Eres malvado, Diógenes. Todo en tí es crueldad, y tu corazón está tan podrido que por tus venas sólo corre el odio. Cada vez que llegan las fiestas y M’Rabo lleva ya tres o cuatro meses atiborrándose a polvorones, Diógenes se pone a escudriñar desde su montaña de cartones a todos los viandantes que corretean estresados bajo las luces de colores, ebrios de una falsa felicidad llamada “cenas de empresa” y “compromisos familiares”.

-¿Va a venir tu novia la misionera?

-No abuela, la tienen secuestrada unos señores de la guerra.

-Ay hija, perdona. ¡Que malo es hacerse vieja!

Y te ríes de esto, porque eres un desalmado. Diógenes detesta tanto amor, porque para el un concepto casi alienígena. Por eso haces miserable la existencia de todo lo que te rodea, y por eso el universo te castiga con una vida bajo el puente, y aunque nadie se esperaba que duraran más de siete inviernos alojados entre cartones, Diógenes y su esbirro M’Rabo habían demostrado estar hechos de una pasta especial compuesta de ira, rencor y cabezonería. Pero hoy es un día distinto, distinto a todos los demás días festivos, porque hoy Diógenes tiene un plan:

-Voy a acabar los posts de Jim Shooter.

Y rió. Eres un desalmado, Diógenes.

Jim Shooter había sido el Editor Jefe de Marvel Comics desde 1978 hasta 1987, y bajo su supervisión la editorial publicó los mejores cómics de su historia.

-Los cojones.

Los mejores cómics después de la Edad de Plata.

-Bueno, vale.

Diógenes había publicado una serie de artículos repasando la vida profesional de Shooter hasta el momento en el que es nombrado Editor Jefe de la editorial, y justo cuando le tocaba hablar del periodo más interesante de su carrera, paró de publicar esos posts.

-Hay que dejar al público con las ganas, si no se va a otra cosa.

Eres malo, Diógenes.

Diógenes mira su reloj de bolsillo y sonríe perverso, ¡es hora de despertar a M’Rabo, su momento más feliz del día! M’Rabo duerme plácidamente tres cartones más abajo, sueña con ser Terry Crews, sueña con ser Will Smith, sueña con ser Damon Wayans, sueña con ser cualquiera menos Zaplana, porque sueña con ser un negro de los que no destiñen bajo el perverso sol europeo.

-¡Levanta ya, es hora de trabajar!

Trabajar venía a significar ir a un locutorio a levantar el Imperio Multimedia Pantarujo, porque Diógenes había leído en una novela de Orson Scott Card cómo conquistar el mundo mediante el noble arte de escribir mierdas en internet. Así, toda su maldad se había volcado en un proyecto basado en machacar las mentes de toda la humanidad con sus mamotretos hasta que le rindieran pleitesía y sumisión, porque Diógenes es malísimo y le encantan los palabros retorcidos.

Tras media hora de reproches mutuos, los dos desgraciados caminaban cual Don Quijote y Sancho, el uno contrahecho por el exceso de trabajo, el otro estirado por no haber trabajado en su vida, y entraron en un centro comercial para su aseo diario, consistente en robar betún para M’Rabo y echarse encima todas las muestras de colonia para Diógenes. El mecanismo sofisticadísimo que tenían para cruzar todos los controles del recinto se basaba en reptar por los agujeros de ventilación, lo cual había sido una idea de M’Rabo que había visto en una película, aunque como siempre se le atribuía a Diógenes porque, para no variar, él era la novia en la boda y el muerto en el entierro. Que ojalá fuera ya esto último, porque el infierno nunca está suficientemente cerca para gente como Diógenes:

-Anda que no cuesta colarse con tanta gente por todos lados, puta Navidad…

-Festivus.

-¿Qué coño dices?

-Festivus, Navidad es un nombre colonialista perverso que me ofende. Me lo han dicho en twitter.

-Si no es Navidad no toca comer polvorones.

-Ah bueno, pues es Navidad.

Una vez se han colado en el centro comercial, Diógenes se va a la perfumería y M’Rabo a por su ansiado betún, que se le ha acabado y ha tenido que venir con una bolsa de papel en la cabeza cual Irving Forbush. Se recrea M’Rabo en los segundos de libertad que pasa lejos de Diógenes, del canalla opresor de Diógenes. Observa los deliciosos turrones y polvorones, los dvds donde antes había tebeos expuestos, las tiendas de ropa, los culos de las turistas y suspira porque sabe que tendrá que volver con su amo en breve y su pequeño recreo pronto terminará. Y en esto que estaba probándose en un brazo los distintos colores de betunes -hoy busca un tono Sidney Poitier, que quería una negritud clásica- cuando se oyen los primeros disparos:

-Vaya por dios, ya está Diógenes liándola porque me he distraido un poco.

Un tipo enorme, más parecido a una tuneladora que a un ser humano, irrumpe en la tienda y procede a echar de malos modos al personal, que ignora completamente la presencia de M’Rabo porque, como siempre, se ha colado sin que le vea nadie:
-Menos mal que me he colado, porque si no seguro que me llevaba la Tuneladora -pero la Tuneladora procede a encañonar a M’Rabo, porque M’Rabo es idiota y lo ha dicho en voz alta:

-¿Pero tú que mierda eres? ¡Que puto gollum más asqueroso!

-Yo bueno, yo negrito sucio para lavar, bwana déjame lavarme y respeto su cultura, ¡todas las culturas!

Al ver aquella criatura repugnante acercarse, la Tuneladora no duda un instante y vacía su cargador sobre el pobre M’Rabo, que milagrosamente salva la vida gracias a la multitud de latas de betún que guarda bajo su podrida camiseta. Pero el malvado terrorista no se ha dado cuenta:

-No es nada jefe, es sólo que me encontré al tío más asqueroso del mundo y ha tratado de quitarme el arma y se ha matado solo. Muy asqueroso, ¿te puedes creer que tenía la sangre así como negra?

M’Rabo sigue haciéndose el muerto, pero su mente permanece muy viva. Porque puede que no sea un tipo muy espabilado, pero la memoria de M’Rabo es infalible y su rencor es eterno. Puedes haberlo mirado mal en un ascensor y el se acordará, puedes haberte comido la última galleta y el lo recordará, puedes haberle obligado a escribir en un puto blog de internet y se cagará en tu puta vida para siempre:

-¿Que me quede a aquí? ¡Pero si ya esta todo cerrado y tengo que recoger a Superman y Batman! ¡No hace falta que…! Vale, vale, profesionalidad -la Tuneladora cuelga- Me cago en mi vida…

Batman y Superman, M’Rabo conoce esos nombres. Seguramente estos terroristas odian los tebeos de DC, y fijo que también odian a Wonder Woman porque ni siquiera la han mencionado. Peor todavía, odian a Hal Jordan, al mejor de los Linternas Verdes, guardianes del espacio sólo comparables a los Caballeros del Espacio de Galador y el más grande de sus caballeros, Rom. Y sólo hay una persona que odia a Rom, Diógenes. Diógenes Pantarújez es el líder de los terroristas y por eso ha mandado a su sicario a matarlo, porque sabe que él jamás permitiría que los terroristas acaben con Rom, con Hasbro, con Superman y con Batman. Porque Diógenes es un Marvel Zombie de mierda, y Diógenes es malvado.

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