¿Ya nadie es normal en el cómic de superhéroes?

Hoy es uno de esos días en los que quiero hablar de algo que me suele molestar de muchos cómics de superhéroes actuales y que entronca con otros problemas que sufre el género desde hace tiempo. Porque desde hace ya bastante tiempo venimos sufriendo una reducción del enfoque de estos que cada día me convence menos, como demasiados cómics se centran solo en la faceta superheroica, cada vez más dramática, superficialmente espectacular y que deja de lado algo que durante mucho tiempo fue algo fundamental del género, las vidas que había detrás de las máscaras y los trajes de colores. Por eso aquí quiero desahogarme ligeramente y reclamar que si se va a seguir por este camino, que se haga al menos por la vía del cachondeo.

A veces parece que mucha gente quiere que así sean los comics de superhéroes

Seguro que no soy el único que añora cuando las vidas personales de los superhéroes tenían un peso importante en las tramas de sus historias, algo que en los últimos años ha ido desapareciendo de tal forma que ya hay muchos personajes importantes que carecen de identidad secreta y parecen ser superhéroes las veinticuatro horas del día, relacionándose tan solo con otros superhéroes. Y aunque eso es un tema del que otro día tengo que hablar en mayor profundidad, hoy me quiero centrar en un efecto secundario de esto, el abandono de los repartos de personajes secundarios. Cada vez más frecuentemente esto es algo que directamente no existe en buena parte de las series de superhéroes, y cuando lo hace suelen ser personajes que sabemos que no sobrevivirán al próximo cambio de equipo creativo, quienes llegarán con un nuevo reparto que acabará sufriendo el mismo destino. Algo que imposibilita el que podamos tener secundarios que crezcan y evolucionen hasta convertirse en co-protagonistas de pleno derecho. Pero esto tampoco es en lo que me quiero centrar hoy.

Cosas así le daban vidilla a los comics

Junto con esto se ha ido desarrollando una tendencia paralela que me gusta aún menos, la de conservar a muchos de esos secundarios pero convirtiéndolos en superhéroes, ya que para muchos autores ya no hay sitio para civiles en los cómics de superhéroes a no ser que se trate de algo a lo que rescatar. Y aunque esto no es nada nuevo, ya le pasó a Carol Danvers hace décadas cuando pasó de ser la jefa de seguridad de la NASA a convertirse en Ms. Marvel, esta tendencia ha ido acelerándose cada vez más hasta llegar a extremos un tanto ridículos. De esta forma es como nos encontramos con que Flash Thompson se convirtió en Agente Veneno/Veneno Spaceknight, Mary Jane Watson fue Jackpot y ahora es Veneno, Jane Foster se convirtió en Thor, Pepper Potts en Rescue, Trueno Ross en Hulk Rojo y su hija Betty en Hulka Roja, Lois Lane y Lana Lang han sido Superwoman en tiempos recientes, Jim Gordon fue Batman durante una temporada, etc. Da la impresión de que como no saben qué hacer con secundarios que son gente corriente con vidas más o menos mundanas, o los apartan por completo o sufren una transformación superheroica.

Que horror fue esto

Por eso lo que quiero reivindicar hoy, más que tener una pataleta, es que si quieren hacer algo así, que al menos lo hagan con humor, que estos giros hacia lo superheroico se conviertan en una mamarrachada que al menos nos haga reír un poco. Y aunque en este caso el ejemplo más obvio sería sin duda Jimmy Olsen y la infinidad de historias en las que se ha transformado en un superhéroe o criatura extraña, yo quiero recordar un ejemplo muchísimo más ridículo que todas las transformaciones de Jimmy y que está muchísimo más olvidado… el de Perry White. Porque aunque la mayoría le conozca por ser el director del Daily Planet, hubo una época en la que fue también alguien con un poder que rivalizaba con el del propio Superman.

Y empieza el cachondeo

La primera vez que Perry White fue algo parecido a un superhéroe se publicó en el Action Comics 278 (1961), donde Jerry Coleman y Curt Swan contaron cómo un buen día Perry se encontró en su jardín una extraña nueva planta que parecía escapada del Día de los Trífidos y decidió comerse uno de sus frutos. Algo que provocó que a la mañana siguiente se encontrase con que poseía unos poderes muy similares a los de Superman, superfuerza, vuelo e incluso visión calorífica. Y por si eso no fuese lo bastante absurdo, lo siguiente superó con creces todo lo que podría imaginar, ya que Perry, para comprobar si él también era vulnerable a la kryptonita, decidió volar al espacio para buscar meteoritos de ese mineral para comprobar si era vulnerable. Algo para lo que compró un traje de ASBESTOS para poder ir al espacio y no quemarse en la reentrada en la atmósfera (espero que entre sus poderes estuviese el super sistema inmune), una máscara forrada de plomo para que Superman no descubriese su identidad y un logo con una M porque había decidido llamarse Masterman. Y tras comprobar su invulnerabilidad a la kryptonita tuvo tiempo de realizar unas cuantas hazañas superheroicas.

