Pues salió The Infinity Conflict, la segunda parte de la trilogía de novelas gráficas de Jim Starlin y Alan Davis que supuestamente supone la obra final del primero para Marvel, y tengo que decir que mis sensaciones han cambiado un poco. Si en la primera sentí bastante hartazgo por la repetición de parámetros, en este caso me lo he pasado bastante mejor por un cambio de foco de la histora. Pero antes de soltar conclusiones, digo yo que será mejor repasar un poco de que iba esto…

Lo mejor es que esto lo dibuja Alan Davis y no Ron Lim, cosa que se agradece muchísimo.

The Infinity Conflict es la continuación de Infinity Siblings, que Marvel publicó aprovechando el estreno de Avengers: Infinity War allá por abril y viniendo a contarnos como Thanos decide convertirse por enésima vez en un dios después de conocer a su yo futuro. La cosa tiene su morbo porque la creación de estos cómics fue paralela a la serie regular de Thanos guionizada por Donny Cates, en la que se contaba una historia lo suficientemente parecida como para que Starlin se pillara un cabreo que no te menees y decidiera mandar al cuerno a Marvel. Eso sí, su espantada no fue completa y antes dejó terminado el guión de estas tres novelas gráficas, con lo que a medida que se van publicando nos hacemos una idea mejor sobre que pudo pasar para que el editor Tom Brevoort -que estaba al cargo de tanto la serie regular como de las novelas gráficas- no fuera capaz de ver lo que para Starlin era un asombroso parecido entre ambas historias. Que, honestamente, tampoco era para tanto…

El cómic empieza con un par de páginas a cargo de Al Milgrom, un veterano de Marvel condenado al ostracismo durante la era Quesada y que no dejaba de ser el entintador de la mayor parte del trabajo de Starlin en Marvel.

Y ojo que para mí sería más fácil decir que Starlin tiene razón y Brevoort es un cabestro que no se lee ni lo que edita, pero me resulta indiscutible que tanto en el primer tomo como en este segundo Starlin cuenta una historia completamente distinta, que temáticamente va en otra dirección y que, mientras en la primera parte todo giraba en torno a la relación de Thanos con su hermano Eros -Starfox, nada que ver con el ídolo furry de Nintendo- la segunda nos habla más de Warlock y del propio Thanos, añadiéndole algo más de comedia al asunto por la forma en la que Thanos va desintegrando a amigo-enemigo sin ningún miramiento porque es consciente de que es la única persona capaz de parar sus desquiciados planes, convirtiéndo así a Pip el Troll en el hilo conductor del bando de los “buenos” porque se pasa todo el cómic buscando dónde ha ido a resucitar Warlock cada vez, además de juntarse con el pobre Starfox que cada vez anda más perdido pero que sigue decidido a pararle los pies a su hermano.

Adam Warlock es el auténtico Kenny de esta historia.

Eso sí, no nos vayamos a engañar, a pesar de que esta segunda parte sea más entretenida, en realidad Starlin sigue contándonos la misma historia: Thanos va amasando más y más poder y demostrando ser más listo y más fuerte que todos los demás mientras Warlock empieza a esbozar un plan maestro del cual no nos cuenta nada y que como siempre hace auténticos malabarismos para no caer en el más vergonzoso de los deus ex machina. Otra vez tenemos a Warlock haciendo cosas completamente amorales y supuestamente justificadas por la desesperación y un objetivo mayor, otra vez tenemos a todas las entidades cósmicas siendo meros sacos de arena a los que Thanos vapulea y Warlock ningunea sin ningún miramiento, y otra vez tenemos a Pip el Troll siendo el Sancho Panza de todo esto, asombrándose por el día de la marmota cósmico en el que vive y, asombrosamente, no mandando a hacer puñetas a su mejor amigo Adam Warlock. Que de Gamora no se sabe nada -más allá de un cameo de fondo- porque aunque la continuidad principal de Marvel vaya por otro lado, tampoco era cuestión de sacarla después de la que tienen liada en Infinity Wars… Y no digo más porque sería un spoiler muy feo.

Que no, que no es dios, que es “above-all-others”.

Decía al principio del post que probablemente este cómic era más divertido que su antecesor por el cambio de foco que tiene la acción, y es que claro, el enfrentamiento final que se prepara para el final de la trilogía se prepara con los movimientos de Warlock, Pip y Starfox mientras que la parte de Thanos putoamizándose son casi ruido de fondo mientras los “héroes” primero se hacen a la idea de la situación, trazan un plan y empiezan a moverse de cara a la siguiente entrega. No es un final ni es un principio, y por eso la historia es bastante más interesante, a pesar de que en el fondo sigue siendo la starlinada de toda la vida. Quiero pensar que todo el meneo que le ha dado a Starfox Starlin no me va a dar el final de siempre, con Thanos muriendo/jubilándose y todo volviendo a estar como estaba, y que ojalá le de un final digno a la historia que lleva contando durante más de cuarenta años.

A veces, solo a veces, Starlin deja que sus personajes tengan algo de humanidad y hasta te llega a dar la sensación de que lo que necesita es un editor que le lleve por el buen camino. Solo a veces.
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