Hay que decir que El Despertar de la Fuerza llegó cuando veníamos de la guerra, y volver a casa después de mucho tiempo es agradable. Explotar la nostalgia del espectador es algo que hace mucho el cine de hoy en día, y probablemente sea la única forma que tenga Disney de vendernos que su Guerra de las Galaxias “Lucas-lite” es más Star Wars que las precuelas. Los Últimos Jedi toma el estudio sobre la nostalgia que se entreveía en su antecesora y lo pone en el centro de la trama, siendo en muchas ocasiones el verdadero motor de los personajes. Pero sí, mejor cortamos esto y vamos con los spoilers, porque a estas alturas no creo que haga falta decir si hay que ir a verla o no, que al final todos vais a hacerlo…

Se pongan como se pongan, esta película va sobre Luke Skywalker.

Si el cargarse a Han Solo no había sido lo suficientemente duro, con Los Últimos Jedi Rian Johnson directamente ha querido matarme a mí. Entendámonos, para los que nos hemos criado con la trilogía Han nos podía parecer un ser humano -tremendamente patoso y con demasiada suerte- pero Luke Skywalker ya era otra cosa, ya era Superman, el Superman que decía de aquello de “siempre hay otra forma”, el que no se rinde. Luke Skywalker daría la vida por los demás, pero nunca lo hace porque siempre encuentra la forma de salvar el pellejo hasta en la más humillante de las derrotas (y aunque pierda una mano). Porque si Han seguía siendo Han, Luke está bastante cambiado en esta película, y es que hablamos de un personaje hundido por la culpa de un error que en realidad no fue tal, si no un momento de duda que se le salió de madre. Un malentendido que lo introdujo en la espiral autodestructiva de retirarse a vivir en el culo del universo y darle la espalda al resto de la galaxia, a pesar de dejar un mapa para que lo busque todo el mundo en caso de necesidad. Da la sensación de que Luke no fue a la isla para morir, si no para tratar de superar lo que le pasó… Y no lo consiguió. Y eso no parece algo que haga Superman (el de Kingdom Come sí, de Snyder prefiero no saberlo) pero sí es algo que hizo Yoda. Porque Luke Skywalker en esta película es Yoda.

Acaparan tanto esta trilogía que van a tener que darle su propia trilogía a Rey, Finn y Poe.

Pero no os llevéis al engaño en que muchos han caido de pensar que esta película es mala, simplemente es distinta al resto de la serie. Y aunque si empezamos a diseccionarla vemos una curiosa mezcla entre El Imperio Contraataca y un poco de El Retorno del Jedi (eso sí, los porgs no son ewoks y apenas salen) hay que reconocerle la audacia de querer ir más allá de lo superficial y tratar de contar su propia historia, una historia que perfectamente podía haber contado con un montaje más parecido a las anteriores -con una narración más convencional y usando al menos las cortinillas de Lucas, pero ni eso- y que hasta parece contradecir directamente a su antecesora hasta en lo mínimo, cambiando la cicatriz de Kylo Ren y despreciando algunas de las tramas de esta película como el misterio de Snoke u olvidándose de los famosos Caballeros de Ren. Pero, ¿realmente importaba todo esto? ¿Que sabíamos de los Sith o del Emperador en la trilogía original, y aun así eran nombres que iban flotando por películas y Universo Expandido sin que realmente supiéramos nada de ellos hasta la llegada de las precuelas? ¿No era parte del encanto de la época entre el Retorno del Jedi y La Amenaza Fantasma lo poco que realmente sabíamos de la galaxia en la que se desenvolvía la historia? ¿No nos quejábamos todos de lo pequeña que se había vuelto esa galaxia?

Pues ná, que nos quedamos sin saber quién era Snoke.

Recordemos la primera aparición de Yoda y comparémosla a la que tiene en esta película, ¿cuando dejó ese personaje de ser imprevisible? ¿Cuando perdió el encanto de ir de lo cómico a lo solemne? Y es que aquí vuelve el Yoda muñecote de Dagobah, aquel que se pegaba con R2 por una miserable linterna mientras le daba a Luke la lección de su vida al demostrarle que no hay que buscar la gloria ni aventuras; cosa que vuelven a aprender Poe Dameron y hasta cierto punto Finn en subtramas que si bien no son el centro de la historia y hasta cierto punto sobran, humanizan a los personajes y los hacen crecer, dejando claro que el camino de buenas intenciones que lleva al infierno siempre está muy transitado; no lo olvidemos, Anakin tenía la mejor de las intenciones y Finn/Poe/Rose también, y no por ello dejaron de destruir lo que querían salvar por querer ser el héroe de su propia historia. Sin embargo, y volviendo al tema de la nostalgia, la gran lección de la película la aprende Kylo Ren en un eco perverso de lo que le decía Shmi Skywalker a su hijo en La Amenaza Fantasma: No podemos detener los cambios, hay que seguir adelante, no hay que mirar atrás. Kylo quiere destruir todo para dar paso a lo nuevo, y aunque nosotros como espectadores queríamos volver a ver a Luke, Leia y Han teniendo aventuras contra el Imperio, Disney sabe que tiene que destruirlos para que le hagamos caso a sus nuevos personajes; Matan a nuestros héroes para que hagamos las paces con lo viejo y dejemos paso a lo nuevo. Porque la nostalgia es mala… Y un cuerno.

