La Oscuridad más allá de las Estrellas de Frank M. Robinson y su amor por la humanidad

Hoy seguimos dentro del género de la ciencia ficción pero en una línea radicalmente diferente a la de ayer, ya que en La Oscuridad más allá de las Estrellas de Frank M. Robinson no hay héroes embutidos en armaduras ni criaturas fantásticas de todo tipo, solo un puñado de seres humanos realizando un larguísimo y lento viaje sin fin en una nave que ha visto tiempos mejores y guiados por una obsesión. Una novela que explora un tema que me encanta, como es el de las naves generacionales, pero desde una perspectiva bastante original y muy trágica que me ha tenido pegado a sus páginas como hacía tiempo que no me sucedía, por lo que no me ha quedado más remedio que compartir lo bien que me lo he pasado con su lectura.

Este es un viaje al que vale la pena sumarse

Cuando Gorrión despertó en la enfermería de su nave fue plenamente consciente de que no recordaba nada con anterioridad al accidente que había sufrido en el último mundo que sus compañeros y él habían explorado. Pero a medida que se recupera y quienes dicen ser sus amigos le ayudan a reaclimatarse a su vida a bordo de la Astrom, Gorrión se da cuenta de que algo no va bien, que toda la tripulación parece tener miedo o deseos de que recupere sus recuerdos, que la nave, tras dos mil años de viaje ininterrumpido por el espacio, se cae a pedazos, y que si su Capitán, tan viejo como la nave misma, pone en práctica sus planes, la nave y todo lo que contiene irán derechos hacia el abismo.

Como añoro esta estética para las portadas de ciencia ficción

Yo desconocía por completo la existencia de Frank M. Robinson, un novelista de quien no se ha publicado en España más que una pequeña parte de su obra, y de quien he descubierto estos días que fue el autor de una de las dos novelas que inspiró la película de “El Coloso en Llamas”. Una novela que en cierto modo se podría decir que tiene algo que ver con la que hoy nos ocupa, ya que también trata de un montón de gente atrapada en una estructura que corre peligro de hacerse pedazos. Y ahí está el elemento que me atrajo de forma inmediata hacia este libro, ya que las historias de naves generacionales son algo que me han fascinado desde que descubrí ese concepto, la idea de una sociedad evolucionando en una nave solitaria en medio de lo más profundo del espacio, con una tripulación que jamás conoció el mundo natal de sus antepasados y que saben que jamás verán tampoco su lugar de destino.

La Astrom no esta tan mal pero casi

Este es un tema con un potencial enorme, alejado de las grandes space operas o de los elementos más fantásticos del género, para centrarse en las complejidades de las relaciones humanas, de las formas en las que una población tan reducida puede sobrevivir durante generaciones en un viaje casi eterno, y los cambios sociales que se producen en un entorno tan cerrado como este. Pero también nos ofrece los desafíos a los que se enfrentan estos tripulantes en una situación en la que no hay nadie a quien pedir ayuda, ningún lugar en el que reponer los suministros que se van agotando o las piezas que se van deteriorando a lo largo de los siglos, y los sacrificios a los que hay que llegar para mantener en marcha su misión.

No me imagino lo que debe ser partir en un viaje así sabiendo que ni regresaras ni llegaras al destino

Y para mostrarnos todo esto Robinson recurre a un recurso de lo más socorrido en la ficción, el ponernos en la piel de un “extraño” que lo descubre todo por primera vez, aunque en este caso no sea tal, sino un tripulante nacido en la nave que lo ve todo como si fuese la primera vez. Durante los primeros capítulos seguimos a Gorrión en su exploración de este pequeño mundo artificial que es la nave, su sorpresa al descubrir los extremos a los que ha llegado la tripulación para evitar ser conscientes del deterioro de su nave, de cómo a medida que la población se reducía se han ido sellando secciones enteras de esta tras canibalizar todo lo aprovechable y de las costumbres sociales que se han ido formando a lo largo de los siglos para sobrellevar una existencia como esa y que sorprenden a Gorrión tanto como a los lectores.

