Amanecer Manga (I) – La Invasión: La semana del manga

Comenzamos hoy otra de nuestras semanas temáticas, dedicada en esta ocasión al cómic venido desde el País del Sol Naciente, Japón. En el artículo de hoy y en el de mañana trataremos de contar un poco como fue el desembarco del manga en España, su impacto social, que es lo que salió bien y que es lo que salió mal. Nuestra historia empieza a finales de los 80, con un mercado del cómic que durante decadas había consistido en Bruguera «y el resto», y en aquel momento todavía se dolía de la caida de la editorial de Mortadelo. Si a eso le sumamos que la mayor parte de las revistas genéricas de cómic surgidas durante la transición estaban empezando a desaparecer una tras otra, y que los superhéroes importados por Zinco y Forum copaban la mayor parte de los expositores de los quioscos, parecía que el futuro iba a consistir unicamente en lo que nos viniera de EEUU. Sin embargo, algo estaba a punto de cambiar…

Akira, punta de lanza de la invasión.

La palabra clave es Akira, un personaje y un autor. El personaje da título a una película de dibujos animados japonesa que llegó a estrenarse en cines, Akira: «NeoTokyo esta a punto de E-X-P-L-O-T-A-R», dice el eslogan de la película, con un personaje que no se llama Akira monopolizando todo el espacio de la portada. Hasta entonces, y ya desde los 70, estábamos acostumbrados a la animación japonesa, a series como Comando G (el Gatchaman de Tatsunoko Productions) o Mazinger Z (el bruto mecánico de Shueisha), además de culebrones como «Candy, Candy» o adaptaciones de clásicos literarios como Heidi. Las series japonesas eran baratas para las televisiones, pero hasta entonces nadie se había preocupado por los materiales originales en los que podían basarse. Sin embargo, con Akira pasaba algo especial; la película estaba realizada por el autor del cómic original, Katsuhiro Otomo: era una obra de «autor». Si a eso le sumamos el hecho de que el final de la película dejaba más preguntas que respuestas, no es de extrañar que a aquellos espectadores de los 80 les empezara a interesar el cómic japonés, con lo que la palabra «manga» empezó a surgir por los mentideros del cómic.

Portada de la reedición de Akira de Ediciones B, aprovechando el boom del manga. Si la primera era cara, la segunda en tapa dura os podéis imaginar…

De pronto te encontrabas que en el último número de Spiderman, Batman o Nexus algunos lectores preguntaban si se iba a editar Akira. Las editoriales se rascaban la cabeza, pilladas por sorpresa; nadie sabía quien era el propietario del manga, nadie sabía como conseguir esos derechos. En algunos lugares del mundo (esto es, en Francia) se estilaba mucho el capturar fotogramas del anime y hacer cómics con ello, pero la cosa cantaba mucho y el que estaba pidiendo el manga original de Akira no habría sido tan facil de engañar. En EEUU Marvel Comics había empezado a editar el manga recoloreado, con lo que el candidato con más papeletas para llevarse el gato al agua era Cómics Forum, el brazo historietístico de Editorial Planeta, por ser quienes tenían la licencia de editar todo lo de Marvel en España. Sin embargo, de repente aparecieron los restos de Bruguera con su sello Tebeos S.A. (que por aquel entonces publicaba cosas de la independiente First, tiras de prensa y alguna cosilla meritoria como las Nuevas Aventuras del Capitán Trueno) y mediante un acuerdo con Glenat Francia empezó a editar Akira en tomos de tapa blanda, recoloreados al estilo de la Marvel y a 64 páginas, en una edición un pelín cara. Tampoco era la forma más apropiada de publicar un manga, con lo que no consiguió precisamente que el mercado saltara por los aires…

Nosotros ni sabíamos que esta serie era japonesa…

Sin embargo, Akira era lo que se llama una pica en Flandes. La gente ya empezaba a saber que había cómics en Japón, algunos hasta sabían que se llamaban mangas, y que la mayor parte de las series de dibujos japonesas estaban basadas en un cómic. A esta situación hay que añadirle otra coincidencia; tras años de tener sólo un par de canales a nivel nacional, en la España de los 80 empiezan a aparecer canales autonómicos totalmente nuevos que necesitan rellenar con contenidos baratos, con lo que gente como el productor Mario Bistagne empiezan a hacer de intermediarios con Japón y a traerse las series de productoras como Toei o Tatsunoko. De repente, los niños ya no se estan criando sólo con Espinete o Sherlock Holmes (el de Miyazaki), se estan criando con las historias absurdas de una niña androide o las animaladas de un crío con cola que no levanta dos palmos del suelo y es más fuerte que Arnold Schwarzenegger. Ambos críos, tanto Arale como Son Goku, eran creación del otro Akira que mencionaba al principio de este texto, el autor Akira Toriyama. Los niños de finales de los 80 descubrirán a ese crío a la hora de la merienda y para cuando lleguen los 90, tendrán una petición unánime: Queremos todo lo que sea de Son Goku, queremos el cómic de Dragon Ball.

