Con el próximo regreso de Jessica Jones a la pequeña pantalla, en la segunda temporada de Daredevil: Born Again, en Marvel se han acordado de que el personaje existe y han decidido recuperarla en una miniserie que recupera su cabecera original, Alias. Una serie que ha comenzado con muy buen pie y un sabor muy clásico, quizás demasiado, en la que Sam Humphries y Geraldo Borges han devuelto al personaje a sus raíces para contarnos otro de esos casos en los que Jessica recordará lo complicado que es a menudo hacer lo correcto.

Jessica Jones ha tenido que renunciar a su licencia como investigadora privada después de que a la policía de Nueva York no le hiciese gracia que la esposa del alcalde (Luke Cage) se dedicase a investigar crímenes por su cuenta. Aunque cuando sus antiguas vecinas son brutalmente asesinadas, Jessica no es capaz de seguir cruzada de brazos y decide investigar por su cuenta, aunque eso suponga oponerse directamente a Luke y trabajar fuera de la ley. Pero para complicar aún más las cosas Jessica se verá obligada a formar equipo con alguien que posee los recursos y la información a la que ella no tiene acceso, una mujer que fue su predecesora en el cargo de primera dama de Nueva York… María Tifoidea.

Jessica Jones es un personaje que siempre me ha encantado desde que la descubrí en el primer volumen de su serie a cargo de Brian Bendis, Michael Gaydos y aquellas espectaculares portadas de David Mack. Y aunque por desgracia es un personaje que no ha tenido tanta presencia en el mercado como me hubiese gustado, las diferentes series y miniseries que la han tenido como protagonista han mantenido un nivel bastante bueno. Y este nuevo volumen de Alias, publicado bajo el sello Red Band, parece seguir en esa línea, ofreciéndonos un comienzo muy sólido, una premisa interesante e inesperada, y un tono tremendamente clásico.

Porque aunque eso no es un problema de por sí, al menos no para mí, se nota muchísimo que tanto Humphries como Borges están aquí tratando de acercarse lo máximo posible a lo que hicieron en su día Bendis y Gaydos, pero sin que llegue a ser una copia directa ni en lo visual ni en lo narrativo. Un enfoque que se aleja un tanto de lo que habían estado haciendo los últimos equipos creativos que se habían ocupado de Jessica en los últimos años pero que igualmente funciona. Así que estamos en una especie de “back to basics” en el que aunque todo el desarrollo del personaje está intacto, y continúa directamente de los últimos acontecimientos de su historia, al mismo tiempo la envuelve en la atmósfera que la vio nacer, algo que por supuesto no le sienta nada mal.

Y así es como nos encontramos aquí a una Jessica que aunque hace ya mucho tiempo que lleva teniendo una vida estable, tiene un marido al que adora y dos hijos (uno de acogida) por los que daría su vida, sigue siendo aquel personaje con mal carácter a quien no le gusta nada que le digan lo que puede o no puede hacer y cuya boca suele funcionar más deprisa que su cerebro, diciendo cosas de las que inmediatamente se arrepiente. Pero también sigue siendo esa mujer obstinada incapaz de mirar hacia otro lado cuando se comete un crimen y a quien impulsa la necesidad de hacer lo correcto, aunque eso suponga ponerse al margen de la ley y hacer un pacto casi demoníaco.

Justo ese aspecto es uno de los que más me ha interesado de esta nueva serie, ya que juntar a alguien con tan poca paciencia como Jessica con alguien como Tifoidea, capaz de volver loco a cualquiera puede dar mucho juego. Aunque también es cierto que la María que encontramos aquí parece haber sufrido un pequeño retroceso en su caracterización y nos la encontramos bastante más inestable de lo que había estado hace mucho tiempo, pero no precisamente como lo era en sus primeros años cuando la escribía Ann Nocenti, sino con una personalidad que recuerda más a la de Masacre o a esa Harley Quinn a la que Humphries estuvo escribiendo una vez durante un par de años. Así que aunque me han gustado las interacciones de Jessica y Tifoidea aquí, espero que en los próximos números la personalidad de esta última sea un poco más consecuente con ella misma.

De Geraldo Borges sin embargo no tengo ninguna queja, ya que ha conseguido aquí algo bastante complicado, recordarnos al trabajo de Gaydos, pero sin que en ningún momento dé la impresión de que le esté plagiando su estilo, simplemente utilizando el mismo tipo de herramientas narrativas, los claroscuros o las composiciones de página, pero sin perder su personalidad. Gracias a ello este cómic mantiene la atmósfera noir que tan bien le sentaba al cómic original y Borges se desenvuelve de maravilla a la hora de hacer visualmente interesante un cómic en el que los diálogos tienen tantísimo peso. Un trabajo que se ve realzado por el coloreado de Arthur Hesli, otro de esos profesionales que huyen del naturalismo en el color para abrazar el uso de este como una herramienta narrativa más, usándolo de una forma muy expresiva.

Todo esto ha logrado que de momento esta miniserie me haya dejado bastante contento, no solo por recuperar, aunque sea brevemente, a un personaje que me gusta bastante, sino por cómo este regreso ha recuperado la atmósfera de la serie original para contarnos al mismo tiempo una historia en la que Jessica ahora tiene muchísimo más que perder que nunca, y que por supuesto se ha metido en un lío mayor del que esperaba. Así que confío en que esta serie funcione bien y que su presencia en televisión anime a Marvel a darle, si no una serie regular, al menos un par de miniseries al año.

Lo que hizo Bendis con Jessica, el hombre púrpura y demás fue bastante innovador en su época. La serie está justamente reconocida. Debo decir que otros intentos suyos de meter «realismo» en lo superheroico, como Powers, no me han gustado la mitad.
Aunque me entristece que nadie sea capaz de usar bien a Maria tifoidea. Una de sus personalidades es precisamente una detective noir Walker. Aquí quedaría que ni pintada. Pero nada, es simplemente una chica malosa más.
Tifoidea es un personaje que aún está esperando a ese autor que la haga despegar.
Que le permita aportar mucho más o dmle de ese enfoque que la consolide
Mira, que las pocas veces que ha salido siempre tiene algo que la hace diferente.
Primero que la divorcien de kingpin ( si no lo han hecho ya),de hecho sería una historia genial de contar, como su transtorno disociativo destruye desde dentro todo lo que este construye, hasta el divorcio.
En la primera aparición de Tifoidea te dejaban claro que aunque Kingpin creía que la había sometido (sexualmente) en realidad ella era la que empuñaba el látigo. Luego se han pasado al extremo opuesto y siempre es Kingpin quien manda y le da de tortas para que sea sumisa. Es bastante deprimente.