A principios de los 70 Martin Goodman vendió Marvel Comics a Cadence con la condición -una entre tantas- de que mantuvieran a su hijo Chip al frente de la nave, asegurándole un futuro dentro de la empresa. Cadence no cumplió lo acordado y se deshizo de Chip a las primeras de cambio, con lo que Martin Goodman decidió que si había conseguido el éxito una vez con Marvel, podría volver a hacerlo. Su nueva editorial de cómics se llamaría Atlas -uno de los nombres anteriores de la propia Marvel- y se nutriría de autores de Marvel descartados por esta última o que directamente habían sido fichados a golpe de talonario. Uno de los autores que “captaría” Goodman sería Larry Hama, un dibujante veinteañero que hasta entonces sólo tenía acreditados en Marvel tres números de Iron Fist, los primeros tras la marcha de Gil Kane.

Aquí Larry Hama dando katanazos, que se vea que escribe de lo que sabe.

Hama no duraría mucho en Atlas, porque en el mismo 1975 en el que se publicaron sus trabajos en Planet of the Vampires -guión suyo, dibujado por Pat Broderick- y Wulf the Barbarian -escrita y dibujada por el-, abandonó Atlas para volver a trabajar en un par de números de Ka-Zar, para volver a quedarse sin trabajo hasta ponerse a trabajar como editor para DC Comics año y pico más tarde, justo cuando la editorial andaba muy necesitada de personal porque acababa de inundar el mercado de nuevas series con la maniobra publicitaria llamada “DC Explosion”, que vino seguida por la extraoficialmente llamada “DC Implosión” que obligó a cerrar muchas series y mandar a muchos autores al paro. Hama sobreviviría con algunas colaboraciones puntuales como escribir alguna historia corta para Warren y otros trabajos no relacionados con los cómics -como actor, con colaboraciones en series como MASH o como creador de un personaje para Neal Adams llamado Bucky O’Hare- hasta ser contratado por Marvel como editor en 1980.

Nth Man, el que para mí es el mejor trabajo de Larry Hama.

En Marvel destacaría como editor de Conan y ‘Nam, pero su labor más conocida sería como  creador de GIJoe, un cómic basado en unos muñequitos fascistoides de una empresa juguetera de la que nunca salió nada bueno y en el que Hama se reveló como un guionista mucho más que competente. Sin embargo, el mejor trabajo de Hama como guionista en Marvel llegaría en 1989 con Nth Man, todo un perro verde sobre una tierra alternativa en la que un mutante con poderes semidivinos provoca la tercera guerra mundial por inspiración de Galactus -vale, he exagerado un poco, pero los que la hayais leído ya me entendéis-. Sería después de la cancelación de este último título cuando Hama, tras una breve colaboración en Vengadores tras la enésima espantada de John Byrne, se haría con el control de la serie regular de Lobezno junto a Marc Silvestri. Y con esto volvemos a donde lo dejamos la semana anterior, con Lady Deathstrike a punto de ser ahorcada por los nazis.

Lo que más me gusta es la nota de Hama definiendo a los falangistas como “rebeldes fascistas que luchan para derrocar la República Española con la ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista”.

Cuando digo nazis también podría decir “tropas nacionales apoyadas extraoficialmente por el ejército alemán”, pero Hama no se anda con tonterías y deja claro en todo momento que son nazis dirigiendo a falangistas que se quedan un poco con el culo torcido cuando Deathstrike -vamos a llamarla Yuriko, que acabo antes- se libra de la soga hinchando su propio cuello de ciborg superpoderosa. Enseguida hace buenas migas con el capitoste nazi, al que le viene a comer la oreja sobre que si capturan a Lobezno conseguirán su adamantium y el Reich lo premiará muy generosamente. El nazi pues claro, es un nazi del mal y como tal pierde el culo con tal de sacar tajada, con lo que se alía con Yuriko para capturar a Logan, que a duras penas intentan llegar a la montaña junto la “band of partisanos” de Inez.

Bueno, en defensa de Hama hay que decir que en Galicia si que llaman porco a los cerdos, con lo que podríamos decir que este era un falangista gallego vestido de soldado alemán. O algo.

Cuando los “camarados” de Lobezno llegan al campamento de los partisanos se encuentran que de ellos solo quedan Rick Blair -más conocido como George Orwell, el de 1984 y que hasta donde yo sé sólo estuvo en Cataluña y Aragón- y un tal Vicente, que les cuentan que acaban de tener un enfrentamiento con la guardia civil en el puente del ferrocarril que acabó en desastre y del que solo sobrevivieron ellos dos y un prisionero, un crío falangista. Para colmo de males y antes de que puedan pararse a descansar, otro stuka se lía a bombardearlos y deja malherido al pobre Puck, con lo que el grupo -después de que Lobezno se deshaga el avión, por supuesto- tiene que tomar la decisión de atravesar uno de tres pasos montañosos de “Eroica, Cultura y Progreso”, montes con nombres muy vascos todos ellos, para poder llegar al campamento del ejército republicano y operar al pobre Puck. No creo que haga falta decir que el monte más alto de Vizcaya es el Gorbea, está situado en el mapa en el lado opuesto a Guernica y ni de coña suele tener avalanchas primaverales.

Eroica, Cultura y Progreso, nombres todos ellos muy vascos.

Inez decide que vayan por Eroica porque es el más cercano y el único que permitiría sobrevivir a Puck, pero entonces sus camarados se dan cuenta de que todo esto lo ha oido el chavalillo falangista que tienen preso. Ante la imposibilidad de cargar con el todo el camino o de dejarlo ir libre porque largaría su posición a los fascistas, el grupo empieza a discutir quién mata al chaval hasta que Orwell lo suelta y lo deja ir con la idea de dispararle por la espalda “para que muera con algo de esperanza”, de lo cual Hemingway se queja a Lobezno y este solo dice que “el sabrá lo que hace, es lo correcto”. Por lo menos atrévete a mirarlo a los ojos, cabrón.

El niñato este fijo que era carlista, como si lo viera.

Poco después y mientras pasan por el paso montañoso, Orwell le pregunta a Logan si ya sabía que iba a fallar el disparo, a lo que Logan responde que “en la guerra, todo el mundo tiende a fallar en lo humanamente posible”. Pues agárrate, ¿no va el niño y va corriendo donde los nazis, y a poco que Yuriko le enseña las garras decide que ni santísima virgen ni gaitas, que Lobezno se ha ido por Eroico? Y claro, los fachas les dan alcance y se lían a tiros, con lo que Logan -que más que canadiense parece del mismo Bilbao- les dice a sus compañeros que sigan solos o no salvarán a Puck, que ya se queda el limpiando la basura. Y tras un rato de hacer el tonto con una ametralladora, Lobezno se deja de tonterías y nos hace un Superman:

¿Os he dicho ya que el traje marrón de Lobezno es el mejor que ha tenido en toda su historia?

Y así acaba el cómic, con Lobezno trinchando nazis, falangistas y soldados al servicio del fascismo por igual y Yuriko cargando contra él para poder quitarle todo el adamantium de los huesos. Vosotros no sé, pero creo que el viaje en el tiempo de esta gente ha trastocado tantas cosas que lo de Regreso al Futuro parece un sirimiri veraniego. Eso sí, como se enteren en el departamento de turismo del Gobierno Vasco de que ahora se puede esquiar por los montes de Vizcaya se van a poner muy contentos…

Orwell macho, si querías salir también aquí haber escrito Homenaje a Euskal Herria o algo así, ¡que luego queremos ser el novio en la boda y el niño en el bautizo y no puede ser!
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