Me vais a perdonar que hagamos una pausa en nuestra recién empezada serie sobre la accesibilidad de los cómics a los nuevos lectores para seguir acordándonos de Ditko y ver como reaccionaría un lector de 1965 con uno de los últimos números del dibujante en la serie. Que igual puede parecer redundante este post después de lo de ayer, pero es que hay una gran diferencia entre un cómic leído por un crío que no sabe ni leer y lo que vamos a hacer ahora, que es leer otro cómic como si fueramos vírgenes en esto de leer tebeos…

Lo peor del cómic es el título, ¡este Peter Parker es un agonías!

La portada de Amazing Spider-Man 31 nos deja claro que el cómic esta dedicado A TÍ, a la nueva generación marveliana de lectores. Así que digo yo que la idea es que este cómic fuera un punto de entrada a la serie, sobre todo con esa portada que habla de destino, con enfrentamientos muy locos contra esbirros y Spiderman en acción y esas cosas; es una portada que destaca y que nosotros -esos lectores ignorantes- no sabemos que su composición con las patas de la araña inspirara en futuro muchas otras del personaje. Alguno me dirá que es cruel comparar este cómic con el de Friedrich de la semana pasada, pero os aseguro que más cruel todavía habría sido seguir el plan original y contrastarlo de pleno con Claremont y Byrne en 1978. Aunque eso ya es cuestión de gustos, porque Amazing 31 son Stan Lee y Steve Ditko empezando la que por muchos está considerada como la mejor saga de Spiderman de toda su historia y mostrándonos su batalla más memorable contra su mayor enemigo…

Spoiler: la obsesión del Planeador Maestro por la superioridad empezó con esta historia.

Tras una portadilla que nos muestra a Spiderman pegándose contra unos esbirros, el cómic empieza con unos tipos “extrañamente vestidos” robando con nocturnidad y alevosía unos dispositivos nucleares de una planta industrial. Tras hacer sus fechorías y huir en un peculiar helicóptero, los canallas son perseguidos por Spiderman, que salta hasta el mismo y la emprende a palos con ellos. Los esbirros, que llevan máscaras de gas, lo gasean con un somnífero, pero Spiderman aguanta lo más grande y sigue cascándoles, mientras algunos de ellos aprovechan para seguir las órdenes de su líder -el misterioso “Planeador Maestro”- y tirar el material robado a un punto determinado del mar, donde es recogido a su vez por otros esbirros desde una base submarina. Todo muy profesional, vaya.

Hoy en día habrían alargado el misterio de su identidad durante meses, pero Lee y Ditko lo contaron en la primera página del número siguiente, a quemarropa.

Por su parte Spiderman sigue pegándose con los malos y cada vez está más atontado, con lo que decide derribar el helicóptero atascando sus rotores y acaban todos ellos estrellándose en el mar, con Spiderman remojado y los esbirros escapando porque, copón, los muy cabrones llevan máscaras de oxígeno de serie y Spiderman no. La cosa acaba con un Spiderman aturdido porque al final no se ha enterado de que habían robado ni quienes eran los ladrones, mientras que el misterioso Planeador Maestro se lamenta del riesgo que han corrido sus planes por haber atraido la atención de Spiderman. Y entonces saltamos a Peter Parker.

Un día tengo que hacer un recopilatorio de personajes haciendo papeleo, a ver quién se las apaña mejor que Lee y Ditko.

Siendo como es la serie de Spiderman, podríamos asumir que el tal Peter Parker es Spiderman, pero hasta cuatro páginas después no se hace alusión a que él sea Spiderman, pero tampoco pasa nada por ello, porque por el camino Lee y Ditko ya nos han presentado a la Tía May y sus problemas de salud, nos dice que Peter ha sido como un hijo para él y que Peter se pasa todo el día con el papeleo del acceso a la universidad y hasta se cruza con un tal Flash Thompson con el que no se debe de llevar muy bien. Pero en general Peter disfruta del extenuante día y se puede decir que es feliz, pero la vida es muy puñetera y para cuando vuelve a casa por la noche la Tía May tiene uno de sus achuchones y acaban teniendo que ingresarla en el hospital, con lo que Peter se siente culpable por haber estado tan ensimismado en sus asuntos y no haber sido lo suficientemente observador como para darse cuenta de que su madre adoptiva no estaba del todo bien.

