Viene tarde este post, y de entrada tengo que decir que no soy un tipo imparcial a la hora de hablar del Castigador, porque tiendo a detestar el personaje. En un mundo en el que existen las películas de Charles Bronson, Frank Castle siempre se me ha hecho redundante, pero como M’Rabo últimamente está de un vago que asusta y lo único que hace es jugar al Overwatch, supongo que me toca a mí hablar del Punisher de Netflix. Vamos a ello.

Quesada últimamente sólo dibuja posters y portadas, se le va a olvidar esto de hacer tebeos.

El Frank Castle de Netflix hizo su primera aparición en la segunda temporada de Daredevil, y supuestamente al final de la misma el tipo ya había completado su origen y ahora se iba a dedicar a achicharrar criminales y darlos de comer a los cerdos. Pero cuando empieza su serie nos lo encontramos involucionado en su desarrollo, porque el Frank de John Bernthal parece que sólo buscaba vengarse por la muerte de su familia y una vez conseguido su objetivo nos hace un Spiderman y tira su traje a la basura. Se pone a trabajar como obrero de la construcción bajo un nombre falso y trata de dejar el pasado atrás, pero pronto empezará a experimentar una compulsión por matar, por destruir que lo atormenta constantemente, y justo cuando Frank empieza a cargarse criminales y parece que vamos a tener una serie del Castigador “al uso”, el showrunner Steve Lightfoot decide que vamos a volver al tema de la venganza y se descubre que la conspiración que mató a la familia de Frank es muchísimo más enrevesada y hay todavía mucha venganza que hacer. Y ya se sabe que la venganza es lo que tiene, que no se hace sola.

No, no es un fotograma de Manchester by the Sea.

Es curioso como este Castigador arranca haciendo un análisis sobre la adicción a la violencia de Frank y luego parece abandonarla, porque la trama principal de venganza se lo come todo y le tenemos trabajando con Microchip para conseguir que el hombre pueda volver con su familia. No tenemos aquella idea de los cómics de “Frank Castle está muerto, sólo queda el Castigador”, si no a un veterano de guerra con estrés postraumático que trata de recuperar a su familia a costa de “robársela” a Microchip, que ha fingido su muerte precisamente para que los malvados conspiranóicos no le hagan lo mismo que le hicieron a Frank. Así, vemos como Frank no va a casa de la familia de Micro exclusivamente “para ver que están bien”, si no para tener algo parecido a la normalidad que perdió cuando mataron a su familia. Pero no nos engañemos, la serie es consciente de que Frank no se volvió tarumba por el asesinato de su familia, si no que ya venía perjudicado de la guerra.

Se supone que ésta es la escena en la que “nace” el Castigador. No, no es gran cosa.

Así, nos encontramos a un Castigador que cuando tiene que ser violento se desahoga a gusto, pero nunca actua como el bulldozer irreal que se podía ver en los cómics, reventando pasillos gatling en mano con ojos del enajenado que es. Estamos ante una serie que mejora el nivel visto en Iron Fist, Defenders o Luke Cage, siendo mucho más reflexiva de lo que podríamos esperarnos del Castigador. Personajes como Microchip o la agente del FBI Madani están muy bien construidos y tienen sus propias guerras internas, pero para cuando llega el desenlace de la serie parecen más herramientas de la trama para que Frank siga un camino determinado que secundarios con su propio peso, aunque nunca llegando al nivel de irrelevancia de Karen Page, que en los ratos buenos parece estar sólo para decirnos que esto se ambienta en la Marvel de Netflix y en los ratos malos hasta ataca las leyes de control de armas. Porque vaya, la serie pone a los partidarios del control de armas bastante mal y hasta nos habla de lo necesario que es que la gente lleve una pistola en el bolso para defenderse. Jodidos yanquis taraos…

Pero me gusta más el Microchip de Netflix que el original, ¿eh?

Otro punto aparte se merece el final de la historia, con Microchip recibiendo su final feliz y la CIA y el FBI compinchándose para perdonarle todas sus culpas a Frank, “borrándolo del sistema” y todo eso. Vamos a ver, es El Castigador. El jodido Castigador, ¿que clase de final es este? Sabemos de sobra que si hay una segunda temporada, Frank estará otra vez tratando de vivir una vida “normal” y entonces le vendrá la compulsión de matar y… Oh vaya, ¡justo como el principio de esta primera temporada! ¡Al final va a resultar que toda la temporada ha sido irrelevante para el desarrollo del personaje, porque todo se queda como estaba! Mirad, no quiero ser cabrón porque al final la serie me ha gustado y me parece que está sólo por debajo de Daredevil y Jessica Jones, pero si algo tengo claro es que si alguien piensa que se va a perder algo de las otras series por no verla, que esté tranquilo. Punisher es su propio viaje, y aunque los fans del personaje se quejarán de que habla demasiado y mata poco, creo que es un “viaje en solitario” que merece la pena a pesar de todos sus fallos.

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