Los Tres Mosqueteros de Paul Anderson: Ni Alejandro Dumas borracho

Ah, Los Tres Mosqueteros… Una de esas historias que nunca pasa de moda, de las más adaptadas por el cine, capa y espada al viejo estilo, con buenos y malos y diversión asegurada. Y una porra.

 

Mira que pedazo de historia, que pedazo de presupuesto, que pedazo de… Paul Anderson.

Porque si pones a Paul Anderson a adaptar algo, espérate cualquier cosa. El hombre conocido por superarse en Resident Evil haciendo cada secuela peor que la anterior, el director de cine que siempre quiso ser Uwe Boll pero que nunca bajo de mediocre, lo ha conseguido una vez más: Los Tres Mosqueteros tiene dirigibles con cañones, sí, pero es un coñazo insufrible.

 Tito Pullio, ¿pero qué haces ahí?

Y eso que el casting está bastante apañado. Tienes al Tito Pulio de Roma (Ray Stevenson), a Christopher Waltz (el nazi de Malditos Bastardos, que tan de moda esta ultimamente), a Orlando Bloom haciendo de malo (¡el pérfido Légolas!) y a Milla Jovovich haciendo de Milady de Winter. Con esto podíamos haber hecho algo decente, ¿no? Empezar una franquicia, ver como aumentan los ceros de la cuenta bancaria, todo eso… Pero los errores empiezan ya desde el principìo con la elección del guionista, porque aunque uno podría esperarse algo mejor del guionista de las películas de Bridget Jones (sí, ¡por lo menos algo mejor que esto!)  la dirección de Anderson remata la jugada dejando que los actores se tomen a cachondeo la película y se limiten a leer sus lineas y lucir modelitos. Un horror.

Tu no te preocupes que por mal que lo hagas, yo ya lo habré hecho peor…

Lo único bueno de ese guión es que se basa parcialmente en Los Tres Mosqueteros, ya sabes, D’Artagnan llega a Paris con una mano delante y otra detrás, se bate en duelo con los tres mosqueteros a la vez y acaba convirtiéndose en héroe por defender el honor de la Reina de Francia. Lo que no se es que clase de enfermo mental dijo «y hay zeppelines».
Que, no nos engañemos, se puede liar bien gorda en una película de estas y darle una vuelta de tuerca steampunk a la historia, sí. Hay que dejar a la gente hacer y todo eso. Sin embargo, los zeppelines son una excusa para flipar al personal y alargar la trama más todavía de cara a una secuela. Porque claro, eso de las persecuciones a caballo ya no esta de moda, mola más poner a la Jovovich saltando entre sistemas de seguridad supercomplicadísimos que tienen láseres por todos lados a lo Misión Imposible. El problema es que en el siglo XVII no había de eso, asi que ponemos un monton de hilo blanco y decimos que eso es el sistema de seguridad. Pues a ver quien coño lo ha puesto sin que se salte la alarma y cómo ha salido de allí…

«Yo lo siento, pero es que Paul me oyó decir que me encantaban Los Tres Mosqueteros y de repente… Pues ya ves.» 

Pensaba escribir algo más detallado sobre la película, podría hablar del nulo papel de Richelier en toda esta historia (bochornoso como maltratan al personaje, que no deja de ser uno de los mejores villanos de la literatura), pero la película es una «absorbe cerebros» que te deja preguntándote que cojones acabas de ver. Para entendernos, es lo más parecido a una borrachera, y llega un momento en el que te olvidas de tus problemas y lo único que te queda en la cabeza es la penosa sensación de que a tus años sigues bebiendo un extraño mejunje de Don Simón y Cocacola mezclado por Paul Anderson.

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M'Rabo Mhulargo
Admin
M'Rabo Mhulargo
29/11/2011 15:27

Y yo que esperaba que fuese medianamente potable… Al menso queda el consuelo de ver que Ray Stevenson ha sido miembro de los Tres Mosqueteros y los Tres Guerreros xd