Tras analizar ayer una gran obra literaria hoy toca hacer lo mismo con el mundo del cine, para lo cual hemos escogido la que sin duda es la saga cinematográfica mas importante y reconocida del panorama fílmico europeo, Rojo, Blanco y Azul, la trilogía de los colores de Krzysztof Kieślowski. Tres películas, obras maestras por méritos mas que sobrados, que componen un intimista y patriótico retrato de la sociedad francesa de su época y a través de la cual su director consigue hacernos ver con otros ojos a nuestros vecinos del otro lado de los pirineos. Así que dispongámonos a olvidar todo lo que creíamos saber sobre el cine europeo para zambullirnos en tres películas que harán que no seamos los mismos tras su visionado.

Krzysztof Kieślowski y como amar a una patria que no es la tuya

Con Rojo, Blanco y Azul Kieślowski revolucionó el cine europeo, y me atrevería a decir que incluso el mundial, de una forma que hasta entonces nadie había sido capaz. Y es que pocos directores han sido capaces, o han tenido la osadía, de acercarse de esta manera tan descarnada, atrevida y al mismo tiempo tan intimista, a temáticas tan complejas como las tratadas en esta serie de películas, el amor, el deseo, la muerte y el patriotismo. Un tema este ultimo que pese a no ser nativo de Francia (creo) Kieślowski trato con un gusto y un ojo exquisito, confirmando aquello de que a veces hace falta un punto de vista externo para ver lo que siempre hemos tenido delante.

Pero el, discreto como pocos, esta mejor representado en una elegante escala de grises

Y con este espejo tricolor que Kieślowski puso ante sus compatriotas de adopción (y ante toda Europa), este prodigioso director fue capaz de reflejar todas las miserias y virtudes de una nación sin la cual seria imposible entender la historia del cine europeo o de la propia Europa. Un reflejo con el que Kieślowski no se ando con tapujos ni con medias tintas y mostró con todo el rigor (algunos dirían que incluso crueldad) la cruda realidad de una sociedad antaño orgullosa a la que Kieślowski metafóricamente desnudó (y también en la realidad, que esto es cine europeo, no la mojigateria del cine estadounidense)a lo largo de tres películas que son casi tres puñaladas en el vientre del espíritu de la nación francesa.

El rojo de la pasión tan característica del pueblo francés

Pero estas son unas películas que no hubiesen sido posible sin todos esos de exquisito talento que dieron vida al genio y a la prodigiosa imaginación de Kieślowski, y de entre ellos ellos quiero destacar el extraordinario trabajo de una de las mejores actrices que ha dado el cine, Juliette Binoche. Una actriz que detrás de esa fachada de belleza enigmática y delicada esconde a un monstruo de la interpretación que aquí nos deja con la mandíbula desencajada de admiración con su soberbia habilidad para transmitir todo el drama, la angustia y también el optimismo de uno de los personajes mas complejos y trágicos que me he encontrado jamas en una película y que en esencia es la propia Francia hecha persona.

El azul, color frío pero al mismo tiempo acogedor, como el talento de esta gran actriz

Sin duda estamos ante una de las obras cumbres del cine con mayúsculas, tres películas a cuya altura pocos cineastas han alcanzado a rozar, pero sobre todo tres películas que ningún cinefilo que se precie puede dejar de ver y experimentar con ellas una de esas experiencias que nos transforman de arriba a abajo como espectador y que provocaran que a partir de ese momento todo el cine que veamos tras esto palidezca en comparación. Nunca se le podrá pagar a Krzysztof Kieślowski la deuda contraída con el por esta increíble aportación a la cultura universal, pero lo menos que podemos hacer es divulgar su obra y conseguir con ello que todos aquellos que aun no han tenido la suerte de descubrir al mejor director que Europa ha dado al mundo, conozcan la obra de un genio como pocos han existido.

Y el blanco de la pureza que nos recuerda lo que podemos llegar a ser

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