Si la semana pasada nos quedó algo claro es que Barry Allen sigue siendo el mayor villano de la historia del Multiverso DC, un quedabien que en realidad esconde a un ser mezquino, egoista y falto de humanidad. Y es que si hay un personaje que no merezca seguir respirando, y mucho menos tener serie o película propia, ése es Bartholomew Henry Allen, el canalla que usurpa el título de Flash a sus auténticos y legítimos propietarios como Jay Garrick o Wally West. Pero esto no os creáis que es algo moderno y un invento de Geoff Johns, esto se remonta a su primerísima aparición, al cómic que explica su origen y en el que podemos ver claramente que esto no es un superhéroe normal, si no un supervillano dispuesto a mancillar el renacimiento del género antes de que llegue a producirse…

¿Creíais que estábamos presenciando el resurgir del género de superhéroes? Pues no, ¡es el nacimiento del mayor supervillano de la historia del multiverso DC!

Barry Allen empieza a arruinar nuestra realidad -y todas las demás- en el número 4 de Showcase, con fecha de Octubre de 1956 (que en realidad salió en verano de ese mismo año, porque Barry Allen mucho presumir de velocista pero siempre llega tarde). Haceos cargo de que ahí ya tenemos una pista de que Barry la puede estar liando ya, porque estamos hablando de que aparece poco después de la creación del Comics Code y el hundimiento de EC Comics justo en aquel momento, cuando tuvieron que dejar de hacer Historias de la Cripta y centrarse en Mad. Teniendo en cuenta la afición de Barry a cambiar la realidad, apostar nuestro gorro de papel de aluminio a que en la línea temporal original el Comics Code y Wertham jamás existieron y el cómic americano evolucionó muchísimo más rápido, permitiendo a los Wally Wood de la época poder desplegar todo su potencial durante décadas. Y esto es culpa tuya, Barry Allen.

Posteriormente se diría que el rayo que le dió los poderes era el propio Barry al morir en Crisis. Cosa que retconearía Geoff Johns, por supuesto.

Pero empecemos por su origen, que ya se las trae; Robert Kanigher y Carmine Infantino nos presentan a un señor rubio con entradas que lee cómics de Flash -el auténtico Flash, Don Jay Garrick- y sueña con tener su “¡Velocidad! ¡Velocidad supersónica! ¡Velocidad inimaginable!”. Y estaba el hombre poniendo en una estantería todos los productos químicos conocidos por la ciencia humana -literal, que digo yo que ahi habría hasta kriptonita- cuando entra por la ventana de su laboratorio un rayo. Que no es que hablemos que esto es como en la serie de TV que tenían una claraboya no, aquí estamos hablando de que le entra un rayo por la ventana y le da en todos los químicos, dejando a Barry Allen empapado de cosas radiactivas, venenosas y de todo que normalmente matan a supervillanos como el o los transforman en criaturas horrendas pero con poderes. Pero claro, ¿no decían en La Bella y la Bestia que la auténtica belleza está en el interior? Barry Allen ya está podrido por dentro, y ahora tiene el poder para desplegar su maldad por todo el multiverso.

Mira si son buenos Kanigher e Infantino que se inventan una de las escenas más impactantes del Spiderman de Raimi. Y aun así, Barry Allen la arruina con su cara de pánfilo.

Lo siguiente que hace Barry es adelantar taxis -seguro que Uber le pagan para humillar taxistas, fijo- y salvar de una bala perdida de un atraco a su novia, Iris. Porque sí, Barry desde su primer cómic ya tiene novia, no ha tenido que sufrir para conseguirla en absoluto. Su existencia es tan sosa que parece diseñada por un supervillano malvado para amargarnos la vida, dándole un traje y unos poderes supermolones al personaje más insulso de la historia, uno sin conflictos morales, sin líos amorosos, sin nada. Lo dicho, Flash es todo envoltorio, todo superficialidad para un interior nauseabundo.

Mutenroshi, mucho mejor que Barry Allen.

¿Queréis más pruebas de que es un mierda? Si es que lo tenemos todo en su primera historia, porque su estreno como superhéroe lo tiene al enfrentarse a un supervillano que es el hombre más lento vivo, el Hombre Tortuga -nada que ver con el Duende Tortuga que entrena a Son Goku, un tipo de un temple y fibra moral mucho mejor que el puto Barry Allen-. Pues el abusón escarlata no solo es apalizado de mala manera por un señor que perdería carreras contra un niño de dos meses con las piernas escayoladas encerrado en un pulmón de acero, si no que para derrotarlo se ve obligado a crear su maniobra más original de todas: correr muy rápido alrededor de su enemigo hasta marearlo tanto que se entregue. Genial oye, con sólo un cómic ya tienes una descripción más o menos clara sobre de qué va a ir la serie durante los siguientes treinta años: Flash abusa de gente con poderes mierda y acaba siempre derrotándolos corriendo alrededor de ellos de la forma más rastrera.

El iddqd de Barry Allen.