En el número siguiente descubre que la causa de la enfermedad de May es su sangre irradiada por la picadura de la araña, ¡ay el drama!

Tras pasar la noche en vela por la inmensa preocupación que siente, Peter acude al primer día de universidad taciturno e incapaz de darse cuenta de que en una de sus clases coincide con un tal Harry Osborn, una tal Gwen Stacy y el ya mencionado Flash Thompson, que tratan de hablar con él y ven muy feo el que Peter los ignore. Y así transcurren las clases, con Gwen Stacy -que por cierto, ¿os he dicho ya que la Gwen Stacy de Ditko es la jodida Lauren Bacall?- poniéndole ojitos a Peter sin que el se de cuenta y con el chaval pasando de todo el mundo y hasta de sus propios estudios porque no puede dejar de pensar en su querida tía; hartos de que no les haga ni puñetero caso y para demostrar su madurez, sus compañeros deciden gastarle una broma durante una clase práctica del laboratorio de química -que por cierto me parece un poco apresurado hacer prácticas el primer día de universidad, olé los huevos del profesor- basada en echarle un explosivo a su experimento mientras Gwen lo distrae; pero Peter está tan a su bola que la ignora por completo, provocando el cabreo de ella y que aun así Harry Osborn consiga sabotear su experimento, provocando una ligera explosión por la que Peter recibe una reprimenda por parte de un tal Profesor Warren -supongo que eso explica lo de las prácticas el primer día de clase-.

Lo dicho, Lauren Bacall.

Y aunque Peter pase de él y sus amigos disfruten con la broma, Gwen se siente fatal por haber provocado que Peter sea abroncado por su culpa, por lo que deciden invitarlo a una Coca Cola… ¡Y Peter sale corriendo para el hospital y pasa de ellos!
Ya en el hospital Peter le dice a la tía May que todo bien en la universidad y tiene unos compañeros estupendos -que cachondo- y el doctor le avisa de que con la edad de ella no se puede ser muy optimista -¡que sabrá ese, la vieja esa nos enterrará a todos!-, con lo que Peter se ve obligado a fingir que todo va bien a pesar de que las facturas médicas y no médicas se amontonan y no tiene dinero para pagar todo eso, con lo que se pone el traje de Spiderman dispuesto a buscar noticias que fotografiar y vender al Daily Bugle; sin embargo la noche está la mar de tranquila, y Peter acaba teniendo que volver a casa de vacio, sin poder estudiar una mierda de lo reventado que está. Y así acaba volviendo a clase al día siguiente, somnoliento y ensimismado mientras sus compañeros cada vez lo detestan más.

Nueve viñetas por página, ¿os suena de algo ese esquema? Y sí, Gwen vuelve a tener la puntería de cruzarse con Peter cuando iba a visitar a su querida tía, con lo que pasa de ella y acaba jurando que lo lamentará e inmensamente cabreada.

Mientras tanto en el Daily Bugle su editor J Jonah Jameson también se ha dado cuenta de que no hay noticias, por lo que demanda a uno de sus mejores reporteros, un tal Foswell, que le de más noticias, que investigue el robo de equipo científico. Foswell se pira y nos queda claro que algo se trae entre manos, porque habla de que es hora de que un tal “Patch” aparezca de nuevo. No contento con esto Jameson también presiona a una tal Betty Brant para ver si su novio Peter Parker ha aparecido con algunas fotos, pero ella hace mucho que no lo ve y para colmo aparece un tal Ned hablando de sentimientos y de una proposición que Betty no puede contastar hasta hablar con Peter, con lo que me da que al chaval para colmo le acaban de levantar la novia. Tampoco te puedes quejar Parker, que siempre te quedará Lauren Bacall. Por su parte un tal Patch -no se dice explicitamente, pero creo que podemos tener claro que es Foswell, ¿no?- está investigando los dichosos robos, y encuentra que un tal Foxy Briggs interesado en la carga de unos dispositivos nucleares en el muelle 6 esa misma noche. Incapaz de seguir la pista, Patch recurre a darle el chivatazo a Spiderman con la esperanza de que él le de la exclusiva del asunto, y vaya si estaba el hombre en lo cierto que Spiderman se encuentra a los mismos ladrones del principio del cómic con las manos en la masa. Los ladrones vuelven a gasearlo con gas somnífero pero esta vez Spiderman iba más preparado, con lo que consigue frustrar el robo pero no sacar ni una sola fotografía porque todos los ladrones huyen antes de que pueda detenerlos.

