Pues va a ser que tenemos suerte y todo, porque al elegir el verano de 2018 como referencia para estos posts hemos podido pasar directamente desde Claremont hasta la etapa de Steven Seagle y Joe Kelly en los mutantes, saltándonos por completo lo peorcito de los 90. Es esta una etapa de estancamiento, en el que la consigna principal que tienen los guionistas desde arriba es la de mantener el status quo y mantener a los personajes más o menos con los mismos uniformes que llevan en la serie de animación (los de Jim Lee). así, el peso de los cambios lo deberían llevar personajes como Arcángel o el Hombre de Hielo, que no aparecen por la tele y por ello no son “importantes”. Pero claro, Steven Seagle no se conforma con ello y va a por Jean Grey…

¡Pájaros, pájaros!

Lo primero que notamos en la portada es que -aparte del color informático- vemos un estilo “neo retro” que recupera el texto en las portadas, la cajetilla en el margen superior izquierdo y un diseño que, al igual que la Marvel de la época, trataba de recuperar las esencias de la editorial tras la borrachera de innovación mal entendida de los 90. Sin embargo, esta portada de Bachallo no creo que llame especialmente la atención, porque no deja de ser Cíclope pegándose con unos pájaros. Que digo yo que a Hitchcock la cosa le funcionó bastante bien, pero siendo esto X-Men uno podría esperarse algo más interesante que un Cíclope hipertrofiado pegándose contra las sombras de unos cuervos.

No es una solución elegante, pero supongo que debe de funcionar.

Otro dato a tener en cuenta de finales de los 90 en Marvel es que se prescinde de las cuadros-resumen que tanto nos gustaban y se pasa a poner un par de páginas describiéndote los miembros del grupo y resumiendo los últimos acontecimientos de la serie. Con lo que supuestamente ya deberíamos saber que poderes tiene esta gente y sus identidades, además de conocer que en los últimos números Scott está preocupado por el misterioso comportamiento de Jean y para colmo de males un shaman anda acosándolos como un mal follower de twitter. Llegados a este punto tenemos que tomar una decisión, ¿tenemos que tener en cuenta estas dos páginas de “exposición”? ¿Realmente los nuevos lectores leen esto y no pasan directamente de correos y demás, saltando del tirón a la chicha, al cómic? Voy a pensar que los nuevos lectores son buenos -que no lo son- y se leen estas cosas -y un cuerno, o por lo menos que las toman como referencia para entender lo que han leído -eso ya me lo creo más. Vamos con Uncanny X-Men 357…

Se supone que el macaco de la última viñeta de la imagen anterior y el chamán que aparece en esta son el mismo personaje, aquí los editores no han estado nada finos.

Y empezamos en Ptarmigan Creek, un sitio de Alaska que los inuit consideran tierra sagrada y que en estos momentos parece una escena de Los Pájaros de Hitchcock promovida por un cosplayer de World of Wacraft que ha llevado demasiado lejos su amor por su shaman. Pero fuera de tonterías, parece que estamos ante la típica historia de un indio tratando de reclamar su tierra al hombre blanco, cosa por la que no puedo culparlo, sobre todo si acaban teniendo a gente como Sarah Palin de gobernadora por la tontería…

Hank es de la escuela de Rondador, que ya no usa el inductor de imágenes ni para dar misa.

Y cortamos a Seagle dejando claro que las dos páginas de texto explicativo esas que impone Marvel se la pelan, y que prefiere presentarnos en una viñeta a los miembros del grupo en su identidad civil y llamándose por el nombre de pila unos a otros. Con la tontería ya sabemos que se llaman Hank, Bobby, Warren, Jean y Scott, que los dos últimos están casados y que son la Patrulla X. Y entonces llegan los pájaros del terror y tienen que salir escopetados…

El cómic que hizo llorar a Will Eisner (y a Steve Seagle, que narices).

