Viñetas que me indignan: Historia de la viñeta

No está la cosa como para hacer chistes, porque el asunto es la mar de serio y corremos el riesgo de cargarnos esto del cómic. Que alguno me dirá que no es para tanto, pero si miramos toda la historia de la viñeta, creo que no ha habido una época -ni siquiera los 90- en la que estuviera tan amenazada. Y es que esto, repito, es muy, muy serio.

Aunque tal vez la escena nos desborde un poco, son viñetas exquisitas.

Y empezamos por Harold Foster porque sí, porque siempre es bueno empezar con el gran Harold Foster y sus patidifuseandtes viñetas. Y eso que, puestos a empezar por el cómic estadounidense, podría empezar por el génesis habitual que es Yellow Kid o hasta el Little Nemo de Windsor McKay, pero no me apetece ni lo más mínimo porque en aquellos tiempos la viñeta no era algo sagrado y cuando no la había tampoco pasaba nada, porque del cómic en cuestión llamaban más la atención otras cosas. Pero vaya, a lo que iba que me lío, Harold Foster no tenía ni bocadillos -y eso que Yellow Kid si que los tuvo- pero tenía viñetas. Y zambomba, que pedazo viñetas, unas viñetas fantásticas, stendhaleantes, casi se podría decir que van más allá de la perfección y alcanzan lo divino. Estamos hablando de una línea fina y muy muy educada, perfecta, sin ningún tipo de chapuza o borrón. Y esto mismo pasa con muchos contemporáneos suyos como Milton Caniff, Alex Raymond y demás maestros del cartoon strip. Lo que es más, es contemporánea a la cátedra que sentaba simultaneamente el gran Hergé, que también mostraba una viñeta estupenda que, aunque tal vez no fuera tan afilada y cartesiana, permitía que el ojo discurriera a la perfección por esos cómics. Y que menos que hablar de lo más cercano, que menos que hablar del gran TBO…
Sublime.

Seamos francos, en España no se respetó mucho la viñeta. Se tendía a una línea más chapucera sin respetar los ejes, y eso no daba tan buena imagen como debiera. Después de la guerra no estaba la cosa para bailar jotas, y Manuel Gago hizo lo que pudo con una línea que en muchas ocasiones iba siendo rebosada constantemente por el propio dibujo. Se le excusa por las circunstancias -tengamos algo de humanidad- y por sus portentosa habilidad para dibujar esquinas, pero a veces cometía excesos que son completamente evidentes de un primer vistazo. Sin embargo, al poco surge El Cachorro del gran Iranzo, y el maestro consigue hacer unas virguerías con sus viñetas que pondrán el listón tan alto para todos sus contemporáneos que pocos de ellos se atreverán a cometer las tropelías que se habían perpetrado hasta entonces. Pero volvamos a EEUU, que la cosa se ha puesto la mar de interesante…
Tampoco está la cosa como para quejarse, digo yo.

Porque esta que reproduzco aquí es probablemente una de las páginas más importantes de la historia del cómic estadounidense, y lo tiene bien ganado por la cantidad de esplendorosas viñetas perfectamente realizadas que vemos a lo largo de la misma. Gloriosas líneas, perfectos acabados, un gutter de mariscal prusiano y la convicción para el lector que el orden se ha restaurado, ya muy lejos de las mamarrachadas de novatos sin talento como Bob Kane o Joe Shuster que hacían un tebeo más comercial pero de viñetas irregulares, donde el ancho nunca permanecía en su lugar y sin tener en ningún momento la excusa de la guerra. Canallescos cómics donde los haya, para cuando llegan los años 60 Jack Kirby explota el filón Marvel con unas viñetas que son un insulto al lector, rotas, con una línea mamarráchica y que en muchas ocasiones ni siquiera se molesta en cerrar, como si la viñeta fuera algo que se la trae al pairo. Aquí pongo un -altamente vergonzoso- ejemplo:
Jack the Hack, le llamaban, ¡y con toda la razón, que mal entintaba esas viñetas!

