Uno de los muchos puntos de fricción entre Diógenes y yo (y no son pocos) es que yo suelo defender que prefiero a los animales antes que a (la mayoría de) las personas. Por eso las historias protagonizadas por estos me afectan especialmente (WE3 me sigue pareciendo uno de los mejores cómics que he leído en muchísimo tiempo) Eso es en parte una de las razones por la que había pospuesto tanto tiempo la lectura del Pride of Baghdad de Brian K. Vaughan y Niko Henrichon (que aquí se tradujo como “El Orgullo de Bagdad”, perdiendo, o ignorando, el doble sentido del titulo original) ya que conocía la historia real en la que se inspira esta novela gráfica y sabia que este cómic me destrozaría emocionalmente, como así ha sido. Pero eso es también otra razón por la que hay que leer este cómic, por el gran trabajo de estos dos autores que consiguen que nos emocionemos con la existencia de cuatro leones que ganan su libertad en la peor de las circunstancias.

Hay que estar muerto por dentro para no emocionarse con esta obra

Zill, Safa, Noor y el pequeño Ali son cuatro leones que viven una pacifica y rutinaria existencia en el zoológico de la ciudad de Bagdad en Irak. Una existencia pacifica que llega a su fin cuando sus cuidadores huyen dejándoles abandonados, empieza a caer fuego del cielo y una terrible explosión les concede la libertad que algunos de ellos han ansiado durante muchísimo tiempo. Pero como se suele decir hay que tener cuidado con lo que se desea, ya que como pronto descubrirán esta manada de Leones la libertad que acaban de conseguir conlleva un altísimo precio…

Son libres si, pero a que precio…

Tras la lectura de este cómic me quede exactamente como esperaba, tocado emocionalmente, admirando un poco mas (si eso es posible) a Brian K. Vaughan y con la sorpresa de descubrir a un dibujante cuyo trabajo aun no conocía, Niko Henrichon, y que aquí me ha dejado mas que impresionado. Pero aunque es relativamente fácil jugar con las emociones de los lectores con historias de este tipo, Vaughan y Henrichon no se quedan en la superficie y aprovechando la anécdota real de la fuga de cuatro leones del zoo de Bagdad nos muestran a través de los ojos de estos animales los distintos puntos de vista que muchos Iraquíes debieron sentir ante su “liberación” por parte del ejercito Estadounidense, sin querer mojarse de forma muy explicita pero sin ocultar por donde van los tiros de la opinión de sus autores.

Dentro del zoo o fuera de el, con Saddam o sin el…

Un enorme trabajo que ni con todo el talento como escritor de Vaughan no hubiese sido lo mismo sin el increíble trabajo como artista completo (dibujo, tinta y color) de Niko Henrichon. Su trabajo aquí a la hora de reflejar toda la crudeza y belleza de la historia es para quitarse el sombrero, así como su maestría en el uso que hace del color y las luces haciendo que casi nos sintamos ante una fotografía y no un dibujo. Pero quizás lo que mas impresionado me ha dejado, ha sido la habilidad de Henrichon para dotar a sus personajes de una expresividad tan elocuente y manteniendo al mismo tiempo un delicado equilibrio entre el retrato realista de los animales y una caricatura “made in Disney”.

Y luego hay gente que no valora el trabajo de un buen colorista…

Y aunque me repito mas que el ajo, de nuevo digo eso de que este es uno de esos cómics que hay que leer. Principalmente por que es uno de los mejores ejemplo de todo lo que puede dar de si el medio, una gran historia, personajes ricos que consiguen que nos importen, un mensaje detrás que no es paternalista ni trata al lector como a un niño idiota y un espectáculo visual que hace que queramos colgar de las paredes muchas de sus paginas como las obras de arte que son ( que por algo le dieron el Harvey como mejor Novela Gráfica en 2007). Así que quien no le haya dado aun una oportunidad a este cómic o aun se lo este pensando, que no lo dude mas, la experiencia vale mucho la pena.

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