Normalmente en Brainstomping solemos mantenernos en nuestros temas porque, si ya se nos queja alguno de que hablemos de cine o videojuegos “cuando somos de cómic”, imagínate si habláramos de política o de zoología (que también lo hemos hecho en su día y no nos fue mal, ojo). Por eso se me hace raro hablar de sucesos, sobre todo siendo como soy un tipo que nunca lee la sección de sucesos porque me interesan más las causas que las consecuencias; pero a veces hay casos como el de Eddie Berganza que te obligan a hablar de ello, casos que no dejan de ser una consecuencia de una sociedad en la que hasta un encargado del McDonalds abusa de sus trabajadores. Porque no nos engañemos, lo de Berganza tiene una amplia tradición en todo tipo de ámbitos, lo clamoroso de este caso es el vergonzoso silencio que se estableció con el asunto. Pero, ya que estamos, permitidme que me retrotraiga un poco…

Allá por los 60, Mort Weisinger empleaba a menores de edad para escribir guiones y descargaba sus frustraciones con ellos. Una joyita.

Lo primero de todo es dejar claro que DC tiene un largo historial de abusos, pero ninguno de los que habían salido a la luz hasta ahora tenía carácter sexual. Todos tenemos en mente a tipejos miserables como Mort Weisinger que hicieron todo lo que pudieron para convertir la vida de sus compañeros de trabajo en un infierno, pero la llegada de la era Kahn y los Levitz, Berger y demás le dieron un lavado de cara a la editorial. Con esto no quiero decir que desaparecieran por completo los abusos -que se lo digan a Alan Moore- y hasta en aquella época dorada de los 80 la capacidad de DC a la hora de moverse para reconocer los propios errores rivalizaba en velocidad con un tiranosaurio de los de Harryhausen, pero de vez en cuando saltaban rumores y la estrategia habitual de DC era ignorarlos o barrerlos bajo la alfombra. Pero la aparición hace unos años de la historia de un editor que acosaba sexualmente a su personal era algo distinta, porque normalmente se hablaba de las filias y fobias de los editores, censuras a autores y demás, pero nunca de babosos de semejante calibre (aunque los había por todos lados, y si no que le pregunten a Colleen Doran). En el caso Berganza, el rumor apareció a finales de la década pasada y las víctimas callaban o eran acalladas mientras DC seguía la política estandar de mantener una ley de silencio absoluto, sin conseguir evitar que se siguieran conociendo más datos como “es un editor de Superman”, “lo han ascendido recientemente”, “en Bleeding Cool dicen que es Berganza”… Y de repente ya no es un rumor, y tu política de “los trapos se lavan en la cocina” -que ni siquiera se lavaban, ojo- deja claro que lo que has hecho hasta ahora es encubrir a un canalla.

Si os digo la verdad, creo que tengo que hablar de un Eddie prefiero hablar de Eddie Murphy.

Porque vamos a ver, aquí nos hemos pasado años diciendo lo mal que lo estaba haciendo DC a nivel creativo. Que no tenían un plan editorial claro, que iban cambiándolo todo sobre la marcha, que Scott Lobdell ha hecho esto o lo otro, que yo no leo nada de DC hasta que se hayan largado Lee, DiDio, Johns, Nelson y Harras… Pero lo peor que han hecho con diferencia es estar encubriendo a semejante miserable, haciendo que muchas burradas que dije en broma en su día me den ganas de decirlas en serio. Y es que jefes, curas y profesores que se creen que pueden hacer lo que quieran con la gente que “tienen por debajo” los hemos visto a montones, y lo último que quiero es ver eso en mis tebeos. Y hablando de tebeos, el todopoderoso Berganza tiene a su favor una etapa de Superman decente -la de Joe Kelly- que degeneró rápidamente con Loeb, el hacerse responsable del desastre de New 52 poniéndose justo por debajo de Bob Harras y el pasar a un discreto segundo plano con Rebirth. Y mientras tanto, de magrear, sobar y meterle la lengua en la boca a sus empleadas porque él era el editor de Superman y “grab them by the pussy”. Una joya el Eddie.

