Nadie está seguro de donde vino la idea de llamar a New Gods, Forever People y Mister Miracle “El Cuarto Mundo”, pero a principios de los 70 los telediarios de EEUU empezaban a acuñar el término “Tercer Mundo” y a Kirby le pareció lógico que el siguiente fuera el cuarto. Lo cierto es que estas tres series, que conforman un todo de continuidad a ratos más severo que cualquiera de lo que se había visto hasta entonces en Marvel, iban a ser el centro de la producción de Kirby en DC, una especie de editorial dentro de la editorial, tratando de captar distintos espectros de público desde el más juvenil y convencional con Forever People y Mister Miracle hasta el más “kirbyano” con la odisea de Orion y los New Gods. Vamos con ello que cada vez nos queda menos espacio:

Jack Kirby junto al diseño original de Mister Miracle.

El planteamiento general de todas estas series viene de la destrucción de los viejos dioses -lo que originalmente iba a ser un Ragnarok en Thor- y la creación de dos planetas que son la antítesis el uno del otro, Apokolips y Nuevo Génesis. Mientras que Apokolips está poblado por monstruosidades que se putean unas a otras y parece eso la zona negativa de lo desastrosa que está, Nuevo Génesis es una utopía llena de gente joven riéndose y ciudades voladoras, y está gobernada por el único superviviente de los antiguos dioses, el Gran Padre -que seguramente iba a ser Odin o un Thor jubilado, a saber-. El Gran Padre y el tiránico dictador de Apokolips, Darkseid, mantienen una guerra que se sostiene a través de diversos agentes como Orion, Lightray, Abuela Bondad y demás gente que les hace el trabajo sucio. New Gods era la serie que abundaba más sobre este conflicto con una Tierra que parece el Berlin de la Guerra Fria, mientras que Forever People y Mister Miracle lo tratarían de forma más puntuales, con enfrentamientos personales que a veces acababan avanzando la trama principal cuando uno menos se lo esperaba.

El que diga que Batman es el único que ha sobrevivido a los rayos omega de Darkseid es porque no se ha leído The Forever People.

Y es que uno al leer los primeros números de Forever People, con aquellos crios hippies escapados de Nuevo Génesis, puede pensar que la serie es prescindible y que lo importante es lo de Orion, y no es de extrañar que fuera la primera en cancelarse. Se suele decir que Kirby siempre estaba demasiado avanzado para su época, y tal vez en 1971 no estaban preparados todavía para una serie de cinco jóvenes -la chica, el líder, el fortachón, el negro, el crío- que se enfrentan a las engendros que les envía el malo malísimo con el que nunca se pegan y para derrotarlo al final del episodio se fusionan en un ser superpoderoso llamado Infinity Man. Que algunos me dirían que esto es Captain Planet, pero en realidad lo que tenemos entre manos es la invención del Super Sentai, siendo los protagonistas los Power Rangers y Darkseid Rita Repulsa. Tengamos en cuenta que el Super Sentai como tal no se inventaría hasta cuatro años más tarde, y que la idea de juntarse en un ser más poderoso no se daría hasta 1979… Así que me temo que sí, que Jack Kirby inventó el Super Sentai.

Go, go Power Rangers!

Sin embargo y estando hablando como estamos de Jack Kirby, Forever People no se quedaría estancada en esa fórmula, y pronto empezaría a crecer unos números más tarde con la aparición de villanos como Glorious Godfrey y su fascismo de telepredicador, además de que pronto se descubre al portador de la ecuación de la antivida, comenzando así la confrontación directa del grupo con un Darkseid que no se corta un pelo en quitarse a los chavales de por medio y… Terminar la serie porque DC la canceló en el número 11, justo cuando Kirby ya se había librado de Colletta y estaba haciendo su mejor -aunque apresurado- trabajo junto a Mike Royer, un entintador que vivía más cerca de su casa y que estaba menos controlado por las altas esferas de DC.

Scott, Barda y Oberón. Si es que hay que quererlos…

Por su parte, Mister Miracle es la serie más superhéroica de las tres, y en mi opinión la más redonda. Se suele decir que Scott Free estaba inspirado por Jim Steranko -que era amigo de la familia- y que su novia, Big Barda, era la mismísima Roz Kirby. Jack se plantea la serie como un divertimento, como algo que poner en marcha y luego pasarle a sus ayudantes mientras él se dedicaba a cosas más grandes; ya desde que llegó a California había decidido organizar su casa como un estudio, manteniendo a sus dos ayudantes y futuros biógrafos Mark Evanier y Steve Sherman como chicos para todo que supuestamente iban a cargar con esta y otras series. Pero a DC le gustaban más las ventas de Mister Miracle que las de ningún otro título del Cuarto Mundo, con lo que forzó a Kirby a mantenerse en la serie. Y tenemos que reconocer que no dejaban de tener cierta razón, porque aunque puede gustarnos ver a Jack enajenado como el que más, la veteranía del autor en el género se notaba mucho en esta serie, con lo que la serie de Scott Free acabaría siendo la más redonda del Cuarto mundo a pesar de ser la más convencional; claro que “convencional” para Kirby seguía siendo un concepto muy distinto respecto al resto de series de DC de la época.