La serie culpable de casi todo.

Y otra vez nadie lo había visto venir, y empezó una atropellada carrera por los derechos. Sin embargo, Ediciones B ya estaba viendo los discretos resultados de Akira y daba por supuesto que el fenómeno manga no iba a ser para tanto. Zinco no estaba para muchas alegrías más allá de algo del fumetti italiano, Norma se daba con un canto en los dientes si conseguía algo americano para editar y con lo que financiar su Cimoc y sus carísimos álbumes europeos (en aquel momento había una guerra entre aficionados a los superhéroes y el cómic europeo, entre los frikis siempre tienen que pegarse…) y Ediciones la Cúpula… Pues la Cúpula siempre fue a su bola. Así que le tocó meterse en el fregao a Cómics Forum, a gente que hasta entonces lo más parecido a un manga que había publicado era Belfy y Lillibit. Las negociaciones por lo visto se alargaron bastante, y por el camino trajeron más material que Dragon Ball; nadie sabía quien era el dueño de los derechos, que hasta entonces tenían como referencia algo llamado Toei Animation y poco más, con lo que Forum lo primero que hizo fue llamar a todas las puertas, incluyendo al editor de mangas por excelencia en EEUU, Viz Comics (que aprovechó para venderles unas cuantas series). Mientras tanto, Forum publicó cosas como Tigre Wong y Drunken Fist, cómics (manhwas) de artes marciales que venían de Hong Kong y no de Japón, con lo que tuvieron un éxito bastante discreto.

Los tebeos de la Jademan, que se publicaban en el mismo formato que Spiderman o X-men y bajo el sello de Forum.

Tras pedir ayuda a las altas esferas de editorial Planeta, contactar con la embajada japonesa, perseguir gente por Frankfurt y ahogarse en un mar de faxes (Don Antonio Martín dixit), Forum consiguió por fín los derechos. Por lo visto estaban en manos de una editorial llamada Shueisha, que los editaba en una revista llamada Shonen Jump que allá por Japón debía de ser bastante famosa. Conscientes de que tenían un bombazo entre manos, Forum tuvo que lidiar con las exigencias de un editor japonés al que le interesaba más el ser editado decentemente que el dinero que le pudiera llover del cielo (poco, comparado con el que conseguían directamente en japón). Por lo visto habían tenido malas experiencias con un editor francés (esa manía de sacar fotogramas del anime y llamar a eso tebeo) y se pusieron bastante quisquillosos, obligando a Forum a publicar el manga desde el número uno (y no desde los últimos episodios que no habían salido en el anime, que era lo que les iba a resultar más comercial al ser una historia inédita) y a publicarlo en el blanco y negro original (¿Son Goku en blanco y negro? ¡Pero eso es una locura en un comic infantil/juvenil! ¡Esto no es Conan!). Sin embargo, la cosa salió adelante…

Primera aparición del sello «Planeta-Agostini Comics». Un pelotazo tan grande no podía atribuirsele a los mascachapas de Forum…

Y así es como en el segundo trimestre de 1992 Forum empezó a editar bajo el nombre de Planeta Agostini Comics (vaya usted a saber el porqué del cambio de nombre) sus primeros mangas japoneses que no venían de Hong Kong. Los mangas, que venían con un sello con dos caracteres japoneses que olían a oriental que se mataba, eran El Puño de la Estrella del Norte y Crying Freeman, ambos fruto de las negociaciones con Viz Comics y que disfrutaron de un éxito bastante discreto (y que se parecían tanto entre ellos como un huevo a una castaña). Un més después saldría a la venta la serie semanal de Dragon Ball (serie Blanca) y la serie mensual (serie Roja, que empezaba con el final de la saga de Freezer). Las tiradas se agotaron enseguida, los niños se volvieron locos y una generación completa se echó a perder. La invasión manga había empezado…

Sí, a pesar de todas las trabas de los japoneses, en los anuncios Son Goku iba de azul…

Suscribirse
Notifícame de
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

2 Comments
más antiguos
más recientes más votados
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios
Nayuki
08/10/2012 14:12

Muy bueno el post. Yo no nací a tiempo para ver la invasión, pero recuerdo de pequeña haber visto mucho anime como Lum la chica invasora, Reena y Gaudy, pokemon y por supuesto Dragon Ball. Ahora es mas dificil encontrar algo de anime en la tele es una lástima que ya no se emita tanto