De la historia de Frank Castle (aka The Punisher, alias El Castigador, también conocido como El Vengador en algunos videoclubes de los 80) se han hecho muchas adaptaciones a bastantes medios, siendo probablemente uno de los personajes de Marvel más adaptados. Y en cada una de esas versiones hemos visto cambios absurdos a la historia original como la forma en la que muere su familia, el que Castle fuera policía y no militar o directamente omitir su característica calavera en el pecho. Son cambios absurdos, molestos que en todas esas versiones -unas mejores que otras- nos han disgustado. Pero lo que nunca me hubiera esperado es una adaptación del Castigador en la que Frank Castle no solo apenas mata criminales, si no que apenas usa armas y se limita a darles de puñetazos. Como lo oís.

Zzzzzzzzz…

Ojo, que nadie se piense que le tenía ganas a la producción de Steve Lightfoot, porque ya en su día di por buena la primera temporada a pesar de ser “excesivamente reflexiva” y redundante respecto a lo que ya habíamos visto en Daredevil. Inocente de mí, pensaba que la idea que tenían era la de tratar de hacer una versión larga del viaje mental de Frank Castle desde la muerte de su familia y vengarlos hasta convertirse en El Castigador, a pesar de que me sonara un poco redundante que a mitad de temporada me metieran un flashback de sus tiempos en el ejército en el que básicamente mostraban como a Frank se le iba la pinza y se convertía en el Castigador -algo parecido al “Born” de Ennis, vaya. Y sin embargo en la segunda temporada no solo nos encontramos un más de lo mismo -Frank se enrolla con una camarera y hasta es “majo”, pero pronto se mete en una pelea de bar a puñetazos y acaba teniendo que volver a Nueva York para acabar con una conspiración- si no que recupera personajes que ya han dado de sí todo lo que tenían que dar -Madani, Curtis- y se arrastran por la trama sin saber exactamente que hacer, irrelevantes la mayor parte del tiempo mientras que al villano de la primera temporada, Billy Russo -que se suponía que quedaba horriblemente desfigurado como su versión original del cómic, Puzzle, pero en realidad tiene cuatro cicatrices y poco más- se pasa casi toda la película enrollándose con la psicóloga loca interpretada por la novia de la hermana de Supergirl. Ugh.

¡Ésta es la pinta que tiene que tener Jigsaw!

Toda la serie gira supuestamente respecto a una chavalilla a la que persigue una conspiración de taraos religiosos con demasiado poder político y que envían a un cura psicópata para matarla, pero el señor cura lo único que hace es autoflagelarse como el personaje de Paul Bettany en El Código Da Vinci y hasta el penúltimo episodio no hace absolutamente nada más que matar a personajes intrascendentes para la trama. Lo curioso es que, mientras tanto, Castle va tratando de investigar la conspiración y buscar el paradero de su némesis Billy Russo, y el muy desgraciado va interrogando criminales a puñetazos y dejándolos con vida. Totalmente sonrojante es cuando entra al estudio fotográfico de un pederasta y le perdona la vida, algo que el Castle original no se habría cortado en hacer hubiera niña delante o no.

¡Ni siquiera este habría perdonado al pederasta!

Honestamente, no acabo de entender qué es lo que creen que busca la gente al ver una serie sobre The Punisher, porque este personaje no es un concepto tan extraño al audiovisual como un semidios alienígena o una raza de mutantes que viven en la luna, no deja de ser el tópico del héroe de acción amoral se toma la justicia por su mano, y en esta segunda temporada parece más que el showrunner Steve Lightfoot buscaba contar una historia de Daredevil que de El Castigador. O eso, o no ha entendido en absoluto al personaje, porque en declaraciones a Collider dijo textualmente que “Mi opinión personal (sobre la reacción del público) es que tienes que ser fiel al personaje y la historia que quieres contar. Por supuesto, quieres que guste, pero si empiezas a preocuparte por la audiencia puedes caer en una trampa. Creo que tenemos que mantenernos fieles al personaje de Frank y hacer de el alguien con el que la gente quiera pasar el rato.” Pasar el rato. Ya.

No había visto algo tan absurdo desde el Punisher de Gameboy.

Hay otra frase que se dice en una escena de la serie “Frank no es un criminal, ni tampoco un héroe” que deja claro que Lightfoot no entiende al personaje en absoluto, porque Frank Castle es un asesino en serie, un psicópata para el que cualquiera que cometa un delito automáticamente deja de ser humano y se convierte en escoria a exterminar. Su filosofía es simple, si eres culpable estás muerto, y hasta el Marvel Superhero Squad lo entendió cuando lo mostraban como un tarado armado hasta los dientes que conducía una furgoneta llena a rebosar de armas y que comparaba la ciudad con un plato de pasta con queso en el que se habían colado unas coles de bruselas que debía exterminar.

Maravilloso, ‘nuff said.

