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Nos ha dejado Sam Glanzman, uno de los últimos veteranos de la Edad de Oro de los comics

De nuevo la actualidad nos ha traído una de esas noticias que todos odiamos leer, la del fallecimiento del veteranísimo autor de cómics Sam Glanzman a los 92 años de edad. Con él se nos va un trocito de la historia del cómic, pero al menos nos queda el consuelo de que disfrutó de una larga vida y de una casi igualmente larga carrera en el cómic de la que pudimos disfrutar numerosas generaciones de lectores, desde la mismísima edad de oro hasta el presente. Por ello vamos a rendirle aquí un pequeño homenaje no para recordarle en su muerte, sino para celebrar su vida y su obra.

Adiós maestro

Pese a que los comienzos de la carrera de Sam Glanzman se remontan a la Edad de Oro de los cómics, yo como muchos lo descubrí bastante tarde en las paginas del Joe Kubert Presents (2012). Allí Kubert quiso dejarle un espacio a su viejo amigo Sam para que las nuevas generaciones descubriesen su trabajo de la mano de una de sus series mas queridas, “U.S.S. Stevens”. Aquella serie, que comenzó en 1970, narraba sus vivencias a bordo del buque de guerra del mismo nombre en el que sirvió durante la Segunda Guerra Mundial. De aquel pequeño segmento lo que sin duda más me sorprendió fue ver el gran talento que demostraba un Glanzman de 88 años en sus páginas, con un increíble nivel de detalle y su forma enseñar toda la crudeza de la guerra.

Como se suele decir, más vale tarde que nunca

Aunque no en vano hablamos de alguien que se dedicó al mundo del arte de una forma u otra (era pintor ademas de escritor y dibujante de cómics) durante casi ocho décadas. Y es que como muchos en su generación, Glanzman empezó en esto de los cómics a una edad muy temprana. A los quince años comenzó trabajando para Funnies Inc., una compañía que producía cómics por encargo para diversas editoriales -la futura Marvel entre ellas- saltando de allí a Centaur Publications y de esta Harvey Comics, editorial ésta ultima para la que creó (guion y dibujo) a Fly-Man, un superhéroe que probablemente tenga uno de los orígenes mas retorcidos de la historia del cómic (campeón de los pesos pesados de boxeo reducido a tamaño de insecto por su padre como parte de un experimento). Pero como para tantos de su generación, todo aquello cambió dramáticamente con la llegada de la Segunda Guera Mundial.

Antes del Comics Code los superheroes eran algo muy diferente

Glanzman sirvió en la marina a bordo del destructor U.S.S. Stevens desde 1942 hasta un año después del final de la guerra en 1946, y aunque las experiencias allí vividas le fueron enormemente valiosas para sus cómics bélicos, ésto tardo aun un poco en llegar. Tras el regreso a la vida civil Glanzman no tenia demasiadas ganas de volver al mundo del cómic debido a los bajos salarios, por lo que fue alternando trabajos entre los cuales siempre acababa volviendo al mundo artístico de una forma u otra, ya fuese dibujando cómics para Eastern Color o ilustrando libros infantiles.

Seguro que Glanzman nunca pensó que le sacaría tanto provecho, artisticamente hablando, a los años pasados a bordo de ese destructor

Pero el cariño por el medio era demasiado fuerte y en 1958 regreso a este en la Charlton, donde se especializó en historias de genero bélico para los diversos títulos de la editorial, destacando por la autenticidad de su trabajo. Un empleo que alternó con otras obras para Dell Comics en los que, aunque el cómic bélico fue su principal foco, tuvo tiempo para realizar cómics de aventuras o adaptaciones cinematográficas como la de “Voyage to the Bottom of the Sea”. Es ésta una época en la que destacan dos trabajos por méritos propios, empezando por “Hercules: Adventures of the Man-God ”, donde junto al guionista Joe Gill, Glanzman se dedicó a experimentar con su estilo dándonos buena muestra del gran talento que poseía.