Para la década siguiente tenemos un caso especial en la figura de Jim Starlin, un soplagaitas que se cree que puede hacer con la viñeta lo que le de la gana, prescindiendo de ella para separar distintas acciones y confundiendo a un lector que necesita una guía cartesiana para seguir sus tumultuosas historias. Contrasta esto completamente con obras de Bruguera contemporáneas como El Capitán Trueno o Mortadelo y Filemón, a pesar de que ya por entonces autores mezquinos como Jan ya empezara a hacer experimentos degenerativos en las páginas de Pulgarcito o Superlópez.
Esas distorsiones ofensivas, ¡como si el artista pudiera hacer lo que le diera la gana sin atender a un orden!

Para no alargarme mucho más y así podáis tener más tiempo para admirar más viñetas, creo y veo necesario saltar a la actualidad y ponernos ante un espejo: ¿Realmente estamos contentos con las viñetas de hoy en día? Porque claro, las viñetas de ahora ya no las tiene que hacer un entintador con pulso de acero y una plumilla cochambrosa, ahora las hace el ordenador sin ningún problema, no hay reglas que valgan. Sin embargo, ¿está la tecnología en lo cierto? ¿Son perfectas sus viñetas?
Pues no, pero porque no les da la gana. Escandaloso.

Pues no, no lo son. ¿Dónde estan los gutters? ¿Dónde están los márgenes de página? Estas historietas me marean, me confunden, aturullan mis sentidos, y lo peor de todo, me enervan. Me enervan porque nos encontramos en una situación en la que ya no hay excusa posible, porque se combina lo perfecto con lo imperfecto, porque son un insulto a lo que nos importa, las viñetas. Porque si vamos a atenernos a un orden, que sea como lo hacía McFarlane, todo negro o todo blanco, sin límites o con todos ellos. No engañas al lector, si no quiere perder el tiempo con tu rebeldía pueril no tiene más que no comprarte, pero la maldad de Ivan Reis no tiene límite al combinar unos gutters maravillosos con unas esquinas perfectas con ilustraciones desparramadas por el suelo como si fueran los juguetes de la habitación de un niño consentido; el hombre que debería protegernos del esperpento es el que nos da la puñalada por la espalda. Descorazonador.
Nadie hace nada, estamos desamparados, tenemos el enemigo en casa.

Pues debemos plantarnos, ¡basta ya de maltrato a los márgenes! Hemos atravesado un siglo de oscuridad y tergiversación de los principios de la geometría con la excusa de falta de medios, ¡ya no tiene sentido que nos den viñetas a medio cerrar, con las puntas abiertas o redondeadas, con curvas imposibles y demás obscenidades! Me voy ahora mismo a montar una campaña en kickstarter, un patreon o un gofundme, ¡donadme ahora mismo lo que sea! ¡Juntos venceremos antes de que acaben con nosotros! ¡Porque no vamos a ser nosotros los que paguemos la inocentada tendenciosa de cuatro petimetres degenerados!

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M'rabo no recuerda su clave
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Me troncho…..
(Qué ganas de que sea sábado)

zatannasay
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zatannasay

Me parece que se pierde un poco el mensaje entre tanta ironía. Pero sí, el mecanismo narrativo del cómic está en las viñetas y si no las sabes manejar solo tienes una colección de ilustraciones.
Para muchos desinformados el gigantesco Foster no es más que un ilustrador que ni siquiera hace cómics porque su obra no tiene bocadillos.
Cuando Foster tiene las páginas más bellamente narradas en el lenguaje del cómic de toda la Historia.

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Invitado
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B.B. King decía que lo importante no era la cantidad de notas que puedas tocar con la guitarra , sino el espacio entre ellas.

Garrak
Invitado

Y LOS BOCADILLOS DE PENSAMIENTO QUÉ