A veces una serie, una película o un cómic te mira a los ojos y te dice que quería ser algo más, que lo siente muchísimo, pero que no consiguieron ir más allá. Y tu la miras y tratas de no ser demasiado duro con ella, de perdonarle la vida porque al fin y al cabo hizo lo que pudo, y hasta eres más bueno de lo que se merece. Pero eso lo hace gente con sentimientos, y el mayor fan de Iron Fist a este lado de la galaxia siempre ha insistido en que yo no tengo sentimientos, en que estoy muerto por dentro.

¡Y que conste que nada de lo que digo en este post es para joder a M’Rabo!

Vaya por delante que yo respeto a Puño de Hierro, porque como buen fan de Chris Claremont respeto el trabajo del maestro en todo lo que toca. Porque las aventuras de Daniel Rand eran un desastre hasta la llegada de Claremont, habiendo pasado por las manos de su creador Roy Thomas, Doug Moench y acabando en las zarpas del siempre incapaz Tony Isabella. Claremont reconstruiría el personaje, arreglaría sus contradicciones y nos lo entregaría como nuevo, limpio, dándonos el primer ejemplo de ese titánico equipo creativo que formaría junto a John Byrne. Y sí, ya os oigo decir “pero Diógenes, ¿para qué nos cuentas esto? ¡Queremos que nos hables de la serie de Netflix!” Y yo os diré que sí, que entiendo vuestra impaciencia, pero quiero que ante todo os déis cuenta de que yo no voy a criticar a esta serie por motivos espurios, que la voy a criticar por lo que es y no por lo bien o mal que adapte el cómic -de eso ya se quejará M’Rabo, que es el fanático que echa espumarajos en la boca o se pone gafas con cristales de color de rosa según le apetece-. Iron Fist es la peor serie de la Marvel de Netflix, por muy poco, pero lo es.

Que no Danny, que no es culpa de los actores. Que es culpa de Scott Buck, que no ha sabido manejar esta bestia.

Tanto Luke Cage como Iron Fist parecen producciones de segunda clase, realizadas con muchísimo menos dinero que las dos temporadas de Daredevil y hasta la de Jessica Jones. Allí donde el despliegue técnico de Daredevil hacían posible combates memorables con multiples extras y coreografías complicadas, o con realizadores con bastante cabeza que le sacaban todo el rendimiento posible al trabajo de éstos, en Puño de Hierro eso no pasa ni por asomo, a pesar de ser supuestamente el artista marcial más importante de Marvel con permiso de Shang Chi. Decía Rob Liefeld -que hasta los relojes estropeados dan bien la hora dos veces al día- que si Shang Chi había sido la versión Marvel de Bruce Lee, Puño de Hierro era la de Chuck Norris, un actor que allá por los 70 todavía era capaz de levantar el pie por encima de su cabeza y campeón invicto de artes marciales de EEUU durante casi toda su carrera como deportista. Y allí donde deberíamos haber visto a un Daniel Rand a imagen y semejanza del Norris que se pegaba con Lee en el coliseo romano, en esta serie vemos al Norris de Walker Texas Ranger, con coreografías sosas y sin peleas memorables que no están a la altura de lo que supuestamente es el personaje.

Como fan de Jackie Chan, este Drunken Master me da ganas de llorar.

Y no me vale la justificación de que este Iron Fist es novato o que no ha terminado su entrenamiento, esto es un problema de falta de medios, de poca habilidad de toda la producción para suplir con ganas la falta de estos; un montaje vertiginoso puede arreglar la pelea más sosa del mundo, pero ni los directores ni los montadores de esta serie han sabido darle el ritmo que esta serie necesitaba. Si en Luke Cage excusabamos esto porque al final no estamos hablando de un artista marcial si no de un tanque que aplasta todo lo que se le pasa por delante, en Puño de Hierro esto es inexcusable. Es más inexcusable aún si la ponemos en contexto respecto a Daredevil, serie que en sus dos temporadas ha mostrado a miembros de la Mano y no ha tenido ningún reparo en sacarnos ninjas en todo su esplendor con sus armas características y sus pijamas negros. En Iron Fist seguimos acomplejados, y los ninjas van en chandal. Y eso sin hablar del destrozo que hacen de personajes como Colleen o Serpiente de Acero, pero de eso ya que hable M’Rabo…

¿Por qué la droga lleva el símbolo de Serpiente de Acero? ¿Corromperá Madame Gao a Davos la segunda temporada?

Lo más triste de todo esto es que la mayor parte de los problemas de esta serie vienen por un guión que ha construido unos personajes complejos con sus propias contradicciones pero que es incapaz de sacarles brillo. Más de uno podría pensar que les ha pillado el toro y han filmado un guión que estaba falto de dos o tres revisiones, pero la realidad es que la serie vuelve a tener los mismos problemas de ritmo que ya tuvo en su día Luke Cage y hasta Jessica Jones, con la introducción de varios episodios “de relleno” que retrasan la resolución del conflicto final y aburren al espectador. Estoy convencido de que Iron Fist habría sido mucho mejor serie de haber durado siete u ocho episodios en vez de trece, y esto empieza a mosquearme porque normalmente hablamos de que las series “de grandes televisiones” mejorarían si duraran trece episodios en vez de veintiséis.

