Y de nuevo esta semana nos toca dar una mas una mala noticia, esta vez por partida doble, ya que ayer jueves perdimos a dos auténticos veteranos del cómic estadounidense, Marie Severin y Gary Friedrich. Con numerosisimas décadas de duro trabajo a sus espaldas, ambos autores hicieron pasar grandes momentos a varias generaciones de lectores y por ello de nuevo (y esperemos que la próxima ocasión tarde mucho tiempo en llegar) desde aquí queremos rendirles nuestro pequeño y sentido homenaje.

Otro día triste para el mundo del cómic

Marie Severin tuvo la suerte de nacer en una familia que valoraba las inclinaciones artísticas (su padre había sido pintor y diseñador gráfico y su madre también diseñadora) y desde siempre la animaron a ella y a su hermano, el también dibujante de cómics John Severin, a dibujar. Fue precisamente gracias a este que Marie consiguió su primer trabajo en 1949, cuando John trabajaba en la EC Comics y necesitaba a alguien que colorease sus paginas. Un trabajo que se le dio tan bien que no tardo en encargarse del color de todos los cómics de la editorial. Y es que como ella misma recordaba en una entrevista, conocía bien el tema, sabia como combinar los colores para que estos destacasen mas y como exprimir al máximo la limitada paleta de colores que los sistemas de impresión de la época les permitían. Un trabajo que tristemente llego a su fin cuando la vergonzosa llegada del Comics Code acabó con la editorial.

Los humildes comienzos de una gran artista

Tras aquello tuvo una breve colaboración con Atlas (la futura Marvel) y aunque tuvo que dedicarse a otros trabajos pero sin abandonar su pasión por dibujar, encargándose de realizar gráficos para televisión, cómics educativos, etc. Pero a finales de los cincuenta le llego una nueva oportunidad de regresar al cómic cuando Sol Brodsky le ofreció dibujar una historia sobre las drogas en el mundo universitario para la revista Esquire, un trabajo que dejó tan impresionado a Stan Lee que le ofreció a Severin reemplazar a Bill Everett como dibujante del Doctor Extraño, donde ayudo a crear a un personaje tan clásico como el Tribunal Viviente. Pero no solo sus habilidades como dibujante fueron aprovechadas, sino que también fue la jefa de coloristas hasta la década de los setenta, cuando dejo buen aparte de sus responsabilidades para poder dedicar mas tiempo a dibujar.

Un personaje con uno de esos diseños que dejan huella

Dibujar, entintar, rotular, Severin toco casi todos los palos del proceso creativo del cómic y trabajo con todo tipo de personajes, desde dibujando a clásicos superhéroes como Iron Man, Daredevil o Namor a bárbaros como Conan o Kull o en las publicaciones satíricas de la casa como la revista Crazy o el cómic Not Brand Echh. De aquella época sin duda lo mas recordado sea la co-creación junto con el añorado Archie Goodwin de la Spiderwoman original (y diseñadora de ese uniforme que deberían recuperar) y de un villano tan grotesco como divertido, el Doctor Bong, junto con Steve Gerber. Aunque si hablamos de cosas para recordar es difícil no mencionar ese cómic que dibujó, protagonizado por Spiderman y Hulk, para ser impreso en rollos de papel higiénico (el merchandising que tiene esas cosas)

Ya en los 80 se encargo de la división de proyectos especiales de Marvel, la que se ocupaba de todas las licencias con las que trabajaba Marvel en la época, en la que su trabajo incluida ayudar a diseñar juguetes y también se encargo de las distintas lineas de productos enfocados al publico infantil como libros para colorear o el dibujo de algunos títulos de la linea Star. Pero a lo largo de las dos décadas siguientes su carga de trabajo se fue reduciendo poco a poco hasta dedicarse solo a colaboraciones puntuales como el coloreado del Superman Adventures de DC o el recoloreado de las reediciones de material de la EC cómics del gran Bernard Krigstein.

Que no se diga que no era versatil

Gary Friedrich por su parte, y tras una época de locura en la que se había convertido en toda la redacción de un periódico, entró en el mundo del cómic gracias a su amistad desde la adolescencia con Roy Thomas, quien le sugirió trabajar como escritor freelance para el mundo del cómic y con quien por aquella época compartió casa en Bleecker Street, en el Grenwich Village (si, es ESA dirección). Gracias a una recomendación de Thomas Friedrich comenzó a trabajar en la Charlton donde se encargaba tanto de sus títulos románticos como de los superhéroes, llegando a dialogar los primeros números del Blue Beetle de Steve Ditko. De allí no tardó en dar el salto a la Marvel donde se encargo de varios títulos de western y bélicos, incluido el Sargento Furia y los Comandos Aulladores y fue el co-creador junto con Dick Ayers de dos series que trataron de exprimir de forma descarada el éxito de esta ultima, Captain Savage and his Leatherneck Raiders y Combat Kelly and the Deadly Dozen.

Y todos obviamente tratando de beber del éxito del sargento Rock de DC

Sin llegar a ser nunca una estrella, Friedrich se había convertido en uno de esos autores de la casa en los que sus editores podían confiar en que siempre entregaría su trabajo de forma puntual y con una calidad consistente, soliendo encargarse de títulos que se encontraban en medio de una transición de equipos creativos o al borde de la cancelación. Pero aparte de trabajar para Marvel tambien tuvo ocasión de trabajar para editoriales mas modestas como Skywald Publications, para quienes creo en 1971 a un peculiar personaje de corta vida editorial, Hell Rider, un veterano de Vietnam reconvertido en justiciero que llevaba montado un lanzallamas en su moto para ajusticiar criminales y que cuesta creer que no inspirase aunque parcialmente al Motorista Fantasma. Pero para finales de la decada de los setenta Friedrich abandonó el mundo del cómic para regresar a su Missouri para trabajar como repartidor.

Si en los 80 la Canon hubiese adaptado esto se hubiera convertido en mi película favorita

Aunque sin duda, y de forma triste, por lo que muchos recordaran a Gary Friedrich es por la polémica en tornos a la autoría de la creación del Motorista Fantasma/Johnny Blaze, donde Friedrich afirmaba haber co-creado al personaje, y un Roy Thomas que su participación fue mínima y que al personaje lo crearon prácticamente en solitario el mismo y Mike Ploog. Un asunto que llego hasta los tribunales y que acabo solucionándose con uno de esos acuerdos a puerta cerrada de los que nunca sabremos demasiado y que sirve como triste testimonio de desprotegidos que han estado durante tanto tiempo los autores frente a las grandes editoriales (independientemente de quien tuviese razón en este caso concreto, si Friedrich o Thomas)

Que terriblemente mal asesorado debió estar en todo este asunto

Pero con lo que debemos quedarnos es con el recuerdo de dos personas que dedicaron un buen pedazo de sus vidas a entretener a los demas, que crearon historias para que lectores en todo el mundo y a lo largo de varias decadas disfrutasen leyendo, y eso no tiene precio. Así que lo único que podemos hacer ahora es recordarles y hacer que su memoria perdure.

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