Aunque la exploración de Gorrión no es tan espectacular como esta

 

Muchos de los tabúes y convenciones sociales que existen en buena parte de nuestro mundo real se han desechado allí hace mucho tiempo, por lo que nos encontramos con que los niños y niñas que van naciendo a bordo de la nave son un poco hijos de todo el mundo, que las relaciones sentimentales y sexuales son de lo más libres, que absolutamente todo lo que hay a bordo de la nave se recicla por el bien de la supervivencia y que la propia muerte es algo a lo que se llega cuando uno considera que ya no le queda nada que aportar. Una sociedad en muchos aspectos utópica a la que irónicamente se ha llegado por culpa de unas circunstancias más propias de una distopía, en la que las necesidades de la nave y su tripulación se han impuesto sobre las tradiciones traídas de la Tierra.

Gorrión se siente un poco así a medida que va descubriendo como funciona la sociedad de su nave

Y en esta sociedad siempre está presente de una forma u otra la figura de su Capitán, un hombre a quien en la Tierra, antes de partir, sometieron a múltiples tratamientos para proporcionarle una salud perfecta y que tuvieron el inesperado efecto secundario de darle una longevidad extrema. Así es como ha permanecido al mando de la Astrom y su misión durante más de dos mil años, viendo nacer y morir incontables generaciones y perdiendo parte de su humanidad en el proceso, sintiéndose cada vez más alejado de su tripulación. Un Capitán para quien ya solo existe la misión que le encomendaron hace ya tanto tiempo, la de encontrar vida extraterrestre en alguna parte del universo, y con la que se ha obsesionado de tal forma que en comparación el Capitán Ahab parece un hombre cabal y razonable. Para este no existe ningún precio demasiado alto ni ningún sacrificio demasiado grande con tal de lograr su objetivo, pero cuando anuncia que se disponen a atravesar una zona del espacio carente de estrellas y planetas, con la promesa de que quizás al otro lado encuentren vida, un viaje que llevará siglos, entre la tripulación crece un desánimo y un descontento mayor del que ha existido allí jamás.

Lo dicho, Ahab se queda corto con el Capitán que conocemos aquí

Con todos estos elementos Robinson construye una historia en la que el foco principal está en la humanidad de sus personajes, en los lazos que les unen, o les separan en otros casos, y en lo que supone perder de vista lo que nos hace ser realmente humanos. Este aspecto de la novela es sin duda el más interesante de la misma, ya que sus personajes son complejos y tridimensionales, y a medida que Gorrión les conoce de nuevo, y nosotros con él, vamos recordando que nunca se conoce a alguien del todo y que bajo las apariencias siempre hay algo más profundo y auténtico. Un elemento humano en el que destaca sobre todo un amor y respeto por la vida enormes, donde esta se considera lo más sagrado que existe en el universo y que a lo largo de la novela se pone a prueba esa filosofía una y otra vez cuando la supervivencia de esta sociedad, que para ellos es todo lo que existe del ser humano, se enfrenta a la posibilidad de desaparecer por culpa de la obsesión de un hombre que ya no es capaz de detenerse.

Pese a las tragedias el mensaje del libro es bastante positivo

Todo esto viene acompañado de unos cuantos giros argumentales sorprendentes, una buena parte de drama y un final optimista y trágico casi a partes iguales, que en conjunto conforman una de las novelas más apasionantes y adictivas sobre este tema que he leído en mucho tiempo. Por lo que quienes busquen una obra de ciencia ficción algo diferente a lo habitual, en la que los conflictos son más morales y éticos que otra cosa y que pese a todo rezuma amor por la humanidad por todas partes, vale la pena darle una oportunidad a esta novela. Eso sí, tocará tirar de la segunda mano como hice yo o de ediciones en inglés, porque la única edición de este libro en España es de hace casi veinte años y del resto de su obra apenas se ha publicado nada por aquí, pero es un pequeño esfuerzo que será plenamente recompensado con una historia de las que dejan huella.

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Roger
Roger
1 hora han pasado desde que se escribió esto

Es importante reivindicar, creo yo, la ciencia ficción que no solo está bien escrita, sino que tiene cierto optimismo y sueña con el futuro en lugar de temerlo. Hoy en día parece que sólo es esperable el apocalipsis y la distopía.