Y a partir de aquí, spoilers.

Lo peor de todo es que Iron Fist habría podido llenar perfectamente esos trece episodios sin recurrir al relleno, ya que con solo enseñar K’un Lun en algo que no fueran micro flashbacks insulsos ya completaban muchísimo mejor el personaje de Danny y nos lo hacían más interesante, sobre todo en lo referente a su relación con Davos y Shou-Lao. Habríamos tenido una serie con muchísima más personalidad -que tal y como está lo pide a gritos- que se completaría con unos personajes que, como decía, son lo suficientemente complejos -y numerosos- para que te cundan los trece episodios sin necesidad de rellenos innecesarios; su problemática va desde un Daniel Rand casi infantil que huye de sus responsabilidades y que no sabe que quiere de su vida, hasta unos hermanos Meachum que son polos opuestos entre un Ward que no quiere la vida que está viviendo y una Joy que no la quería pero que empieza a disfrutarla. Y todos ellos viviendo bajo la sombra de sus padres, con unos Rand no del todo limpios y un Harold Meachum totalmente acojonado de la muerte que vive encerrado en su torre de marfil chantajeado por la Mano de Madame Gao, el personaje que ya aparecía en Daredevil y que, más allá de decir que tiene más de tres siglos de vida y acojonar a todo el mundo, poco nos cuenta.

Los Meachum a ratos son lo mejor de la serie y a ratos sobran, pero lo que está claro es que para el final de la serie el personaje de Joy se lo pasan por…

Pero llega un momento en el que empiezan a meternos personajes que nos sobran, como es el caso de Bakuto, uno de los antagonistas de la segunda mitad de la serie del cual no acabamos de entender muy bien a santo de que aparece más allá de para mostrarnos lo confundidísimo que anda Danny. Bakuto ejerce de líder de secta con un punto psicópata que busca corromper a Daniel Rand, y que supuestamente pertenece a una rama de la Mano contraria a la de Madame Gao, que a su vez en Daredevil no tenía nada que ver con la Mano porque en su serie los gobernaba Nobu y Gao lo único que hacía era llevar su negocio de la droga… En fin, que al final se han montado una maraña enorme y Gao acaba convertida en una caricatura de personaje que se pasa el rato diciendo “uuuh, soy una vieja inmortal de K’un Lun, temedme”, y luego se pasa media serie secuestrada de la forma más chapucera posible, porque se la traen de China atada como un salchichón y sin pasar por aduanas por la magia de la elipisis. Un desastre absoluto que se ve coronado por la madre del cordero, Harold Meachum…

“Yo también soy inmortal, temedme más todavía.”

Porque vamos a ver, llegados a cierto punto de la trama, se habla de que matar está mal y que si Danny se carga a Harold Meachum manchará su chí y esas historias. En un contexto de “realidad” eso lo podemos entender, pero no cuando estamos hablando de que Harold es inmortal y hasta es capaz de regenerar un dedo amputado. Que todo el clímax final en el tejado se va al garete, porque Danny no tiene por qué cortarse un pelo a la hora de reventarle el bazo a Meachum porque el muy canalla lo regenerará como nada. Llega la cosa hasta el absurdo cuando hablamos de que Danny se ha pasado toda la serie metiéndose en habitaciones llenas de hombres armados con subfusiles y ahora está acojonado y se esconde de un ejecutivo entrado en años con una pistolita. Y el tipo encima que le persigue entre el millón de recovecos de todos los aparatos de aire acondicionado de la azotea mientras Danny se esconde de él metiendo la cabeza entre las piernas, ¡que estamos hablando del arma inmortal de K’un Lun, un tío que no lo ves ni venir y ya estás comiendo suelo! Y encima te ponen a los dos dándose palos, como si Harold debiera estar al nivel de los asesinos de la Mano de Madame Gao… Un absurdo.

¿Por qué Daredevil nos da ESTO y Puño de Hierro nos daba NIÑOS EN CHANDAL?

En fin, que Iron Fist empezó bien pero se nos echó a perder a medida que avanzaba la serie cuando se le acumularon tanto las tonterías que acabó cayendo por su propio peso. Una auténtica pena, porque todo esto no hace que seamos muy optimistas de cara a Defensores, que va a seguir con el rollo este de la Mano del cual Iron Fist me ha dejado un pelín harto. Pero vamos a ser optimistas y a confiar en el buen criterio de Douglas Petrie, que quieras que no el hombre hizo un gran trabajo en la segunda temporada de Daredevil y esa era buena -aunque no tan buena como la primera, para que negarlo-. En fin, que ya veremos…

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