Los videojuegos, que tan mal han adaptado durante años a los personajes de Marvel y DC, en el caso del Castigador  tanto los realizados por Capcom, Volition y hasta el que sacó LJN para Gameboy muestran a Frank Castle como un asesino de masas, como una orgía de tiros y destrucción gratuita. Es cierto que adaptar su efusiva personalidad era insultantemente fácil en una época en la que la mayoría de los juegos se basaba en matar y matar, pero joder, ¿vosotros habéis visto la cara de loco que tiene Frank en el juego que realizaron algunos de los creadores de Street Fighter II? Frank Castle se abría camino a puñetazos como en un buen beat’emup, pero en aquella recreativa recogía cuchillos, mazos, granadas y todo lo que se le pasaba por delante para hacer destrozar a sus enemigos. Nadie, absolutamente nadie ha pensado en un Frank Castle “con el que pasar el rato”, porque Frank Castle es un enfermo y un peligro público. Pero lo peor y más insultante de la serie viene en sus minutos finales…

¡Pero mira que cara de puto loco!

Porque claro, nos hemos pasado doce episodios en los que el único momento en el que Frank lleva puesto su traje de Punisher es en un par de episodios (el 7 y el 8) en los que trata de dar caza a la banda de Russo -imposible llamarlo Jigsaw- y sólo lleva una pistola. Que casi tienes que dar gracias porque lleve una pistola, porque como decía antes hasta entonces solo ha dado puñetazos y patadas. Para el décimo episodio decide hacerse con un rifle de asalto para asaltar el cuartel de Russo -porque en tres episodios le ha dado tiempo para montarse un ejército personal, toma ya- pero antes de que pueda siquiera usarlo cae en una trampa y lo muelen a palos. No, no muere nadie. Para cuando consigue reaccionar y se hace con un subfusil, algunos criminales sin ninguna línea de texto ni nombre caen a sus pies, y justo cuando creemos que Frank está “in the zone”, de repente se da cuenta de que sin querer ha matado a tres chicas inocentes en mitad del tiroteo. Y claro, ahora ya no tiene la justificación moral de “yo soy el bueno que mato malos” porque ahora el también mata gente inocente, así que tenemos un episodio entero con un Punisher emo queriendo morirse.

¡Si es que es la mar de sencillo!

Y mientras los personajes con texto siguen sin morir hasta el último episodio de la temporada y Frank sigue abriéndose camino a puñetazos, por fin vemos el enfrentamiento entre el cura psicópata asesino -que se ha hinchado a matar- que se resuelve… Otra vez a puñetazos. Ni cuchillo ni nada, se ponen los dos hechos un cristo y al final de la pelea ni siquiera te muestran como Frank mata o deja con vida a su enemigo, porque en cosa de un cuarto de hora Punisher va a rematar a un Billy Russo que está desangrándose por haberse pegado con Madani a tiros -que Madani si que pega tiros a todos lados y tira gente por la ventana- y luego se da una vuelta por la casa de los jefes de la conspiración del cura psicópata para cargarse a un abogado de la Ley de Los Ángeles y a la Ma Kent de Smallville -o la Lana Lang de Superman III, lo que os guste más-. Es en ese momento, después de una sentida despedida de Frank a la niñata comosellame y un salto en el tiempo en el que nos cuentan que ahora Madani trabaja para la CIA y le ofrece a Frank un trabajo que rechaza, cuando Steve Lightfoot decide que igual es hora de sacar al Castigador matando criminales con una hermosa calavera en el pecho, gabardina negra y un rifle de asalto en cada mano cuyo cargador descarga hasta que nos vamos a negro y la serie se ha acabado del todo como un coitus interruptus.

John Bernthal merecía muchísimo más que esto, porque hace un trabajo impecable y si le hubieran dejado nos habría dejado un Punisher memorable.

¿Estamos ante un caso parecido al de la primera temporada, con una serie decente pero que era una mala adaptación? No, la serie es directamente mala y a ratos se arrastra peor que la primera temporada de Iron Fist. ¿Tenía Lightfoot un plan a largo plazo maravilloso y tuvo que cerrarlo todo en los últimos minutos? No lo creo, deja a tantos personajes vivos -la psicóloga loca, el cura psicópata- que está claro que empezaba a tener ideas para una tercera temporada en la que aburrirnos aún más tratando de convencernos de que The Punisher es un personaje simpático y entrañable; daos cuenta de que vivimos en un mundo en el que el Castigador es “empático” y Superman revienta cuellos y no se siente humano, tal vez debería hacer Lightfoot Superman y Snyder… ¡Snyder que se ponga a adaptar a Ayn Rand o algo que no piense ver ni borracho! En fin, que temporadas como esta son las que hacen que no me de tanta pena que el universo marvel de Netflix se vaya por el sumidero…

Para quitaros el mal sabor de boca os dejo este gameplay comentado por los desarrolladores del mejor juego del Castigador.

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