¿Se puede adaptar Spiderman sin pensar en el binomio Lee/Ditko? ¿Adaptar Spiderman sin los infartos de la Tía May, sin el microscopio, sin JJ Jameson gritando y Peter tirándole los trastos Betty Brandt con su chaleco y la pajarita? ¿O podemos pensar en las ideas que subyacen debajo de todo eso y hablar de poder y responsabilidad sin martillear al espectador con esas palabras?

¡PERO QUE HORROR DE POSTER!

Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, ése es el mantra que Spiderman nos ha repetido desde su creación en 1963. Y bajo esa máxima se han creado la mayor parte de las adaptaciones del personaje, pero Homecoming presenta a un Peter Parker que en apariencia no está motivado por la culpa, si no por el ansia de hacer cosas grandes, de hacerse mayor y comerse el mundo. Durante la película, y sin mencionar al tío Ben de forma explícita, Peter descubre que jugar en las grandes ligas tiene un precio -conlleva una gran responsabilidad- y que no todos estamos hechos para usar tecnología alienígena chitauri, por mucho que El Buitre crea que el mundo le debe algo y está siendo injusto con él. Y ahi tenemos la responsabilidad como un tema principal de la película, con un Peter Parker que es un crío -no sólo por su físico más aniñado que el de sus antecesores, si no por el hincapié que hace el guión en que reaccione de forma infantil en muchas ocasiones- que quiere tenerlo todo y a ratos le dan igual las consecuencias.

El Peter Parker original hasta tenía ciertas ansias de venganza contra la sociedad.

Porque no lo olvidemos, uno de los -breves y maravillosos- encantos del Spiderman de Lee/Ditko y la razón de que se le revisite tanto en Untold Tales o en Ultimate viene del hecho de que Peter Parker no viene ya aprendido de casa. En Homecoming es un desastre usando sus poderes, no hace ni caso a su sentido arácnido -ni siquiera habla de él en toda la película ni parece que lo tenga, vaya- y hasta siente vértigo al colocarse a cierta altura, a pesar de que es capaz de aterrizar desde dos tres pisos de altura con la cara y no sufrir ningun daño importante. Y entonces claro, nos damos cuenta de que no tenemos ante nosotros un Spiderman como el de Raimi, que casi saltaba directamente de Ditko a Romita en una sola película, tenemos al Spiderman que trataba de unirse a los 4 Fantásticos en Amazing Spider-Man nº1, en realidad tenemos una historia no de origen de sus poderes, su traje o su nombre, si no de su identidad.

A falta de unos 4F, buenos son unos Vengadores.

Había miedo de que se perdiera su faceta como entrañable perdedor -¡en el trailer tenía amigos!- pero cuando ves la película y te das cuenta de que toda su clase le odia y no para de decepcionar a todo su entorno con sus idas y venidas como Spiderman, y sobre todo cuando la mayor parte de sus azañas como Spiderman acaban de lo lamentable a lo completamente desastroso, te vas dando cuenta de que lo importante de Peter Parker no es que sea un perdedor, es lo inasequible al desaliento que es. Y eso, al margen de que este Peter quiera ser Vengador o juegue con los legos del puto Ganke Leeds, está presente durante toda la película. El entusiasmo de Peter está ahi, y éso es lo que nos hizo enamorarnos del personaje. Spiderman es un personaje feliz al que le hacen todo tipo de putadas, pero va a seguir levantando la maquina gigante del Doctor Octopus y va a seguir teniendo fe en la gente. En Homecoming hay escenas en las que directamente tenemos a Peter tratando de jugar a ser un superhéroe como los de los Vengadores, tratando de intimidar, y descubriendo que eso nunca se le dará bien, que lo suyo es hablar con la gente, ser más Wally West que Bruce Wayne.

Para ser un personaje muy basado en Ganke, Ned no se hace tan insufrible. ¡Y menos mal!

Hay una renuncia en el Universo Cinematográfico Marvel de la que apenas nos damos cuenta por el contraste del “Murderverse” de DC o las mamarrachadas de la Fox con X-Men, que es el hecho de que los héroes de Marvel no se cortan en “matar” al malo. No hay juicios de moral en ello, hay muertes a cascoporro en su entorno, la gente mata para sobrevivir porque otra cosa “no sería creíble”. Y aunque Iron Man no busque nunca matar o torturar a sus enemigos, si que tira misiles contra tanques o se lía a tiros para entrar en la mansión del Mandarín. Spiderman no hace eso, nos devuelve a unos superhéroes en los que, como decía Slott, “todo el mundo vive”, y eso es algo que se agradece mucho en estos tiempos. Homecoming es una película que falla en muchos aspectos -el ritmo decae en ocasiones, el puto no-Ganke, escenas de acción que saben a poco, personajes totalmente irrelevantes y desaprovechados como la Tía May- pero en lo más importante acierta, porque te está dando un Spiderman completamente destilado para la nueva generación. “Su” Spiderman.

Es bonito que la pose con la bandera se la chafen con un gag.

Vivimos en un mundo que tiende a polarizarse entre “buenos y malos”, y algunos intentan hacernos creer que a problemas morales complicados lo mejor que se puede hacer es aplicarles la navaja de Occam y a otra cosa. Homecoming te deja claro que el mal no es algo que hagan solo demonios del noveno anillo del infierno, lo hace la gente que se siente desesperada, despreciada y como una consecuencia directa de una sociedad imperfecta. Que Los Vengadores pueden ser héroes maravillosos que salven el mundo de Thanos o Loki, pero a veces en vez de pegarse hay que hablar las cosas y sorprenderse del resultado. Spiderman era la pieza que le faltaba a Marvel y a la vez abre un camino para Sony que espero que sean capaces de entender, a pesar de que sus primeros spinoffs sean de personajes tan diametralmente opuestos a Homecoming como la Gata Negra o Veneno. Tienen un Spiderman que perfectamente les puede durar quince o veinte años en el papel y desarrollarlo durante ocho películas, así que más les vale no perder la cabeza como ya hicieron en su día con el tercer Spiderman de Raimi y dejar al personaje crecer a su ritmo; el fantasma del Tobey Maguire emo todavía sigue sintiéndose diez años más tarde.

 

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