Eso sí, Superdetective en Hollywood me parece que está sobrevaloradísima; Límite 48 horas le da cien vueltas.

Pero lo que más jode de todo este asunto es la impotencia, el ser conscientes de que lo de Berganza era algo que se sabía a voces pero que ninguna web de comics quiso decir, que tuviera que pasar lo de Weinstein para que Buzzfeed se fijara en los abusos de Berganza como los de alguien “de la periferia de Hollywood”. Y ahora salen un millón de autores rasgándose las vestiduras, y fans haciendo lo mismo, y DC lo suspende después de haberse pasado años ascendiéndolo o degradándolo “a no trabajar con ninguna mujer”, como si Berganza sólo fuera un niño travieso que levanta las faldas de las niñas para llamar su atención y ese comportamiento no conllevara ese tipo de canalladas a otros niveles. Porque el abuso se basa en la falta de empatía (falta de humanidad diría yo), en el creerse impunes para hacer con los demás lo que les da la gana. Y el abuso puede ser verbal, de escamotearte pagas o el robarte tus propias creaciones, pero de todos los abusos uno de los peores -si no el peor- es el sexual. Y si Eddie Berganza estaba dispuesto a hacer esto último, que no habrá estado haciendo todo este tiempo…

¿Alguien se acuerda de que Bendis iba a trabajar con ese elemento?

Las empresas no están obligadas a una transparencia tan grande como la que se le pueda pedir a un gobierno, pero quieras que no ejercen como líderes de opinión como las que más. La gente se pone del lado de Apple, de Sony o de Microsoft igual que los lectores de cómic de superhéroes llevan años defendiendo espartanamente a Marvel o DC. Ese “complejo de hincha” hace que, con la llegada de internet, muchos debates sobre cómics o cine se hayan vuelto irrespirables, porque en muchas ocasiones hay más forofismo que análisis crítico. Que cuando se dice que fulano hace algo mal, las webs de noticias lo acallen porque “es que si no los fans se enfadan, y los de la editorial no me invitan a sus presentaciones y no me conceden entrevistas”. El caso de Eddie Berganza ha dejado en evidencia a tantas webs de noticias que se negaron a contar lo que estaba pasando, dejando que lo contara gente como Bleeding Cool -una web famosa por publicar cualquier cosa- o “insiders” que ya se habían labrado por su cuenta una reputación de acusar a cualquiera de cualquier cosa con tal de llamar la atención, con lo que la historia perdió credibilidad y no tuvo la repercusión que debía de haber tenido.

“¡Tengo rumores frescos! ¡Publicamos lo que haga falta, así de vez en cuando hasta acertamos!”

Y ahora me pregunto yo, ¿que web de cómics tenía que haber hecho una investigación a fondo, quién tenía que haber publicado esta noticia antes que Buzzfeed? ¿Qué medio tenía la capacidad de hacer que las mierdas de Berganza “fueran noticia” y forzaran a DC a tomar medidas de una vez? Pues parece que ninguno, parece que tanto en Marvel como en DC pueden abusar de cualquier trabajador/autor sin ningún complejo, que a nadie le importa hasta que sale en portada del New York Daily News. Ahora, tras lo de Weinstein, de repente si que es noticia hablar de los abusos -y me parece estupendo, oiga- pero lo lamentable es que nos tomen el pelo diciéndonos “es que en el mundo del cómic, es que en Hollywood…” (¡hola Brett Ratner, vete a masturbarte al baño de tu puta casa!), cuando ésto es algo que tenemos y vemos en todas partes y a todas horas. Y si no, se lo preguntáis a cualquier abogado laboralista o asistente social…

ACTUALIZACIÓN: DC despidió a Berganza esta noche pasada, después de que casi todo el mundo del cómic se les echara encima durante este fin de semana. En fin, que esta semana se estrenaba Justice League y no puede ser, y lo mismo DC hace como los antiguos egipcios y borra su nombre de todos lados. Que al final, fuera de que periodistas o enterados no hicieran su trabajo, el mayor culpable de que Berganza siguiera impune es su jefe, y cuando digo su jefe me refiero a DC Comics y no sólo a Bob Harras…

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