«Buena suerte, pásalo bien, no mueras» es uno de los títulos más raros para una película que haya visto yo nunca, pero a la vez es el título ideal para una historia basada en la cultura de internet, en esas frases hechas llamadas memes que en ocasiones no son más que tonterías surgidas de un momento concreto. All your bases are belong to us y todo eso. Vuelve con ella Gore Verbinski, el responsable del éxito de Piratas del Caribe y joyas maltratadas como El Llanero Solitario y lo que nos trae es el grito desesperado de la humanidad ante lo que se len viene encima con la tecnología moderna y la idiotez con la que nos está sepultando.

De una forma tremendamente inteligente, el planteamiento de la película se desarrolla en un restaurante de platos combinados yanquis. Es un local que remite al pasado de EEUU, es casi anacrónico a estas alturas, pero lo divertido de todo esto es que esa atemporalidad también está remitiéndonos a Sarah Connor en la primera película de Terminator, y cuando aparece un personaje que parece creado por Terry Gilliam, el viajero en el tiempo interpretado por Sam Rockwell, empiezas a tener fuertes sensaciones de dejá vù, sobre todo cuando empiezan las carreras nocturnas por callejones que recuerdan también al cine de acción ochentero y sí, otra vez a la primera Terminator. Porque al final la película va exactamente de eso, de contarnos la película de Cameron otra vez pero adaptada al mundo de la IA del mundo real, esa que no va a derrotarnos con misiles nucleares si no licuándonos el cerebro con stories de instagram. Friéndonos a estímulos hasta que nuestro cerebro ya pierde las ganas de vivir, hasta que necesita vivir siempre en un mundo virtual en el que es bombardeado por dopamina barata que rápidamente lo va en ameba.

Y el viajero en el tiempo, que tiene todos los puntos para estar como una regadera y lo cierto es que lo está, trata de evitarlo con un plan un tanto extraño: reunir un grupo de las personas que están comiendo en ese restaurante en ese momento para ir hasta la casa de un niño de nueve años en la que la IA que está desarrollando va a despertar en esa misma noche y conquistar el mundo. Iremos viendo, intercalados durante la acción principal, varios flashbacks sobre la vida de cada uno de los elegidos por el viajero temporal, una especie de miniepisodios a lo Black Mirror en los que vemos como el despertar de la IA no ha sido algo tan súbito, y que la gente ya estaba absorbida desde el principio, desde la imagen de pesadilla de los «zombies de los móviles» hasta barbaridades como la clonación y reprogramación de hijos para que sean más «amables». ¿Lo peor de todo? Que la parodia siempre está basada en algo real, y es una realidad más pavorosamente cercana de lo que nos gustaría. Si esta película se hubiera estrenado hace diez años podría tomarme ciertas cosas a la ligera, ¿pero lo de la gente sacrificando su vida para vivir para siempre en un mundo virtual de ordenador? Vamos, éso ya lo he visto yo en el mundo real varias veces.

Y es que a medida que va avanzando la historia y vamos conociendo el trasfondo de cada uno de los personajes, el retrato del mundo que nos pintan no es el de la actual distopia de guerra global en el que vivimos, si no el de la distopia tecnológica en el que vivimos pero que no queremos ver, hasta el punto de que para cuando llegamos al tramo final y vemos la escena del gato y nos acordamos de aquellos primeros intentos de imágenes generadas por inteligencia artificial que tanta gracia nos hicieron, lo que parece una escena cómica acaba resultándonos tremendamente desasosegante. Es curioso, la película es una comedia de acción, intenta ser Terry Gilliam pero con un director que maneja la acción mejor todavía, pero a la vez da tal mal rollo que, aunque algunas realidades informáticas las resuelve de forma un tanto peliculera -porque tiene que haber película, que narices- para cuando ha terminado solo piensas en lo altamente probable que esa inteligencia artificial ya exista. Que tal vez ni siquiera pueda llamársele inteligencia, pero que el algoritmo esta suelto y es una bestia que no controlan ni sus propios creadores. Vamos, que la película está bien y es la mar de entretenida, pero me dejó mal cuerpo y acojone, mucho más acojone que cualquier película de terror porque oye, lo que está por venir puede que no sea como lo que se ve aquí, pero no anda muy desencaminado…

Lamentablemente, y a pesar de que la película deja abierta la posibilidad de una segunda parte, su fracaso en taquilla parece que no nos va a permitir ver una posible secuela. Y es curioso, porque aunque se llegó a promocionar como una película del estilo de «Todo a la vez en todas partes», el no contar con la maquinaria publicitaria de los Ellison -esta película viene producida por Constantin Films, los de la Historia Interminable, Resident Evil y los 4F de la Fox- parece que la ha condenado antes de ser estrenada. Es triste que, a pesar de lo potente que es internet como herramienta, en ciertas cosas parece que seguimos igual y películas como esta no tengan la difusión que se merecen. En fin, a ver si tiene más suerte en el streaming…