Ya sé lo que estáis pensando, “pues no es para tanto Diógenes, creo que te ciega tu odio Diógenes, pues tampoco lo he visto destruir el tiempo en ese cómic Diógenes” y no tenéis ni puñetera idea, porque sí es para tanto, si el odio lo provoca la luz de la verdad lo único que te ciega es el ir de perdonavidas y Barry si destruye el tiempo en este cómic, porque Showcase número 4 tiene DOS historias de Barry Allen, y la segunda es más peligrosa todavía que la anterior; es una historia titulada “¡El hombre que rompió la barrera del tiempo!” y en la que, por supuesto, Barry Allen tiene la culpa de absolutamente todo.

El cómic también llevaba un repaso a las criaturas más rápidas de la Tierra, todas ellas mejores que Barry Allen.

La cosa empieza de la forma más inocente cuando a un señor le desaparece la maquinilla de afeitar en pleno rasurado, a un técnico de televisión le desaparece de las manos la bombilla que le iba a meter a un televisor -si niños, los televisores de antaño tenían un montón de bombillas y un tubo de rayos catódicos dentro que bombardeaba de electrones nuestras pantallas, la locura- y al propio Barry Allen le desaparece un vaso de precipitado de esos que usa la gente de ciencia para mezclar productos químicos. La cosa no le hace ni pizca de gracia a este último, que al ser un supervelocista lo ve escapar con su vaso a supervelocidad y decide perseguirlo, encontrándose que el ladrón es un señor calvo vestido de violeta que no es Lex Luthor.

Insisto, NO ES LEX LUTHOR.

El señor calvo en cuestión no es otro que Mazdan, un malandrín que tras escapar de Flash rememora como vivía tranquilamente robando en el siglo XXV hasta que le detuvo la policía y lo condenó a viajar en el tiempo hasta el siglo L -que es el siglo 50, pero que en números romanos queda de pena y espero que dentro de veintinueve siglos se nos haya ocurrido alguna idea al respecto-, una época en la que la Tierra se ha echado a perder y está toda desértica. El problema es que la cápsula espaciotemporal que iba a llevarlo al futuro se estropea y acaba mandándolo al siglo XX, por lo que el señor calvo acaba teniendo que robar todos los componentes que le hacen falta para reparar su máquina del tiempo y volver a su época.

¡No engañas a nadie Barry, que eso de razonar con el villano es cosa de Wally!

Flash consigue detener al villano -por llamarlo algo, que sabemos que los dos son villanos- y hacer que lo metan en la cárcel, pero el canalla se escapa y consigue llegar hasta su máquina del tiempo. que empieza a poner en marcha dispuesto a dejarnos en paz de una vez. Sin embargo -¡como no!- llega Barry y lo interrumpe otra vez, exigiéndole explicaciones sobre que carajo se cree que está haciendo con el cohete al lado de la ciudad, que el chorro que soltaría el trasto sería tremendo y se cargaría a miles de personas. Y ojo que aquí tenemos la primera liada parda de Flash: decide romper la barrera del tiempo para ayudar a Mazdan a volver al futuro, para lo que agarra al susodicho y lo empuja contra la barrera del tiempo -ojo, que aquí podríamos hablar de que el multiverso DC ya tiene una burbuja temporal en 1956, porque se comenta que si vienes desde el futuro no la ves, pero si vas del presente al futuro te pegas de morros con ella- hasta llevarlo hasta el mismo tribunal del siglo XXV que lo condenó a muerte en el siglo cincuenta. Porque Barry Allen te ayuda sí, pero te ayuda a morir de forma horrible en una tierra desolada.

Barry Allen, partidario de condenar a muerte al personal de la forma más horrible.

A lo largo de los años posteriores las fechorías de Barry Allen serían muchas y variadas, coronándose en eventos como el Juicio de Barry Allen -en el cual fue declarado culpable y con razón por haber matado al Profesor Zoom- haciéndose llamar mejor amigo de Hal Jordan cuando todo el mundo sabe que su auténtico mejor amigo es Oliver Queen, volviendo locas a sus novias por su propia incompetencia, estando a favor de las marranadas de Identity Crisis y hasta borrándole los recuerdos al mismísimo Batman, muriendo en Crisis para tratar de compensar todas sus mierdas y acaparar toda la atención mientras otros personajes si que morían de verdad para no volver nunca, resucitar por pura envidia porque Wally había demostrado de sobra que se podía estar a la altura de Jay Garrick y no arrastrar su nombre por el fango, copiarle el origen a Batman -a pesar de que el propio Batman llegó a decir que él habría soñado ser como Barry si sus padres no hubieran muerto- y empezar a dar la paliza con que su madre está muerta, viajar al pasado para evitar que Zoom mate a su madre y joder la realidad, a pesar de que en la realidad original pre y post Crisis su madre no era asesinada por Zoom SIN QUE PASARA NADA y, en general, ser Barry Allen, un tipo insufrible y aburrido. Y mejor no hablo de sus apariciones en cine y televisión, que no quiero haceros llorar y que se os corra el rimmel.

¡DEJAD DE USURPAR A WALLY!

Si con esto no os ha quedado claro que Barry Allen es un personaje despreciable, es porque en realidad sois Geoff Johns, porque el único fan de Barry Allen se llama Geoff Johns, un tipo que en su vida ha conseguido leer y entender un tebeo.

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