Las furias femeninas de Apokolips, no confundir con Thundra.

Y es que Mister Miracle está construida de una manera mucho más efectiva a la hora de atrapar al lector, manteniéndolo intrigado primero con el misterioso pasado de Scott Free, luego con el de Big Barda y desenredándolo todo en el clímax hacia en número ocho cuando todas esas tramas de Intergang, Apokolips y Abuela Bondad se acaban desenredando en un enfrentamiento delirante. Después de eso la historia se dispersaría un poco y bajaría un poco el ritmo, pero por el camino ya nos han dejado personajes carismáticos como Oberón, Barda o Scott para que el lector se enamore de la serie. Pero, lamentablemente y a pesar de que Kirby hasta recurrió al truco del sidekick con Shilo Norman, Mister Miracle también acabó cayendo en la cancelación, al igual que sus hermanas habían hecho unos meses antes. Y es que el Cuarto Mundo ya estaba herido de muerte con la desaparición de New Gods.

¡Pero eso no quita para que New Gods gráficamente le diera mil vueltas a casi todo lo que editaba Marvel en aquel momento!

Porque New Gods, con su mezcla de Doc Savage y Thor, era la serie madre y la que tenía que haber tenido más éxito al mostrar el mayor despliegue gráfico y fuegos artificiales de las tres, pero Orion nunca llegó a tener el carisma de Thor o del mismísimo Scott Free, que acabó revelándose como todo un tapado. Kirby seguiría trabajando en otras series como The Losers, Demon, Kamandi o en proyectos que Marvel no le dejó desarrollar en su día como OMAC -que en realidad era una historia de Capitán América muy parecida a la que Rick Remender desarrolló en su etapa- pero el fracaso de su universo dentro de DC hirió de muerte su compromiso con la editorial. Si algo había caracterizado la trayectoria de Jack Kirby era el no querer trabajar con los personajes de otros, con lo que el paso de Kirby por la editorial estaría cuajado de héroes y villanos completamente originales y muy distintos a lo habitual en DC Comics. Cualquier profesional con un poco de criterio podía ver que, pese al supuesto fracaso en ventas -que, entre otras cosas, fue algo forzado por una Marvel que se esforzó muy concienzudamente en mantener el precio de sus cómics cinco centavos por debajo de los de su Distinguida Competencia-, DC le sacó provecho de sobra a los cuatro años de contrato que firmó Kirby con ellos, y personajes como Superman enriquecieron su galería de villanos y secundarios enormemente al incorporar para sí a Terrible Dan Turpin, el Proyecto Cadmus, Darkseid y otros. Desengañémonos, si no fuera por Jack Kirby el villano de la película de Justice League sería Felix Faust.

Sandman, la última colaboración entre Jack y Joe.

Jack Kirby terminaría su etapa en DC con un regreso agridulce, el de su equipo creativo junto a Joe Simon en un relanzamiento de Sandman. Sería este un Sandman muy peculiar, más parecido al Leonardo DiCaprio de Inception que a Wesley Dodds y su máscara de gas, pero por la razón que fuera a DC no le gustó el trabajo de Joe Simon y decidió sustituirlo por un Michael Fleishcher que hacía un trabajo muchísimo más convencional y aburrido para Kirby. Consciente de que su contrato con la editorial acababa en breve y sin ver posibilidad de seguir trabajando en su Cuarto Mundo, Jack Kirby aceptó la oferta de una Marvel en la que ya no gobernaban ni Stan Lee ni Martin Goodman y abandonó a un Carmine Infantino que, aunque tenía buenas intenciones, nunca supo sacar a flote el barco de DC frente a la bestia parda de Marvel. Pronto la editorial volvería a ser reestructurada desde arriba y una tal Jeanette Kahn tomaría el mando de la nave, devolviendo poco a poco la cordura a una editorial que cargaba con el pesado lastre de años de autocomplacencia e incompetencia. Pero ya sería tarde para Jack Kirby…

O no. Porque en 1984 y con una DC ya en sus cabales, la editorial reeditaría todo New Gods y le encargaría a Kirby un capítulo final, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

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