Parece que el destino quiere que lea cómics de zombis, ya que tras el descubrimiento del que hablé ayer me encontré con otra serie que toca este tema y que también lo hace de una forma muy original, el Bleeding Hearts de Deniz Camp y Stipan Morian. Y aunque no quería saturarme del tema, la originalidad de la propuesta, que tras Absolute Martian Manhunter Camp es uno de esos guionistas a los que presto más atención de lo habitual, el interesantísimo estilo de Morian, y que esto forme parte de la nueva era de la Linea Vertigo de DC, me hicieron picar. Y así es como me he encontrado con una serie en la que los zombis se han apoderado del mundo, pero algunos tienen buen corazón.

Los zombis se extienden por todo el planeta y la civilización humana ha quedado reducida a añicos. Pero la civilización de los muertos vivientes ha prosperado, y así grandes hordas de nómadas recorren el mundo en busca de alimentos frescos que llevarse a la boca, algo cada vez más difícil, se organizan para sus cacerías e incluso hacen planes de futuro. Y en ese nuevo mundo vive Poke, alguien que apenas recuerda cómo eran las cosas cuando estaba vivo y que tiene un pequeño problema, ya que no solo ha comenzado a replantearse su forma de vida y la de sus congéneres, sino que de alguna forma su corazón ha vuelto a latir. Algo que ha provocado que de pronto esos vivos, cuya carne y sangre ha codiciado durante tanto tiempo, le empiecen a parecer otra cosa, a parecerle… personas.

Lo sé, para ser alguien que dice que no le gustan las historias de zombis igual hablo demasiado de ellas, pero es que lo que me tiene realmente cansado es cómo la mayoría de las veces parece que hay una única fórmula con estas historias, y estoy cansado de ver una y otra vez variaciones de la misma historia de supervivencia a la búsqueda de refugio mientras se nos recalca machaconamente que el peor enemigo del ser humano no son los zombis, sino los otros humanos. Por eso me alegro tanto cuando encuentro historias como el Everything Dead & Dying, que pone el foco en una tragedia íntima y la peor forma posible de lidiar con ella, o este Bleeding Hearts, que a medio camino entre la comedia y el drama nos cuenta su historia desde el punto de vista de un zombi muy particular.

Y es que aunque no es una premisa única, la serie de televisión británica In the Flesh o la película Warm Bodies ya tocaban algo vagamente similar, que el protagonismo recaiga en un zombi que tras años de vagar devorando gente ha empezado a evolucionar y a vivir, no es lo más habitual dentro de este género. Una evolución en la que Poke no es el único ni mucho menos, solo el más avanzado de los que se nos presentan en estos primeros números, pero el resto de sus congéneres son capaces de comunicarse de forma coherente, han adoptado nuevos nombres que representan cosas que les han sucedido (el nombre completo de Poke es “Mouse-Pokes-Golf-Ball-Through-Hole-In-Head”), aíslan del grupo a quienes no comparten la comida e incluso se plantean crear campos de crianza de humanos para que nunca les falte el alimento. No son precisamente la habitual horda sin mente ni esos cadáveres que repiten mecánicamente lo que hacían en vida, son una nueva especie que no ha dejado de evolucionar.

Pero Poke es un caso especial, ya que a todas esas características que comparte con sus congéneres se le añade que su corazón ha vuelto a latir como cuando estaba vivo, y junto con esto se están despertando emociones largamente dormidas. Esto provoca que sufra una crisis existencial de las gordas con tintes de adolescencia tardía (por su aspecto parece que lo era cuando murió), lamentando el estado en el que se encuentra el mundo, pensando en cómo las ruinas que les rodean fueron construidas por personas que sentían cosas, y lo más grave de todo, comer carne humana cada vez le repele más, hasta el punto de plantearse si ellos, los zombis, son malvados por todo lo que han hecho. Una crisis de identidad que acaba desembocando en algo inimaginable para un zombi y cuyas repercusiones para Poke y los suyos no creo que vayan a ser pequeñas.

Visualmente este cómic es todo un espectáculo, ya que nos encontramos aquí con Stipan Morian, quien ya había trabajado con Camp en 20th Century Men, un artista tremendamente versátil no solo en su estilo gráfico, sino que además de dibujante de cómics ha sido animador, diseñador de escenarios teatrales, pintor e incluso restaurador de edificios antiguos. Un artista camaleónico que aquí ha adoptado un estilo caricaturesco que pese a prestarse a los aspectos más ligeros y tiernos de la historia, también resulta tremendamente efectivo a la hora de mostrarnos los aspectos más escabrosos de este mundo plagado por zombis. Un contraste que funciona sorprendentemente bien, y que le da un punto de personalidad propia a este cómic que lo aleja aún más de esas otras tantas historias de zombis que buscan contar lo mismo de siempre. Y que decir del increíble trabajo de Matt Hollingsworth al color que no digan mejor las propias imágenes.

Cómics como los que he reseñado estos días igual no me acaban reconciliando con el género de los zombis, pero me alegra muchísimo que existan porque me recuerdan que hay autores por ahí que saben ver más allá de los tópicos y lugares comunes de siempre para contarnos cosas nuevas, o casi nuevas. Algo por lo que nunca me canso de recomendar el probar cosas nuevas, incluso cuando en principio nos repelan, porque nunca se sabe dónde podremos encontrar algo que valga mucho la pena descubrir.
