Para rematar esta semana que hemos querido dedicarle al gran Steve Ditko es inevitable hablar ahora de sus últimos años, de esa época en la que quiso alejarse por completo de la industria y dedicarse simplemente a crear sin interferencias. Una época que no solo esta marcada por una libertad creativa absoluta, sino también por las obsesiones personales de Ditko. Una etapa complicada de su faceta artística que aunque indudablemente no es del gusto de muchos, es inevitable hablar de ella si queremos hacer un repaso, aunque sea por encima, de lo que fue su vida y su obra. Pero son también unos cómics que demostraban que a pesar de todo Ditko seguía teniendo un algo especial para tratarse de alguien que ya rondaba el siglo de edad.

Un genio, Ditko, visto por otro genio, Sienkiewicz

Y esta es una etapa de su vida que no se puede entender sin la figura de Robin Snyder, una ex guionista y editora que coincidió con Ditko es esta ultima faceta profesional en varias editoriales y que acabó convirtiéndose en su única colaboradora en la etapa final de su carrera y de su vida. Una colaboración que la llevó a ser su editora personal en este último tramo de la autoedición, la coordinadora de sus campañas de crowfunding para financiar sus proyectos y la encargada del envío por correo de estos cómics que no podían ser adquiridos mas que comprándoselos directamente a ellos (y no me cabe duda de que si Steve Ditko hubiese sido mas joven hubiese preferido encargarse el solo de todo eso también). Una duradera colaboración que dice mucho a favor de Snyder si consiguió que alguien como Ditko, que había querido alejarse de todo, no dejase de trabajar con ella en prácticamente dos décadas.

Incluso un genio como Ditko necesitaba a alguien que le echase una mano

Aunque uno de los problemas de esta etapa de autoedición es que por su condición de tiradas cortisimas que no podían conseguirse en tiendas, ha provocado que sea difícil poder leerlos ya sea por lo civil o lo criminal, por lo que es una etapa de la que apenas podemos opinar más que de forma superficial. De lo que circula por ahí lo que mas evidente resulta es que toda aquella ideología de Ditko (que algunos dicen que estaba inspirada en Ayn Rand y otros que simplemente coincidía con ella) que ya había empezado a asomar en sus trabajos desde hacia décadas., aquí y libre de ataduras editoriales de cualquier tipo se convierten en el impulso primario de esta etapa.

Para lo bueno y para lo malo Ditko era único

Ditko recupera aquí a algunos de sus personajes mas controvertidos como el famoso Mr. A (al que me gustaría dedicarse su propio articulo algún día no muy lejano) y esa mentalidad suya tan en blanco y negro como estos cómics autoeditados. Nuevos y viejos personajes se unirán a otros anónimos para protagonizar unas historias que, siendo generosos, eran pura propaganda ideológica que a ratos hasta resultaba confusa y que venía a configurar eso que algunos han querido llamar “Ditkoismo”. Una visión del mundo en la que las cosas son o blancas o negras, o buenas o malas, no hay termino medio ni compromiso posible. Si, en ese terreno se trata de cómics en ocasiones poco agradables e incluso difíciles de digerir pero en los que pese a todo aun se veía brillar al Ditko de antaño.

En etapa de su vida para Ditko ya solo existían dos colores

Es en el terreno artístico donde, siempre recordando que se trataba de un hombre que por aquel entonces ya se estaba acercando a los noventa años de edad, podemos todavía apreciar aquello que decía mas arriba, que cuando se tiene tanto talento como lo tuvo Steve Ditko, nunca desaparece del todo. Es cierto que su trazo ya no era tan firme como antes y que el nivel de detalle de sus paginas se había reducido muchísimo, en la mayor parte de las veces a la nada absoluta, pero aún dominaba (mejor que muchos dibujantes a los que triplicaba la edad) la expresividad de sus personajes, la forma de narrar y mantenía una imaginación desbordante a la hora de crear escenas.

El que tuvo retuvo

Y creo que lo mejor es recordarle así, pese a que él prefería que le recordásemos por lo que estaba haciendo en el presente, como ese genio del cómic que disfrutaba tanto con el mismo que nunca quiso dejar de dedicarse a ello, como a ese autor que tuvo una habilidad prodigiosa para diseñar personajes y una imaginación sin igual, como aquel anciano con fama de huraño que quiso aislarse del mundo pero que siempre tuvo tiempo para contestar las cartas de sus admiradores, que recibía con amabilidad a quienes tuvieron la suerte de poder visitarle en su estudio, que nunca tuvo una palabra desagradable cuando rechazaba propuestas de colaboraciones y que conservaba el buen humor de carcajearse cuando querían recordarlo por esas cosas del pasado que el ya había dejado atrás hace mucho.

La primera y la ultima paginas publicadas de Steve Ditko, y en medio de ellas pura historia del comic

Un pasado que aunque a el ya no le importase mucho, nos ha dejado a nosotros un gigantesco legado de sesenta y cinco años de cómics entre los que podemos encontrar algunas de las mejores paginas de la historia del medio. Y con esto termina, de momento, este pequeño homenaje que le hemos querido rendir a Steve Ditko, que como todos siempre se quedaran minúsculos frente a esa obra que quienes no la conozcan deberían lanzarse a por ella y los que ya le conocíamos aun estamos descubriendo joyas desconocidas rebosantes de talento. Y para los que quieran algo mas de información, recomendar aquel documental presentado por Jonathan Ross para la BBC en el que a través de testimonios de quienes le conocieron se tratá de dar algo de luz sobre un genio en cierto modo tan misterioso como muchos de sus personajes.

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