Que pesao el masterplaner ese…

El cómic acaba con el Planeador Maestro lamentándose por el retraso para sus planes que ha supuesto la intervención de Spiderman, pero sabiendo que tarde o temprano podrá “desbloquear los secretos de la radiación atómica y dominar el mundo a tiempo”. Ah, y otro dato que a los nuevos lectores tampoco es que les importe mucho, que ya en su día se cruzó con Spiderman, con lo que debe de ser uno de sus viejos enemigos. Y si con esto no es bastante para enganchar al lector para el próximo número, las tres últimas viñetas ya son dignas de culebrón mañanero: los médicos de la tía May acaban de recibir los resultados de sus últimas pruebas y el pronóstico es claro: no le queda mucho. Y todo esto ha dado de sí Amazing Spider-Man número 31.

La cosa llegó a tal nivel de sadismo que a Stan Lee le debió de dar cargo de conciencia y en cuanto pudo rodeó a Peter de señoritas esculturales.

Así que tenemos una trama principal con el misterio del Planeador Maestro y sus robos, otras dos secundarias con la enfermedad de la Tía May y los compañeros de universidad de Peter -y la despechada Gwen Stacy- a las que se suman otra trama que parece venir de lejos con Betty Brandt que parece que va a cortar con Peter. Todas menos una son tramas nacidas en este cómic, que parece un número uno en toda regla. Para colmo estamos hablando de un cómic raro, que empieza y acaba con Spiderman pegándose con los esbirros del Planeador Maestro y por en medio solo lo vemos tratando de mantener a flote su vida privada. Ditko cuenta la historia a través de una burrada de viñetas que en su mayoría giran en torno al famoso esquema de nueve viñetas por página que Dave Gibbons tomaría prestado para Watchmen. Por su parte Stan Lee te presenta los personajes, te dice quienes son, que sienten y a que aspiran, y en ningún momento vemos que emita información superflua, a pesar de que el propio Ditko se esmera en contar visualmente gran parte de lo que Lee cuenta en sus bocadillos y cuadros de texto.

Las primeras apariciones de Gwen la muestran más interesada en seducir a Peter por despecho que en ser la muchacha dulce hasta el empalago que acabó tirada por un puente.

Sí, he sido cruel con Friedrich y el X-Men que analizamos la semana pasada, porque Amazing 31 está considerado históricamente como uno de los mejores “puntos de entrada” de la serie del trepamuros. A lo largo de esta semana y los próximos días veremos cómics que suponen momentos cumbre de la historia de Spiderman -esa inmensa maquinaria y la lucha contrarreloj por salvar a la tía May, la llegada del Doctor Extraño a la dimensión oscura y sus enfrentamientos con Pesadilla o Mefisto, su trabajo en Question/Mr A- pero creo que cómics como este demuestran que Steve Ditko era un genio capaz de hacer algo más que “tebeos raros”, dominando el espacio de tebeo estudiantil y romántico en el que degeneraría la serie tras su marcha y la llegada de John Romita Sr. (dicho esto sin desmerecer a Romita padre en lo más mínimo, ojo). Ditko era alumno de todo y maestro de más todavía, y cuando le ponía los cinco sentidos a un cómic su trabajo destacaba sobre el de todos los demás. En una época en la que Jack Kirby trataba de retratar dioses, Will Eisner dominaba la calle como nadie y Joe Kubert exploraba planetas alienígenas y paisajes destrozados por la guerra, Steve Ditko nos mostraba el crimen y el paisaje urbano en Spiderman, la desolación en Hulk y los dioses, los demonios y los paisajes alienígenas imposibles en Doctor Extraño. Cuando Ditko abandonó Amazing Spider-man en su número 38 sin dejar la portada hecha, el acojone de Stan Lee fue tan grande que decidió hacer un montaje con distintos dibujos de Ditko para elaborar la portada del cómic, porque se asociaba tanto al dibujante con el personaje, que a día de hoy y a pesar de los más de cincuenta años que han pasado, muchos todavía consideran a Ditko la versión definitiva del personaje.

Y ahora fuera de mi cesped, que tengo que releerme el resto de la saga del Planeador Maestro…

 

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