Hollywood. La meca del cine, donde los sueños se hacen realidad y blablabla. Otros años ya escribí sobre de dónde salieron los Oscar y como no fueron otra cosa que una maniobra de los grandes magnates de Hollywood para evitar la creación de gremios sindicales -que afortunadamente fracasó- y cómo la cosa terminó siendo un simple espectáculo publicitario que terminó consolidando la imagen de Hollywood como el centro del cine mundial, a pesar de que no podemos decir eso hasta prácticamente la Segunda Guerra Mundial. Y ésto solo es porque, básicamente, a raíz de la guerra y preguerra casi todos los cineastas europeos se habían mudado a EEUU por una mera cuestión de supervivencia y no por gusto.
El cine alemán era el centro del mundo hasta que los nazis vinieron a joderla, y así es como Fritz Lang y una generación de cineastas acabaron en Hollywood.
Y sí, hay contadas excepciones como la de Luis Buñuel -que en su propia autobiografía reconoce que no le gustó lo que vió y prefirió largarse a México, a pesar de tener un contrato encima de la mesa para varias películas- pero lo curioso es que esa diáspora europea no se dió en otros lugares del mundo como Japón, que también recibió lo suyo como el Reino Unido y aun así sus creadores, probablemente por la barrera cultural, se quedaron en Japón y formaron una de las industrias cinematográficas más fuertes del mundo que acabarían volviendo «con una venganza» con aquello del anime y tal. Allí donde China nunca tuvo una industria fuerte, Japón la había tenido antes de la guerra, y por eso un país convertido en protectorado de EEUU acabó constituyéndose como centro cultural de media Asia. Y aunque ya para los 50 en neorrealismo italiano y los inicios de la Nouvelle Vague deslumbraban a los americanos, que corrían a imitarlos cuando no a captarlos con cheques millonarios, siendo los festivales de cine europeos los más prestigiosos, Hollywood era el centro de todo y los Oscars los premios más prestigiosos del año, a los que absolutamente nadie podía acceder si no era yanqui o no tenía financiación yanqui. Existía, eso sí, el premio a mejor película extranjera, pero no lo haría hasta 1955.
Quo Vadis no gustaba en la academia porque habían grabado todo fuera y claro, los académicos era gente que trabajaba en Hollywood.
Porque, manda narices, entre 1947 y 1955 lo que si que hicieron fue crear premios honoríficos para reconocer algunas películas extranjeras, y así es como recibieron un premio honorario películas como El ladrón de bicicletas o Rashomon, que muy probablemente superaban con mucho las películas americanas que se estrenaron aquel año… Que narices, tomemos el ejemplo de Rashomon, una de las películas más influyentes de la historia del cine; en 1952 las nominadas a mejor película fueron Un lugar en el sol de George Stevens, Quo vadis, Un tranvía llamado deseo, Decisión antes del amanecer y Un americano en París, que fue la ganadora. Aquel año también se estrenó La Reina de África, que junto a Quo Vadis y la interpretación de Brando en el susodicho tranvía seguramente sea lo más recordado de aquel año, pero por bien que nos caiga John Huston, hay que reconocer que el Rashomon de Kurosawa estaba muy por encima de todas las demás, por mucho que Quo Vadis sea una de las películas más repuestas en semana santa. Que, por cierto y ya que estamos, decir que Quo Vadis fue una de las primeras películas estadounidenses -si no la primera- filmada en los estudios italianos de Cinecittà. Los estudios eran enormes,los impuestos bajos y la mano de obra era barata, lo cual permitía unos lujos que en Hollywood, con los sindicatos de marras, los productores no se podían permitir. Aun así, grabar en Cinecittà no dejaba de ser un tabú, porque no podemos olvidar que esos estudios los creó Mussolini y algunos productores americanos que trataron de hacer eso mismo antes de la guerra ya fueron considerados traidores por hacer tratos con el fascismo. Pero estábamos hablando de los Oscar…
Me pregunto si esta la han puesto alguna vez en cine de barrio, me da a mi que no…
El primer Oscar a película extranjera fue llamado ya desde un principio Mejor Película en Lengua Extranjera y fue para La Strada de Federico Fellini. No era raro, en aquel momento los americanos parecían solo reconocer el cine italiano que veían cuando iban a Cinecittà y el japonés, ignorando por completo todo lo demás. Y ésto a pesar de que se estaban haciendo películas bastante buenas, así a botepronto sabemos que Jacques Tati y el dúo Bardem/Berlanga estaban haciendo maravillas, por no hablar del ya mencionado Buñuel en México; lo cual nos viene a dejar claro que el criterio de los Oscar es uno que nos tenemos que tomar con cierto escepticismo. Posteriormente y ya viendose obligados a nominar a más países aparte de los italianos, empezaron su idilio con el cine francés al otorgarle al propio Tati un Oscar por Mi Tío (aunque yo habría preferido mil veces que se lo hubiera llevado La Venganza de Juan Antonio Bardem) y pronto tendríamos, en 1960, el primer Oscar para los suecos de Ingmar Bergman, que se lo llevaría dos años seguidos, uno de ellos a costa del Plácido de Berlanga.
¡POPULISMO!
Aun así, cuando repasas las películas premiadas a lo largo de aquellos años, seguimos viendo una miopía tremenda, obviando a algunos de los directores más influyentes del momento en favor de otros bastante más desconocidos; François Truffaut no recibe el Oscar hasta 1973, Buñuel hasta 1972, Akira Kurosawa tiene que hacer Dersu Uzala en la URSS para recibirlo en 1975… Por no hablar de «compensaciones a posteriori» como el caso de 1979, cuando El Tambor de Hojalata (primera película alemana en ganarlo, otra compensación histórica) le levantó el premio al Mamá Cumple Cien Años de Carlos Saura y unos tres años después lo gana José Luis Garci por Volver a Empezar, una película que ni siquiera diría que es de las mejores del propio Garci. Saura lo intentaría de nuevo con Carmen al año siguiente, pero nunca lo recibiría aun siendo uno de los mejores de aquel momento. Para finales de los 80 y 90 el premio acabaría nominando cada vez a películas más oscuras, de mayor nicho, entre las que destacan Todo sobre mi Madre de Almodovar y Belle Epoque de Trueba, la una por ser el Oscar que no le dieron a Almodovar en los 80 y la otra por ser una película que… En fin, que no era para tanto. Y sí, también está La Vida es Bella de Roberto Benigni, pero de verdad, creo que aquello fue más un intento de «desgafapastar» el premio que otra cosa, porque la película ha envejecido mal. Y del Oscar a mejor actor para Benigni mejor no digo nada…
Luego se puso a hacer Hulk y bueno, no se llevó el Oscar.
Con el nuevo siglo La Vida de los Otros y Tigre y Dragón son las más recordadas, con el Amor de Haneke en la siguiente década siendo el dramón que destaca sobre todas las demás. Eso sí, en 2018 tenemos a Roma y en 2019 la coreana Parásitos siendo películas bastante más interesantes, con esta última llegando a ser la ganadora del premio a mejor película de 2020. Los Oscars habían pasado de ser un premio yanquicéntrico que tenía un premio marginal para películas que no veía nadie a ser uno que abría un poquito la puerta al resto de demás países, introduciendo en años posteriores en sus principales categorías nominaciones a películas en habla no inglesa filmadas en otros países. ¿Se habían globalizado por fin los Oscar o solo estaban disimulando? Yo diría que más bien lo segundo, pero la cosa está por verse…

Recordar que la distribución estadunidense de La Vida Es Bella fue de Miramax, es decir, Weinstein.