Lo prometido es deuda y aquí está la reseña de las historias de complemento del primer especial del cruce entre Superman y Spiderman, el más reciente de los crossovers entre Marvel y DC. Unas historias que como en los especiales anteriores consisten en un batiburrillo de anécdotas que con mayor o menor fortuna juntan a diferentes personajes de ambas editoriales. Por lo que aunque en algunos casos es una auténtica lástima que estas pequeñas historias no tengan un mayor desarrollo, en otros no solo se agradece su corta duración, sino que acabamos lamentando que hayan gastado espacio en ellas. Pero pese a lo desigual de la oferta vamos a entrar en faena y ver qué nos encontramos aquí.

En la primera de las historias nos encontramos a Tom King y Jim Lee con el piloto automático puesto contándonos cómo Lois Lane y Mary Jane Watson se encuentran durante un enfrentamiento entre Superman y Spiderman contra un Centinela que pasaba por allí. Pero este no iba a por ellos, sino a por Gambito que también estaba por la zona (porque se ve que Lee quería dibujar a “su” personaje), y que acaba salvando el día porque en esta historia no hay ningún tipo de coherencia. La siguiente historia, a cargo de Cristopher Priest y Daniel Sampere, es realmente una curiosidad, ya que comienza con Spiderman encontrándose en su casa a Superboy Prime en calzoncillos hablando con el simbionte que se trajo de Secret Wars, para luego unir fuerzas contra un Alto Evolucionador más cósmico que nunca que quiere experimentar con ambos héroes. Una historia que juega mucho con el metalenguaje del cómic gracias a Prime y que incide en la redención por la que está pasando este, pero sabe a poco.

Mucho más divertida e interesante es la historia en la que Sean Gordon Murphy reúne a dos héroes que estaban destinados a encontrarse, Spiderman 2099 y Batman Beyond. Un encuentro vía viajes temporales en el que ambos se encuentran con un Superboy que viene del Siglo 30 para ayudar a detener una amenaza contra la que ni la Legión de Superhéroes puede hacer algo, y tras darse cuenta todos ellos de que todo es culpa de Luthor y de la fusión de Lexcorp con Alchemax, los tres unen fuerzas para poner arreglo a este desaguisado. Esta es probablemente la historia más frustrante del especial, ya que no solo es la que plantea una premisa más interesante, sino que tenemos a un Gordon Murphy que parece estar pasándoselo muy bien y que demuestra aquí lo bien que se le da dibujar a estos héroes futuristas, quienes parece que vienen del mismo lugar. Así que espero que en un futuro no muy lejano esta historia pueda tener continuidad en la forma de una novela gráfica o miniserie, porque yo necesito más de este team-up.

De nuevo nos encontramos con otra historia que realmente vale la pena, en la que Matt Fraction y Stebe Lieber vuelven a reunirse con Jimmy Olsen, que responde a una pregunta que seguramente alguien se ha planteado alguna vez: ¿Y si Jimmy trabajase para Jonah Jameson en el Daily Buggle? Y este obviamente quiere fotos de Spiderman, algo que no resultará fácil para Jimmy, ya que no solo no conoce la ciudad, sino que su compañero Peter Parker no quiere ayudarle porque tiene una doble cita, por lo que tendrá que embarcarse él solo en esta tarea que demostrará ser más peligrosa de lo que pensaba. De nuevo estamos ante una historia en la que no solo parece que sus autores se lo han pasado muy bien, sino que nos deja con unas muy frustrantes ganas de más, y aunque es triste que solo contemos con unas míseras cuatro páginas, siempre es un placer reencontrarnos con esta particular versión de Jimmy Olsen.

Tras esto nos encontramos con una historia de Jeff Lemire y Rafa Sandoval en la que Spiderman y Superman se ponen a recordar a los hombres que les criaron (por lo que sea parece que ni la Tía May ni Ma Kent fueron importantes) y que nos desvela en un flashback que Ben Parker y Jonathan Kent se conocieron una vez en el pasado, cuando se jugaron la vida para salvar a unos desconocidos, demostrando que el heroísmo viene de familia. Pero aunque resulta algo enternecedora, personalmente me ha dejado algo frío. Algo similar a lo que me ha provocado la siguiente historia, en la que Greg Rucka y Nicola Scott nos ponen ante un debate televisivo entre Jonah Jameson y Lois Lane, moderado por Jack Ryder (Creeper), en el que se acaba debatiendo sobre el sesgo negativo que tienen las noticias que da el Bugle sobre Spiderman y las razones de ello. Y aunque es un tema interesante, el tener que condensarlo aquí en tan solo cinco páginas no da para mucho, y tampoco nos dice mucho del personaje de Jameson que no sepamos ya por otros cómics, por lo que tampoco me ha convencido demasiado.

Y para terminar nos encontramos con la historia más peculiar de todas, en la que Gail Simone y Belén Ortega nos permiten asistir a la cita a ciegas más extraña que he visto en mucho tiempo. Aquí Power Girl, en su identidad de Karen Starr, ha acudido a cenar con un tipo al que ha conocido por una aplicación de citas y que la ha invitado a un restaurante cuya clientela son todo supervillanos, el portero es Frank Castle de incógnito (más o menos), cuyo objetivo se encuentra en el interior, y para rematar las cosas la cita de Power Girl no es otro que Paul Rabin, sí, ESE Paul. Un personaje con quien Simone y Ortega parecen ser algo crueles, y yo personalmente no puedo culparlas de ello.

La cosa se complica cuando se descubre qué hacen tantos villanos por allí y cuál era el objetivo de Castle. Pero tras una corta batalla y la huida de Paul y de los villanos, Power Girl y el Castigador acaban teniendo una velada encantadora que planean continuar en otra parte. Y es lo descabellado de la situación y el humor de la misma lo que consigue que esta historia, pese a ser como el resto una pequeña anécdota, funcione tan bien, porque si cuentas con muy poco espacio el humor suele ser el enfoque más apropiado para sacar el mayor provecho a esta limitación.

Esto es todo lo que ha dado de sí el especial en cuestión, otra mezcla de buenas ideas, otras no tan buenas, y la sensación cada vez mayor de que Marvel y DC deberían abandonar este formato para sus crossovers, ya que al final es tremendamente complicado desarrollar cualquier idea mínimamente interesante si no se trata de algún gag humorístico. Pero pese a todo ha resultado una lectura divertida en algunos momentos, y por ver las interacciones entre estos personajes, para mí al menos ha valido la pena.

Miguel y Terry juntos ha sido mi team-up soñado desde siempre. Qué pena que sea tan corto y que np esté Peter David para escribirlo.