Hoy vamos a hacer una cosa rara, porque en vez de hablaros de Todd McFarlane voy a hablar de sus consecuencias en otro autor. Para entendernos, cuando los futuros chicos Image empezaron a romper records de ventas, varios dibujantes veteranos se encontraron de repente que sus editores les exigían otra forma de dibujar muy alejada de su estilo habitual. Hubo dibujantes concretos, como Bob McLeod, cuyo estilo iba más por unas coordenadas clásicas más John Buscema o incluso EC que de repente se encontraron que tenían que cambiar de estilo brutalmente para poder vender, porque si no cualquier mal imitador de via estrecha del Jim Lee de turno les iba a comer la tostada. Y entonces Bob McLeod se transformó…

McLeod en su mejor obra, un dibujante “académico”.

Para los que no lo sepan, en 1993 Bob McLeod era un autor consagrado. Aunque en un principio su objetivo como dibujante tenía como referente a Mad Magazine en general y Mort Drucker en particular -un especialista en caricaturas de dicha editorial al que McLeod copió lo más grande durante su aprendizaje inicial- pronto redirigió sus aspiraciones profesionales a los comic books y empezó a tomar como referente el Neal Adams ilustrador y a John Buscema como narrador, con lo que en la mezcla de las tres referencias llegó a tener un estilo bastante clásico. Sin embargo no estamos hablando de un profesional que fuera de los de llegar y tocar el santo, porque McLeod cuenta que el mismísimo Joe Orlando llegó a decirle que tenía que volver a aprender a dibujar, y casi todos los editores de cómics de Nueva York lo habían rechazado. Cansado y necesitado de dinero, cuando Bob se encontró a Neal Adams lo único que le pidió fue un trabajo pagado, a lo que Adams respondió llamando por teléfono a Marvel y consiguiéndole un trabajo en el departamento de correcciones de rotulación.

McLeod entintado por Breeding. Todo normal.

McLeod aprovechó su nuevo puesto de trabajo para aprender de los dibujantes residentes de Marvel, con lo que terminó consiguiendo colar algunas colaboraciones para la versión de la editorial de Mad Magazine, Crazy. Trabajar en Marvel en los 70 era un tanto caótico, pero lo cierto es que el ambiente de trabajo era bueno y los sucesores directos de Lee y Kirby destacaban por ser los primeros fans profesionalizados, con lo que había más amor por el arte que por el dinero. Allí conocería a un tal Chris Claremont junto al que años después y ya como un dibujante consagrado, crearía en los 80 Los Nuevos Mutantes, serie en la que permaneceria durante más de un año con muy buenas ventas que mejorarían aun más -en EEUU, en España no- con su sustituto Bill Sienkiewicz. McLeod no era una superestrella, era un profesional que trabajaba para vivir y no vivía para trabajar, con lo que en ocasiones prefería apartarse de los focos y ganarse el pan como entintador, porque no dejaba de ser un dibujante lento. Para cuando llegaron los 90 tuvo varias colaboraciones en DC en las series de Superman anteriores a la Muerte de Superman, y es poco después de ese momento, con Image recien fundada y con editores forrándose con la burbuja especulativa, cuando Bob McLeod vuelve a Marvel y se fija en Todd McFarlane. Y entonces Bob McLeod se transforma en esto:

¿Pero aquí que ha pasado? ¿Y ese pelo de MJ? ¿Y esa expresividad to loca?

No, no os estoy tomando el pelo, esto es Bob McLeod en 1993. Es un Bob McLeod que desde el punto de vista del lector de New Mutants o Superman está irreconocible, pero que teniendo en cuenta los antecedentes que hemos ido repasando y sobre todo su pasión por Mort Drucker, creo que es algo impepinable: McLeod vió a McFarlane y debió pensar que si lo que vendía eran esas exageraciones y el rollo cartoon mal entendido, él tenía un estilo humorístico que presentarle a Marvel, él podía ser más exagerado que nadie y podía ser el más animal de los animales. Y vaya si lo hizo.

¡Esto era lo que quería hacer Bob McLeod cuando se metió en el negocio! ¡Y no, no me refiero a correr borracho detrás de chavalas semidesnudas, si no a seguir la estela del creador de esta ilustración, Mort Drucker!

Al final la cosa no fue mucho más allá, el nuevo estilo de McLeod no funcionó y al poco tiempo estalló la burbuja especulativa, con lo que todo el mundo tuvo que volver a hacer bien su trabajo. McLeod pronto volvería a su estilo “normal” y estos cómics quedarían como una curiosidad, una aberración de una época en la que dibujantes perfectamente validos y más que competentes se encontraron de morros con un relevo generacional que, a pesar de desconocer principios básicos del medio, vendía mucho más que ellos y ganaba cantidades que ellos no se atrevían ni a soñar.

A ratos me recuerda hasta a Bogdanove, otro al que aquellos tiempos le sentaron fatal.

Y sin embargo y a pesar de los altibajos de estos cómics de Spiderman -que ojo, el cambio de estilo ya lo planteó en algunos números de Superman- lo cierto es que a pesar de que en gran parte el cambio es a peor, me queda la sensación de que este McLeod está más suelto, se le ve más libre y es hasta más interesante a ratos que su estilo “normal”. De haber sido inspirado por autores más competentes como Brett Blevins o David Mazzuchelli creo que McLeod habría conseguido un resultado que lo completaría mucho más como autor. Pero claro, teníamos a la vuelta 1997 y el regreso triunfal de clásicos como George Pérez, con lo que el cambio de estilo nunca pudo durar…

Que por cierto, éste era el dibujante de referencia de Spiderman en aquel momento, por si se os habían pasado las pesadillas. No respiréis aliviados que mañana volveremos sobre él…

 

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