El grupo se encuentra tratando de proteger a la gente de los pájaros, y mientras tanto Seagle aprovecha para contarnos que la Bestia ya no tiene apariencia humana, que Bobby es el hombre de Hielo, que Scott no puede usar sus rayos ópticos, que Jean es telépata/telekinética y, en general, tratan de capear el temporal sin sacar a relucir sus poderes e identidades secretas, porque por lo visto en el pueblo ese los conocen y no quieren ser aceptados como mutantes salvadores del universo. Así que entre puñetazos al aire y demás, no tardan en descubrir que el responsable de todo es el shaman loco ese, que se alegra mucho de echarles los pájaros encima. Y justo cuando Bobby iba a encargarse del interfecto, aparece el sheriff del pueblo diciendo que una porra el nota ese es un supervillano, que se dejen de tonterías y de la misma espanta a todos los bicharracos con unos tiros al aire; “tu puedes ser de Nueva York y tener Magnetos y Doctores Muerte, pero en Alaska no hay supervillanos”.

Cuando se habla de que el dibujo se pega con el guión te das cuenta del prodigio que eran los cómics de Claremont y Byrne.

Pero por mucho que el sheriff se tome a broma al chamán, Jean no parece estar en absoluto de acuerdo y se huele algo siniestro detrás de los pájaros, por lo que se ponen el traje de faena -ella el de fénix, aunque nosotros no sabemos nada de eso- y mientras Bobby se hace cargo del Shaman, Scott y Jean se encuentran con que los pájaros se han vuelto más violentos todavía y empiezan a tratar de merendarse gente, a pesar de que el sheriff sigue empeñado en que esto es algo normal y que los mutantes estos lo único que están haciendo es liarla. Que por cierto, Jean va a cara descubierta y el sheriff este la conoce; ¿usa sus poderes para esconderse o estamos ante otro caso Superman?

Charles Xavier lloró al darse cuenta de que habían pasado más de 35 años y Jean todavía torcía las rodillas al usar sus poderes como si se estuviera meando. Pero es que la chica era muy deforme, que se le va a hacer.

Tras varias páginas de pegarse con los cuervos, la cosa termina cuando Cíclope tira un rayo óptico muy gordo y los dispersa, así de simple. El chamán es desenmascarado como un farsante que iba por ahi repartiendo comida para pájaros y Hank descubre que ciertos vertidos químicos estaban provocando el cabreo de los pajarracos, aunque Seagle aprovecha para jugar a la ambigüedad y uno de los pájaros parece “salir” de la conciencia del chamán de marras. Y hasta aquí el homenaje a Hitchcock.

SUPER COMBO FINISH!

El mayor delito de este cómic es lo intrascendente que es y lo mal dibujado que está. Que para ser de los 90 no es de los peores, pero todos los vicios de los inicios del color informático, los dientes apretados, el amerimanga mal entendido y demás están presentes en cada una de sus páginas, y eso no acaba de ayudar a una historia que debería jugar a la tensión y al misterio. Que sí, que nos dicen en todo momento quienes son los personajes del grupo y lo que hacen, con lo que dejando de lado un par de interludios que al lector novato le pueden intrigar pero le resultarán completamente indescifrables -uno con Ave de Muerte y Bishop en una nave espacial, el otro con el enésimo científico loco queriendo “curar” mutantes- la única duda que nos podría quedar es la que siempre hemos tenido, a santo de que la gente tiene tanta tirria a los mutantes como para que esta gente tenga que estar escondiéndose.

Por mí, como si se los traga la nebulosa del membrillo.

La etapa Seagle/Kelly quedaría truncada no mucho después, porque los editores de Marvel no les dejaron resucitar a Fénix ni hacer lo que tenían en mente con la serie. El desaguisado posterior lo solucionaría Alan Davis para que poco después Chris Claremont justo en el peor momento en que podía volver; el nuevo orden de Quesada se aproximaba y llegaba con la idea de cambiarlo todo, con lo que Claremont no tuvo tiempo para asentarse y su regreso quedó como esto, como una vuelta en falso. Pronto el New X-Men de Morrison lo invadiría todo y marcaría los años siguientes de la serie, de los cuales todavía sería un pelín deudor el cómic del que hablaremos la semana que viene, con un Ed Brubaker incapaz de mostrar un trabajo a la altura de su nivel habitual.

Menudo mojón de etapa, madre.
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