Ser aficionado a la ciencia ficción y desconocer la obra de Philip K. Dick son cosas prácticamente incompatibles al tratarse de uno de los autores mas importantes e influyentes del genero. Y un autor del que aunque he leído mucho, aun tengo la suerte de poder seguir descubriendo obras. Ese ha sido el caso las pasadas semanas con el descubrimiento de Radio Libre Albemut, una obra peculiar dentro de la bibliografía de Dick y que aunque esta muy lejos de ser uno de sus mejores trabajos cuenta con demasiados puntos interesantes como para no recomendar su lectura, así que allá vamos.

Incluso un Dick “menor” era muy superior a muchos de sus colegas de profesión

Nicholas Brady era un hombre normal y corriente que vivía una aburrida y apacible vida y que trabajaba vendiendo discos. Pero al mismo tiempo que el Presidente Ferris F. Fremont ascendía al poder y convertía poco a poco a Estados Unidos en un estado policial donde la paranoia reinaba a sus anchas, Nicholas entró en contacto con una presencia de mas allá de las estrellas que le prometió que estaba en su mano el cambiar las cosas…

Como echo de menos este estilo de portadas

Esa pequeña sinopsis es algo engañosa, pero es que no quiero desvelar demasiado de la trama de esta novela, solo lo justo para picar la curiosidad y el interés de la gente ya que es un libro que con sus problemas y todo, vale la pena descubrir leyéndolo. Y es que demasiado a menudo Dick empieza a desbarrar soltando sus teorías sobre su particular visión de la religiosidad y tiene algún capitulo que otro cuya lectura se hace un tanto farragosa, pero si uno consigue superar esos pequeños escollos, esta obra tiene unos cuantos elementos que para mi han resultado muy interesantes. Y ahora si, a partir de aquí SPOILERS moderados sobre el libro, así que que cada uno siga leyendo bajo su propia responsabilidad.

Lo dicho, las portadas de antes eran todo un espectáculo

Lo primero que me llamo la atención fue lo “profético” que fue Philip K. Dick en la creación de ese adversario que nunca llega a aparecer como personaje en la obra mas que mencionado por otros pero cuya presencia es constante, el Presidente Fremont. Un presidente que entre cosas como obtener su primera victoria política compitiendo contra una mujer a la que venció en las urnas a base de soltar mierda sobre ella, su autoritarismo, su constante uso del miedo al “enemigo” para poner de su parte a los estadounidenses y las sospechas de que en realidad esta a sueldo de Rusia (la Unión Soviética por aquel entonces) hacen que resulte imposible hoy en día no acordarse inmediatamente de cierto mamarracho que reside actualmente en la Casa Blanca. Aunque para ser justos han habido tantos personajillos así en todas partes del mundo que mas que profeta habría que darle el merito a Dick de entender demasiado bien la naturaleza humana.

Esperemos que Dick no fuese realmente un profeta, porque de lo contrario pobre de nosotros

Aunque donde el libro se vuelve realmente interesante es con la inclusión del propio Philip K. Dick en la obra, convertido en un personaje mas, y no uno menor precisamente, sino en el mejor amigo y confidente del protagonista. Una situación que Dick aprovechó para ajustar cuentas tanto consigo mismo y con su obra, como cuando el protagonista del libro le acusa de hacer que todos sus libros estén protagonizados por el mismo arquetipo de personaje, para a a continuación describirse a si mismo o ese momento en el que trata de seducir a una jovencita con espantosos resultados (no le podemos negar que sabia reírse de si mismo). Unas cuentas que también ajustaba con compañeros de profesión que le habían acusado de tomar drogas, algo que el Dick de este libro negaba con todas sus fuerzas pese a que en la realidad acabo admitiendo por las mismas fechas en las que escribió el libro que efectivamente llevaba años consumiendo drogas.

Aunque por sus fotos nadie diría que tenia sentido del humor

Pero todo esto no impidió que, como decía mas arriba, el libro distase mucho de contarse entre lo mejor de su obra, una circunstancia que llevo a su editor a pedirle que lo reescribiese, lo que llevo a Dick a dejar su publicación apartada y reutilizar algunas de las ideas de Radio Libre Albemut en otra obra suya, VALIS. Pero finalmente, y tres años después de a muerte de Dick en 1982, Radio Libre Albemut vio finalmente la luz tal y como su autor lo había escrito, con todo lo bueno y lo malo que ello conllevaba. Un lado “malo” que se entiende mucho mejor conociendo un poco de donde venían muchas de las ideas que volcó en este libro. Y es que todas las visiones que sufre el protagonista a lo largo de la obra, sus revelaciones místicas y su particular visión del cristianismo derivan en buena parte del trauma sufrido por Dick tras un intento de suicidio que llevo a cabo unos pocos años antes de escribir esta obra, y de las secuelas y efectos secundarios que este dejo en el durante una temporada. Un momento trágico en la vida de este gran autor que sin querer convertir esto en un programa de cotilleo de tv, nos ayuda a percibir la obra de otra forma.

Se trataba de un hombre complejo lleno de problemas, pero también de un genio en su campo con el que la ciencia ficción tiene una deuda enorme

Pero resumiendo, incluso una obra menor de alguien como Philip K. Dick nos puede aportar muchísimo a quienes nos encanta este genero de la ciencia ficción, por lo que no dudo en recomendar su lectura a todos aquellos que comparten esta afición. Aunque dicho eso, también recomiendo que mejor hacerlo tras haber leído sus mejores obras (¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?, Ubik, Los Tres Estigmas de Palmer Eldritch, La penúltima verdad, el Hombre en el Castillo, etc) para no hacerse una idea equivocada de este gigante al que el genero le debe tantísimo.

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