Daba igual el tipo de proyecto o el genero, en todo destacaba

Pero quizás mas interesante fue el personaje que creó junto con el guionista Will Franz para las paginas del Fightin’ Army de la Charlton, donde en su numero 76 (de 1967) apareció la historia titulada “The Lonely War of Willy Schultz”. Allí nos contaban la historia de un soldado del ejército estadounidense y ascendencia alemana, que tras ser acusado falsamente del asesinato de su oficial al mando escapaba y se unía al ejercito alemán haciéndose pasar por uno de ellos mientras trataba de limpiar su nombre y volver a su hogar. Unas historias que se alejaban de lo que era la norma en el cómic bélico de la época con americanos muy buenos y un eje muy malvado.

Tanto supuso este cómic en su momento que mereció una reedición en solitario décadas mas tarde

Y ese talento para el cómic bélico no paso desapercibido para quien por aquel entonces era el editor del género en DC Comics, Joe Kubert. Allí Glanzman siguió haciendo lo que mejor se le daba y siguió curtiéndose en los títulos mas importantes de la casa para los cuales realizo muchas historias, entre otras la del Tanque Embrujado. Y fue precisamente en aquella época en DC donde comenzó a contar sus propias vivencias a bordo del U.S.S. Stevens en las paginas de “Our Army at War”. Pero tras dos décadas en DC, la linea de cómics bélicos estaba languideciendo y con ella el trabajo de Glanzman para la editorial, con lo que a mediados de los 80 dió el salto a Marvel para seguir haciendo lo que mejor se le daba hacer. De aquella época lo mas recordado sin duda son sus dos novelas gráficas publicadas bajo el titulo de “A Sailor’s Story” donde continuó narrando en primera persona sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial.

Y una vez sus años en la marina le sirvieron de inspiración

Pese a que tras aquello su ritmo de trabajo descendió, nunca dejó del todo de dibujar. Y así nos encontramos con su trabajo en Turok para Acclaim Comics o el Zorro para Topps Comics en la década de los 90 o incluso webcomics como “Apple Jack” y “The Eagle” para la ahora extinta http://www.comicstories.com en 2003. Y es que con la llegada del nuevo siglo Sam Glanzman vivio una suerte de segunda juventud, primero con la reedición por parte de del sello editorial “America’s Comic Group” de buena parte de sus trabajos para la Charlton, o más tarde su ya mencionada colaboración con su viejo amigo y editor Joe Kubert en Joe Kubert Presents. A esto hay que añadirle en tiempos mas recientes la encomiable labor de Dover Publications, que se ha dedicado a recuperar lo más importante de su obra como sus historias del U.S.S. Stevens, sus novelas gráficas para Marvel y su héroe prehistórico Attu, habiéndose sumado también a esta labor IDW con la reedición del western Red Range.

Ahora es mas fácil que nunca redescubrir su obra

Aunque siempre es triste perder a un autor que nos ha hecho disfrutar con su trabajo, en este caso es un poquito menos triste al tratarse de alguien que vivió una vida plena, que pudo dedicarse durante décadas a lo que mas le gustaba y que en sus últimos años de vida pudo disfrutar del cariño de una nueva generación de lectores que redescubrieron su trabajo. Celebremos pues una vida y un legado que se extiende a lo largo de casi ochenta años, y que hará que su nombre siga vivo cuando ninguno de nosotros siga por aquí. Y si alguien quiere y puede colaborar, la familia y amigos de Sam Glanzman están recaudando dinero para la publicación de un libro que sirva de homenaje a su vida y obra.

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2 Comentarios »

  1. Una lástima. Sus cómics eran especiales y sólidos. Abandera la siguiente generación del comic bélico tras la llegada de Joe Kubert como editor.

  2. Me gustaría destacar el hecho de que Glanzman era uno de esos dibujantes que a ratos parecía el eslabón perdido entre el Kubert de la edad dorada y el actual, siendo capaz de pasar del trazo áspero y hasta recargado para las escenas más crudas hasta la línea fina para otros momentos más costumbristas:

    Glanzman era uno de esos artistas que no redefinen un medio, pero que sí que lo enriquecen con su identidad propia y son necesarios para contrarrestar los excesos de las modas en ciertas épocas, enseñándoles a otros futuros autores que para el arte siempre hay un camino distinto a la norma. Descansa en paz, maestro.

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