1983 fue un año funesto para la historia del videojuego en EEUU. En aquel año se consolidó la caida de Atari tras su venta a una Time Warner que no tenía ni la menor idea de como llevar una empresa de videojuegos y el público en general llegó a la conclusión de que eran una moda pasajera, que su tiempo ya había pasado. El llamado crack de los videojuegos no afectaría solo a las desarrolladoras y vendedoras de consolas, si no también al reducido número de publicaciones sobre el medio que empezaban a aparecer por los kioskos. Una de esas revistas tuvo el tremendo desacierto de empezar a publicarse y cancelarse justo en el año del crack, en 1983. Su nombre era Blip Magazine y la editaba Marvel Comics…

¡Spiderman jugando a Spiderman, el locurón!

La prensa del videojuego ya llevaba unos diez años existiendo como tal desde la creación de la revista Play Meter, pero aun así Blip y sus contemporáneas siguen pareciéndonos tremendamente arcaicas para los lectores de hoy en día. Hay que tener en cuenta que el mercado en aquel momento estaba más orientado a recreativas que a consolas u ordenadores, con lo que los artículos que nos encontramos nos hablan de estrategias a seguir para pasarnos el PacMan o Donkey Kong. Lo que es peor, el artículo de portada del primer número nos habla de los videojuegos a los que juegan “las estrellas de la tele”, estrellas que en su mayor parte no son conocidas hoy en día con la excepción de Nicholas Hammond -el primer Spiderman de TV- y un tal Bruce Boxleitner, que por aquel entonces ya había protagonizado Tron y al que todavía le quedaban quince años para encarnar al Sheridan de Babylon 5. Boxleitner y sus compañeros de profesión hablan de lo fascinantísimos que son videojuegos como PacMan, Asteroids, Missile Command, Zaxxon, Space Invaders y demás, y de lo maravilloso que es sumergirse en ellos. Una de esas estrellas -y digo una porque no es un mito, las chicas ya jugaban a videojuegos en 1983, hijos de puta- llega a decir que “probablemente jamás llegue a encontrar a un juego equiparable a Space Invaders”. ¡Pues espera a ver el Gradius, Darius, Starfox, X-Wing y hasta el jodido Elite, lo vas a flipar!

¡Jugar a videojuegos es normal, te lo dicen las estrellas de la tele!

Otra de las secciones que nos pueden chocar hoy en día en Hall of Fame, en la que se hablaba de las puntuaciones máximas que habían alcanzado los jugadores de Donkey Kong, Qix, Defender, Bosconian y demás juegos de la época. Ese fetichismo extraño podría decirse que venía a ser un precedente de los actuales deportes electrónicos, pero uno no deja de imaginarse a los críos de la época todos locos enganchados al Ms Pac-Man a ver si sacan los 130.000 puntos. Y pensar que hoy en día te cuesta muchísimo encontrar un videojuego con puntuaciones…

¿Nintendo? ¿Licencia? ¿Qué es eso?

Pero creo que lo mejor de todo el primer número de Blip Magazine está en la sección de noticias -News Blips- en la que encontramos una titulada “A pip of a chip” que nos cuenta que hay un nuevo chip de ordenador en el mercado que posibilitaría que añadieras funciones a un juego que no son exactamente lo que quieres. El chip -cuyo nombre no nos da en ningún momento- por lo visto lo ha fabricó una compañía de California y aceptaría la información que programaras en el chip. Y esa infornación se quedaría grabada para siempre aunque apagaras el ordenador. La noticia trata de convencernos de lo utilísimo que sería el chip explicándonos el caso hipotético de que jugáramos un juego de unos enemigos alienígenas cuyo número te gustaría reducir pero aumentar su velocidad de ataque; con el nuevo superchip podrías hacer esas modificaciones para siempre, con lo que todos los jugadores se convertirían algún día en programadores. Si, yo también estoy convencido de que el redactor no ha entendido una puta mierda, porque por la época ya existían los discos duros y hasta las pilas salvapartidas. Pero vaya, que en otros números también se habla de una compañía de Los Ángeles llamada Sega haciendo “videodiscos” e incluso vemos noticias que poco o nada tienen que ver con los videojuegos como que Cadillac va a meter un ordenador en sus coches que posibilitará conectarse con un satélite que envía mapas; la propia noticia reconoce que esto poco o nada les interesará a los críos que leen Blip, pero que Ford va a meter una Intellivision en el asiento de atrás de sus coches. Vamos, que el redactor quiso darse un paseo por una feria de automóviles y cobrar dietas de empresa…

Lo más triste de la revista es que las únicas screenshots de los juegos que tenían eran las promocionales de los fabricantes, y todas estaban “embellecidas” de mejor o peor manera.

Cuando miramos los créditos de Blip Magazine vemos como los únicos nombres que nos suenan son los de Jim Galton, Mike Hobson y el mismísimo Stan Lee. El resto son trabajadores de lo que en aquellos tiempos era “el piso de arriba”, Marvel Magazine Management, aquella reliquia de los tiempos en los que Goodman quería que Marvel fuera una editorial de revistas. Y aunque es cierto que entre las páginas del primer número nos encontramos un cómic de Donkey Kong guionizado por Steve Grant y Bob Camp -que por aquella época trabajó en algunas series de Marvel antes de ser uno de los cocreadores de Ren & Stimpy- para cuya realización me parece que Marvel no pidió los derechos a Nintendo, y que para cuyo segundo número tenemos una historia del videojuego de Spiderman dibujada por el mismísimo John Romita, lo cierto es que poco o nada tiene que ver esta revista con la marvel de los cómics.

Esta joya la tenía que poner entera por sus documentos gráficos y, sobre todo, por Stan Lee.

Blip Magazine desaparecería del mercado en el verano del mismo año que la vió nacer, más o menos por la misma época en la que Atari enterraba todos sus cartuchos de ET en el desierto de Nuevo México. Para los críos de la época los videojuegos tardarían una eternidad en volver a estar en auge gracias a -entre otros muchos- un tal Joe Quesada, pero para entonces Marvel ya estaría a otras cosas y Blip Magazine sería sólo una anécdota en la historia de la editorial, significando uno de tantos fracasos de una sección de revistas que para entonces ya sólo era una reliquia de los tiempos en los que Martin Goodman soñaba con tener un imperio editorial capaz de hacerle la competencia a la revista Time. En cualquier caso y si os interesa seguir navegando en el apasionante mundo de Blip, estáis de suerte porque tenéis todos los números disponibles aquí. Y poco más que decir, que todavía tengo que salir a buscar a M’Rabo a ver si no se escaquea con el post de mañana…

¡Sí, en 1983 ya existía la guerra de ordenadores contra consolas!
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