Lamentablemente el tener que huir de los matones enviados por Diógenes me ha impedido disfrutar de este festival de cine como me hubiese gustado y solo pude colarme en dos de las proyecciones, la primera fue Darkman de la que ya hable ayer y la segunda fue todo un clásico que en mi infancia vi multitud de veces y que sigue conservando todo el encanto, la inocencia y la diversión de la primera vez que la vi, The Golden Voyage of Sinbad/El viaje fantástico de Sinbad. Todo un clásico del cine de aventuras del que pude disfrutar una vez mas solo que en esta ocasión de una forma muy especial gracias a los organizadores del festival.

Ahhh, que grande es la nostalgia

El destino hace que en manos del Capitán Sinbad. caiga un misterioso objeto que le llevara a unas tierras lejanas en las que descubrirá la importancia del misterioso objeto y que le llevara a el y a sus hombres a embarcarse en un misterioso y apasionante viaje lleno de innumerables peligros. Una carrera contra reloj contra un poderoso y diabólico hechicero y las criaturas a sus ordenes para obtener un poder inimaginable y contra quien Sinbad. solo contará con su astucia y su leal tripulación.

Ya no se hacen películas como las de antes

Cuando era niño adoraba este tipo de películas de aventuras tan sencillas e inocentes en las que el malo era malo solo porque quería poder, el bueno era bueno porque no sabia ser de otra forma, este y la chica no tenían mas remedio que enamorarse el uno de la otra y el secundario cómico en el fondo estaba lleno de coraje. Y que nadie me entienda mal, ni estoy en contra de historias en las que sus personajes tienen complejas motivaciones e historia detrás ni pido que hoy en día se vuelvan a hacer historias así, pero del mismo modo que me sucede con la literatura de ciencia ficción de vez en cuando necesito desconectar y volver a disfrutar de una sencilla historia de buenos contra malos.

Hay ocasiones en las que uno no necesita nada mas

Y eso es exactamente lo que nos ofrece El viaje fantástico de Sinbad., ni mas ni menos. Una divertida historia de aventuras con un sabor tremendamente clásico, tanto que a ratos resulta difícil de creer que se trate de una película de mediados de la década de los setenta y no de una un par de décadas mas vieja. Y a la que algunos podrán acusar de ser previsible, de recurrir a numerosos tópicos o de tener un protagonista un poco soso, pero desde luego no se puede decir que aburra.

Es bonito ver que décadas después se puede disfrutar casi igual con la película

Pero es que ademas de ser una película divertida, tiene un par de buenas razones por las que ha perdurado en el recuerdo de tantas generaciones de espectadores. Por un lado tenemos a un villano que se come la pantalla cada vez que aparece, con su maldad, megalomania y su dosis justa de histrionismo. Un villano originalmente iba a ser interpretado por todo un grande como Christopher Lee, pero que acabo en manos del no menos genial Tom Baker. Un Tom Baker a quien este papel le ayudó a convertirse en el cuarto Doctor (Who), aunque curiosamente por interpretar a un personaje como el Príncipe Koura que tantísimo recuerda al famoso The Master.

Lo raro que se me hace verle de villano y lo bien que le sale

Aunque sin duda lo que realmente hace grande a esta película, tanto que uno se olvida de que la dirigió realmente Gordon Hessler, fue el grandísimo Ray Harryhausen, quien ademas de ser uno de los productores y guionistas, también fue, como no, el responsable de esos efectos especiales que han pasado a la historia del cine por méritos mas que sobrados. Y es que por mas años que pasen, y por mucho que los efectos digitales sean cada vez mas realistas, hay algo en el meticuloso, delicado apasionado y durisimo trabajo de Harryhausen con sus miniaturas animadas por stop-motion que no tiene precio.

Que grande fue y cuanto se le echa de menos

Es cierto que los movimientos de sus criaturas son en ocasiones algo bruscos, y que la integración de sus segmentos con los actores no siempre están perfectamente integrados (mas por culpa de ellos que no tenían practica en eso de actuar luchando contra algo que no ven) pero es el ver esa habilidad casi sobrenatural que tenia a la hora de dotar de “realidad” a sus monstruos, de manejar su lenguaje corporal de tal forma que casi parecían criaturas vivas, que uno no puede menos que emocionarse ante lo grande que fue. Y especialmente memorable para mi fue la escena del combate de Sinbad. contra la estatua de Kali, todo un prodigio de animación artesanal que es para quitarse el sombrero.

No quiero ni imaginarme el tiempo de trabajo que hay detrás de esta escena

Pero ademas de pasar un buen rato con la película y sentirme de nuevo como un niño, los organizadores del Festival Isla Calavera habían preparado una velada muy especial que contaba como invitada de honor con Caroline Munro, la protagonista femenina de la película y un rostro de lo mas conocido en el cine fantástico y e terror de los setenta y ochenta. Munro en persona resultó ser una mujer encantadora y divertida que estaba encantada con la carrera que había llevado y con las estrellas con las que había tenido la oportunidad de trabajar (Peter Cushing, Christopher Lee, Christopher Plummer…) que fue Chica Bond (un apelativo que le encantó como sonaba en español) trabajó en la Hammer y se convirtió en un icono del cine de serie B europeo y que no se arrepentía de haber rechazado las ofertas de trabajar en Hollywood ya que eso le había permitido seguir cerca de su familia en Europa.

A ver si ocasiones así se repiten mas a menudo

Pero como decía mas arriba, lamentablemente esta fue la ultima película del Festival que pude ver ya que los secuaces enviados por Diógenes dieron conmigo y tuve que refugiarme bajo un puente cercano, donde he permanecido escondido hasta que tenga que salir para partir en busca de Don David Lloyd y compañía en el Salón del Cómic. Pero pese a que no pude disfrutarlo como me hubiese gustado, les estoy tremendamente agradecido a los organizadores del Festival por haberme permitido pasar dos enormes buenos ratos y el haber podido conocer en persona a alguien como Caroline Munro.

Si es que así da gusto ir al cine
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