Esto es una mala decisión detrás de otra…

Por desgracia para Perry aquella planta era en realidad Xasnu del planeta Zelm, un invasor que a través de sus frutos primero le había dado poderes a Perry y una vez completado el proceso se había apoderado por completo de su cuerpo, tras lo cual planeaba la invasión de la Tierra. Y tras una épica (más o menos) batalla en la Fortaleza de la Soledad, entre ese Perry poseído y armado con una espada de kryptonita verde y una lanza de kryptonita roja, contra un Superman embutido en una armadura de plomo, el invasor fue finalmente derrotado cuando Supergirl le lanzó un pedrusco de kryptonita blanca, cuya radiación destruía la vida vegetal, borrando del cuerpo de Perry todo rastro del invasor.

Esperemos que a James Gunn nunca le de por adaptar esto

Unos años más tarde, en el Action Comics 302 (1963), un guionista no acreditado cuya identidad no he podido localizar y Al Plastino nos mostraron cómo una investigación periodística de Perry White había provocado que quisiesen asesinarle. Tras descubrir esto al salvarle por los pelos de ser atropellado, Superman se lo llevó a su Fortaleza de la Soledad para que se recuperase y estuviese a salvo, mientras que él, disfrazado como Perry, se hacía pasar por este para convertirse en objetivo de los criminales. Pero Perry, incapaz de quedarse escondido en la Fortaleza de la Soledad, tomó prestado un cinturón de vuelo de la galería de trofeos de Superman, regresó a Metrópolis y ayudó indirectamente a Superman a detener a esos criminales.

No sabe estarse quieto

Pero sin duda la historia definitiva, la más ridícula, absurda y divertida de todas fue obra de Elliot S. Maggin y Curt Swan, quienes en Action Comics 436 (1974) introdujeron en los mitos de Superman los Super-Puros de Perry White. Esta historia era una secuela de una historia anterior de ambos autores en los que Perry había ayudado a liberar a unos adolescentes mutantes, estos en agradecimiento, aunque sin decírselo, habían reemplazado la caja de puros de su despacho por una llena de super-puros que le concederían cualquier poder que imaginase mientras estuviese fumando.

Le podrían haber dejado una nota…

Y durante un tiempo Perry se fumó esos puros ajeno a sus especiales características y desperdiciando los poderes que le podían haber dado, hasta que un día, mientras viajaba en avión, este sufrió un accidente y Perry instintivamente rompió el fuselaje del avión, salió al exterior y con una combinación de superfuerza y vuelo posó el avión en el suelo salvando a todos sus ocupantes. Pero tras ayudar a Superman a detener a un excéntrico supervillano, Perry decidió guardar en su caja fuerte el último de sus super-puros para alguna emergencia.

Esto casi parece una campaña pro-tabaco

Esta llegó ocho años más tarde en el y Superman 376 (1982), de nuevo a cargo de Maggin y Swan. Allí un supercriminal que había estado cometiendo una serie de robos atacó a Perry en su casa para robarle unas fotografías que comprometían el secreto de sus poderes, dejándole al borde de la muerte. Pero este no pensaba quedarse en la cama del hospital sin más, por lo que le pidió a Superman que le trajese el puro que guardaba en la caja fuerte de su despacho y tras fumárselo (sí, en el hospital, eran otros tiempos) Perry no solo recuperó la vitalidad, sino que volvió a ser alguien increíblemente poderoso.

Que relajadas eran las normas antes en los hospitales

Juntos rastrearon al villano y a su banda hasta su guarida, y tras una breve pelea fueron derrotados justo antes de que a Perry se le terminase su último Super-Puro. Y por suerte para este esa última carga de superpoderes tuvo el efecto secundario de curar todas sus heridas, dejándole convertido de nuevo en un simple humano normal y corriente pero con su salud relativamente intacta (espero que le curase también los pulmones porque a esas alturas de su vida debía tenerlos como una mina de carbón). Y esta fue la última vez, que yo recuerde, que Perry obtuvo poderes de forma absurda.

Superman podría haber revisado a ver si tenia cáncer de pulmón

Y yo sinceramente prefiero este tipo de historias, una pequeña gamberrada aquí y allá que permita a estos personajes civiles conocer de primera mano lo que supone ser un superhéroe pero nada más. Porque esto de que los secundarios se conviertan en superhéroes de verdad al final lo único que consigue es ir quitándole esos pequeños resquicios de humanidad a los protagonistas, los momentos en los que nos recordaban que en el fondo seguían siendo gente con problemas mundanos con los que resultaba más fácil empatizar que con personajes que son superhéroes a tiempo completo. Por suerte hay series actuales en las que del mismo modo que están recuperando el que cada número sea una pequeña historia autocontenida, a veces dentro de una mayor, también están volviendo a hacer buen uso de esos secundarios civiles que jamás deberían desaparecer.

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Roger
Roger
3 minutos han pasado desde que se escribió esto

Creo yo que un problema es que una forma de que un nuevo superpersonaje cuaje mejor en un universo es que su otra identidad sea la de un personaje conocido. A veces tiene todo el sentido del mundo a veces sobra.