete del Infinito.

La primera viñeta es toda una clase de composición, observad la maestría con la que Ron Lim consigue dejarnos completamente bizcos.

Lo importante del Estela Plateada de Starlin es que nos muestra por primera vez al Thanos protagonista, y lo es más por el hecho de que a Starlin le cuesta mucho hacer suyo a Estela que porque el autor tuviera esa idea en mente. Una vez Starlin tiene sobre el tablero a Warlock y Thanos se deshace de la serie de Estela sin ningún complejo, poniéndose a trabajar en el Guantelete del Infinito -que supongo que todos habréis leído ya- y configurando al personaje que todos conocemos y que será el gran antagonista de esa película que se estrena esta semana de la que nadie ha oido hablar. Por eso yo creo que Thanos no es un gran villano, porque es el típico personaje que es bueno a costa de apalizar a otros -The Thanos Quest es un ejemplo de libro- y lo que creo que lo hizo realmente grande fue ese periodo entre los 70 y 80 en los que se le divinizó. Eso sí, que nadie se lleve a equivocaciones, a mi me encanta el Warlock de Starlin pese a ser consciente de todos sus problemas. Disfruto con Thanos como el que más, pero el hecho de que su conflicto principal sea el pagafanteo con la Muerte hace que pierda muchos puntos a mis ojos.

Anda que no es tonto el chaval, ¡que tienes ya una edad para ser tan niñato, copón!

El Guantelete del Infinito fue el último gran crossover de Marvel antes de la era oscura de los 90, y aunque sus secuelas La Guerra del Infinito y La Cruzada del Infinito son un tanto peores -el que aguantes a Ron Lim durante todo el crossover y no solo durante los primeros números no ayuda en absoluto- mantuvieron al personaje en el candelero durante la primera mitad de la década de los 90 e hicieron algo que a Starlin no creo que acabara de gustarle: lo dejó disponible para otros autores. Pero de eso que hable M’Rabo, que yo ya he hablado bastante…

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