Para muchos John Higgins es solo el colorista de Watchmen y Batman: La Broma Asesina, que no es poco. Pero también es un veterano y consumado artista que durante décadas ha dejado su huella en muchas series de 2000 A.D., Mundo sin Fin, Hellblazer, Dreadnoughts y muchas otras. Y entre toda esa obra descubrí hace poco un cómic muy especial, y no demasiado conocido, en el que Higgins quiso comprobar si podía ser también un buen escritor (aunque contó con una ayudita de Michael Carroll), Razorjack. Una miniserie de dos números en las que nos encontramos con un enfrentamiento entre las fuerzas del mal y del bien, con la Tierra como campo de batalla y que, pese a que no llegó a tener una gran continuidad, es una lectura interesante que nos permite descubrir otra faceta de este gran autor.

La distorsión está gobernada por la mano de hierro de la demoníaca reina Razorjack, quien a través de sus leales y sanguinarios lacayos busca expandir su poder hacia otras dimensiones. Pero el camino para ello no es fácil, ya que esta no puede viajar sin más a otros mundos, necesita ser invitada, y para ello cuenta con servidores que, mediante rituales y sacrificios, preparan su llegada a la Tierra. Aunque allí, y sin tener ni idea de lo que les espera, una pareja de policías que tratan de poner freno a la corrupción en el cuerpo se verán implicados de lleno en esta guerra entre las fuerzas del bien y del mal, de la que depende el futuro de toda la humanidad.

Razorjack fue originalmente una miniserie de dos números publicada en 2001 que continuó brevemente a través de dos historias cortas que exploraban el pasado y el presente de sus protagonistas, y aunque nos deja con ganas de más, ya que esto es apenas un prólogo de lo que podría haber sido, sigue siendo una historia completa que nos permite asomarnos a la imaginación de John Higgins. Y lo que nos encontramos aquí es un comic que se encuentra a medio camino entre lo que se hacía en la Vertigo de sus primeros años y 2000 A.D., con una dimensión demoníaca bastante alejada del tradicionalismo y más en línea con lo que podríamos ver en películas como Hellraiser, y una trama en la Tierra que parece beber de series como Expediente X.

El resultado es una mezcla de temáticas y enfoques bastante curioso, pero que funciona. La guerra eterna entre Razorjack y su némesis Lady Helen nos presenta un giro inesperado. Mientras que en la Tierra los acólitos y matones armados a las órdenes de la autoproclamada reina de la matanza no saben realmente el destino que les espera, y dos detectives de policía se encuentran con que su investigación ha dado un giro radical hacia lo fantástico, hacia el que quizás estaban predestinados. Aunque también es cierto que aquí se nota algo la inexperiencia de Higgins como escritor, ya que, para tratarse originalmente de una miniserie de solo dos números, introduce demasiados elementos, personajes y tramas que le cuesta equilibrar y hay algún momento que otro al principio de la historia en el que resulta confuso lo que está sucediendo o por qué. Pero son problemas menores y comprensibles que no restan demasiado al conjunto del cómic.

Donde Higgins sí que tenía por aquel entonces experiencia sobrada era en su faceta como artista, encargándose aquí también del dibujo y el coloreado (y como él mismo dice con sorna en el prólogo del recopilatorio, quizás fue un poco megalómano al querer hacerlo todo). A lo largo de la historia, pese a alguna página que otra que parece algo apresurada en el tramo final, Higgins hace todo un despliegue de esa experiencia, tanto a la hora de diseñar criaturas tan inquietantes como la propia Razorjack o esos servidores que parecen haber escapado de algún club sadomasoquista infernal, a la hora de narrar con unas composiciones de página tan imaginativas como arriesgadas y, como no, con un dominio del color envidiable.

El resto del recopilatorio lo componen dos historias cortas que expanden un poco más este singular universo de ficción. La primera mostrándonos el día a día de sus dos protagonistas en su nuevo status quo como protectores de la Tierra contra la amenaza de Razorjack y la segunda llevándonos al Japón feudal para descubrirnos otro de los intentos de esta de invadir la Tierra, en la que una de sus servidoras acaba siendo casi una Terminator. Más allá de esto, el universo de Razorjack solo tuvo continuidad en la forma de una novela, Razorjack: Double-Crossing, escrita por el colaborador habitual de Higgins, Michael Carroll, quien le echó una mano aquí y con quien creó Dreadnoughts, el spin-off/precuela del Juez Dredd.

Y aunque es una pena que Higgins no haya retomado este universo de ficción (aunque cruzo los dedos para que lo acabe haciendo algún día no muy lejano), Razorjack es una lectura de lo más entretenida que nos permite apreciar todo el talento de este autor tan polifacético, que debería ser conocido por mucho más que por su gran trabajo como colorista.
