Steve Ditko (1927-2018) es y será siempre un gigante. Un coloso. Un titán, un maestro de esto del cómic y creador de algunos de los mejores personajes de la historia de la viñeta. Su desaparición sólo es comparable a la de Joe Kubert, Eisner o el mismísimo Jack Kirby, un artista con mayúsculas que seguía en activo y que seguro que nos seguirá dando sorpresas aun después de haberse ido.

Ditko en los tiempos en los que se dejaba sacar fotos.

Ditko creó a Spiderman, al Doctor Extraño, a Creeper, Question, al mejor Blue Beetle de todos, Shade, Halcón y Paloma, incluso creaciones menores como Speedball… Pero sobre todos ellos siempre destacará ese estilo totalmente distinto y personal, esa capacidad de ir contracorriente a pesar de que todos los demás le dijeran que estaba equivocado, esa característica única de los genios y los locos. Porque Ditko era un genio, y su Peter Parker, su Dimensión Oscura y todo lo que crecía en su mente y plasmaba en la viñeta cambió la historia del cómic, y siempre era un alivio saber que pasara lo que pasara, por lo menos nos quedaba aquel hombrecillo huraño encerrado en su casa y que usaba sus originales de valor incalculable para tapar humedades.

El único dibujante que pudo destacar sobre la sombra de Jack Kirby en la Marvel de los 60. Un auténtico maestro.

Su muerte nos ha pillado con el paso cambiado, de sopetón, y seguramente a lo largo de la semana que viene podremos escribir algo que esté un poco más a la altura de lo que significaba para nosotros; seguramente tendremos más artículos sobre su obra, series enteras de posts sobre su trabajo y su influencia en los demás. Hasta entonces, lo único que podemos hacer es decir que Steve Ditko fue un hombre que tomó sus decisiones y vivió su vida como quiso, y probablemente ése es el mejor halago que el quisiera recibir. Buen viaje allá donde vayas, maestro.

 

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