Hoy quiero retomar el tema aquel de que no hay personajes malos, porque esta semana me he leído el primer número de The Fury of Firestorm de Jeff Lemire y Rafael De Latorre y no solo me ha encantado este casi nuevo enfoque que le han dado al personaje, sino que me han dejado con unas ganas enormes de leer el siguiente número, y esto es algo que jamás me había sucedido con este personaje. Y como siempre es de agradecer el encontrarnos con equipos creativos capaces de hacer interesante lo que nunca me había interesado, quiero hablar de lo que me ha fascinado de este nuevo relanzamiento.

Desde siempre Firestorm había sido para mí poco más que un diseño que me gustaba (de Al Milgrom nada menos) y poco más, nunca me había llamado la atención ni como héroe en solitario ni como miembro de un grupo, y todos los relanzamientos por los que había pasado, cambiando a alguna de las personas que se fusionaban para darle vida, me habían dejado indiferente. En todos estos años lo único que me había llamado realmente la atención fue aquella era a finales de los noventa cuando quisieron convertirle en un elemental del fuego, como la Cosa del Pantano lo era de la vida vegetal (durante la etapa de John Ostrander y Tom Mandrake), pese a que el rediseño me parecía un horror. Y algo así es lo que me ha intrigado de esta nueva etapa, ya que pese a que no parece que vaya a ser una repetición de aquella historia, sí que temáticamente va en una línea similar al explorar la idea de que Firestorm es más de lo que aparenta en la superficie.

Para ello Lemire y De Latorre han tirado de un enfoque que no es precisamente novedoso, pero que suele dar mucho juego, el poder casi absoluto y una falta total de inhibiciones. Algo que en mayor o menor medida hemos visto con el Doctor Manhattan, Miracleman, el Capitán Atom en la reciente miniserie que co-protagonizó con Jenny Sparks, etc. Personajes con los que hemos visto que esos poderes casi divinos en manos de seres con una mentalidad más o menos mortal son una mala combinación. Algo que aquí han llevado hasta el extremo, jugando con la idea de que Firestorm siempre fue un peligro tremendo en potencia que por suerte rara vez buscaba llegar al límite de sus habilidades de transmutación molecular.

Y así es como nos encontramos a este Firestorm llegando a una pequeña ciudad estadounidense como si fuese un niño curioso encontrándose con un hormiguero y explorando todo lo que es capaz de hacer. Con una nada sutil analogía que equipara a Firestorm con Dios, vemos cómo durante una semana fuerza sus habilidades al límite, transmutando tanto la ciudad como a sus habitantes mientras va dejando de lado poco a poco los restos de emociones que le quedaban con cada nuevo acto abominable. Un planteamiento propio de una historia de terror que nos recuerda lo realmente poderoso que es este.

Pero lo realmente interesante no es esto, héroes y villanos deshumanizados actuando como dioses para quienes los mortales no son nada no es nada nuevo, y a lo largo de los años nos hemos encontrado infinidad de variaciones de esos temas. Lo interesante para mí aquí son las razones detrás de ello, qué es lo que ha llevado a este personaje que por lo general en la mayoría de sus versiones tenía una personalidad bastante clásica de héroe boy scout, a convertirse en esta criatura que está más allá de la crueldad, que hace lo que quiere simplemente porque puede y porque sabe que nada ni nadie puede impedírselo.

Un aspecto del que no quiero entrar en detalles porque es lo que parece que va a ser el foco de esta nueva etapa, algo que se nos revela hacia el final de este primer número y que provoca que tanto lo que hemos visto al comienzo como todo lo que conocíamos del personaje lo veamos desde otra perspectiva. Una que igualmente tampoco se puede decir que sea enteramente novedosa, pero esto es lo grande de estas historias de género, que incluso las ideas mil veces vistas, tópicos y lugares comunes, pueden dar lugar a historias de lo más interesante simplemente enfocándolo de una forma algo diferente a lo habitual, y al menos por ahora este cómic lo está consiguiendo.

Por su parte Rafael De Latorre, un dibujante a quien descubrí hace una década en Animosity, y hay que ver cómo ha evolucionado y mejorado desde entonces, acompañado del color de Marcelo Maiolo, consiguen reforzar esa sensación de horror fantástico a base de mostrarnos un mundo lo más real posible. Este cómic posee un estilo visual que parecería más propio de una historia de serie negra o protagonizada por alguien como el Castigador, pero al encontrarnos las habilidades sobrehumanas de Firestorm en acción, y de esta forma tan horrible, ese contraste entre lo real que parece el mundo y lo irreal que resulta su protagonista, provoca que esa sensación de horror aumente. Y eso que, como De Latorre demuestra aquí, no se le da nada mal adoptar un estilo más superheroico retro cuando es necesario, por lo que contando con un artista tan versátil aquí es otra garantía de que estamos ante un cómic al que vale la pena echarle un ojo.

Y mientras sigo sorprendido de que me esté interesando un cómic protagonizado por Firestorm, esto no deja de ser otro recordatorio del buen momento creativo que llevan viviendo en DC en los últimos años (como si hubiesen dejado atrás algo que lastraba la editorial) con una oferta de títulos de lo más amplia en todas sus líneas editoriales. Así que si por ahí hay más gente que como yo no se molestaba ni en recordar que este personaje existía, toca darle una oportunidad a esta nueva serie que vuelve a demostrar que efectivamente no hay personajes malos.