¿Quitarse lo viejo? ¡Y un cuerno, que en seis meses ya tenemos de vuelta a Han Solo!

Porque lo más contradictorio de todo esto es que vemos como al final de la película Kylo Ren abraza esa filosofía a costa de Luke Skywalker, está dispuesto a matar todo lo que se le pase por delante -a su madre no, ¡maldita casualidad!- porque él es el “nuevo orden”. Ya no quiere ser Darth Vader, ya no quiere reinstaurar el Imperio Galáctico, ahora todo es nuevo y ya no quiere ni llevar su casco de mierda. Y paralelamente a esto en el bando de los buenos nos encontramos con un viaje completamente opuesto, Luke tiene que volver a ser Luke -a pesar de que Yoda le diga que tiene que buscar una nueva forma de hacer las cosas, al final de la película Luke vuelve para salvar el día- y hasta la Resistencia se rebautiza como Rebelión, con John Williams prescindiendo del tema de la Resistencia para devolverles el leitmotif rebelde de la trilogía original.

En esta nave cabe la rebelión entera. Palabrita del niño jezú.

Pero las controversias van por todos lados, y como siempre el personal se ha metido hasta con los chistes. Unos dicen que sobran, otros que no les hacen gracia… ¿Desde cuando La Guerra de las Galaxias no tiene humor? ¿Alguien se ha olvidado de la cara de Luke cuando Han le pregunta si tiene posibilidades con Leia? ¿De Yoda comiendo basura igual que Luke ordena bichos horrendos? Me gusta que Luke se haya convertido en el Yoda ermitaño, me gustan los chistes visuales, me gusta la conversación idiota entre Poe y Hux y en general me gusta ver ese mismo humor que tenía Han cuando tenía “tonterías de conversaciones”. Sin embargo -y esto es triste, pero hay que decirlo- duele ver como te recrean personajes de mejor o peor manera y te los matan para el final de la película, cuando en realidad las verdaderas estrellas de la película son ellos. Rey, Finn y Poe no dejan de ser los testigos del fin de una era, y aunque Disney se esfuerce mucho en decir que “ésta es su historia” no lo es, como decía antes esta trilogía ha quedado claro que es una etapa de transición entre lo viejo y lo nuevo. Es el fin de la era Lucas, es el adiós de Luke, Han y Leia, y a partir de aquí se acabaron los “headcanon” y las tonterías, Disney es la dueña de todo y ellos dictan qué es Star Wars.

En Disney saben que nos deben una trilogía intermedia de esta pandilla, los verdaderos episodios VII-IX que Lucas no hizo en su día.

Y lo que dictan es lo que se ve al final de The Last Jedi: Star Wars es la Rebelión, es el Imperio -se llame como se llame- y es los oprimidos levantándose contra los opresores. Que los jedi y los sith y esas zarandajas son fábulas que te pueden gustar más o menos, pero al final lo que buscaba Disney con esta trilogía es recuperar lo viejo y darle una mano de pintura, haciéndolo parecer lo suficientemente nuevo como para que puedan ir cambiando los actores y las historias pero el escenario permanezca siendo el mismo e igual de familiar para los espectadores. Cuando se dice que Disney ha “marvelizado” Star Wars, es porque ha llegado para instaurar la ilusión de cambio, con lo que espero que al final del Episodio IX Kylo Ren reciba su merecido -que otra cosa no, pero nuestro odio bien que se lo ha ganado el niñato- y la Primera Orden se convierta en un Imperio Galáctico liderado por… ¿Estáis seguros de que no había nadie detrás de Snoke? ¿Ha hecho Disney algo que no sea dejar claro que la galaxia “muy muy lejana” es muchísimo más grande de lo que parecía según el Universo Expandido?

Y estos dos merecían haber hecho mucho más cine juntos, maldita sea. ¡Y que les den el Oscar, que narices!

Llegados a este punto, pensaba acabar aquí el post y a otra cosa, pero supongo que a alguno no le habrá quedado claro si me gustó la película o no. Y sí, soy consciente de que tiene sus problemitas, sus bichos, sus incoherencias, sus personajes planos que vienen y van, sus dudas, sus suspensiones de la incredulidad al borde del abismo… Pero luego lo piensas, y éso era La Guerra de las Galaxias. Los Últimos Jedi ya no puede ser considerado un refrito, ya va más allá de lo que había ido cualquier película de la serie desde 1983, y nos devuelve a un tiempo en el que todo era posible y Luke se podía pasar al Lado Oscuro, Ben Kenobi podía ser su padre y el triángulo amorosa de Leia con sus amigos seguía activo. Y eso es una excelente noticia, por mucho que no nos podamos creer que Leia puede volar… Que de la “nueva fuerza” y demás ya hablaremos mañana largo y tendido, pero de entrada os digo que si alguien puede volar, esa es Carrie Fisher. Carrie Fisher hacía e iba a donde le daba la gana, y por eso siempre será la más grande.

¡Y ahora fuera de mi césped, que tengo que ordeñar un bicho muy feo!

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