Estaba claro que Diógenes lo había hecho todo para arruinarle su época favorita del año, piensa M’Rabo mientras cae al vacío dejando atrás los gritos frustrados de los terroristas latverianos. Por un momento piensa en planear, pero todo ese espumillón que lleva encima no está hecho precisamente de un metal thanagariano, así que pronto abandona la idea y se resigna a fallecer incrustado en el pavimento. Al final Diógenes iba a tener su victoria, le arruinaría la navidad y mataría a medio DC, a Rom y todo lo que amaba. Seguro que el muy desgraciado tiene como main del Overwatch a la puta Mei, y hasta pone barreras de hielo a la salida de su propio equipo. Que tipo más odioso es Diógenes y que..

Todos los tontos tienen suerte, y M’Rabo no iba a ser menos. Tanto espumillón y tantas bolas de navidad de algo tenían que servir, y su maltratado pellejo estaba siendo salvado enganchándose de una muy indecorosa forma (por el culo) con una de las terrazas del rascacielos. M’Rabo cruza de forma poco ceremoniosa la ventana y se clava el 93’5% de los fragmentos en los que se rompe el cristal, poniéndose los pies hechos un cristo porque va descalzo y cubierto de betún. Tras pasarse cerca de cuarenta minutos gimiendo en el suelo de lo mucho que le duele todo (y lamentándose por su propia estupidez, porque la ventana estaba abierta), M’Rabo decide ponerse en pie para buscar un poco de betadine, no sea que se le vaya a infectar algo. Y mientras avanza cual Chiquito de la Calzada por uno de los pasillos, lamentándose de haberse quedado sin su Heckler & Koch SR9 imaginario y sin su todopoderosa lanza, M’Rabo se encuentra de morros con Diógenes:

-¿Se puede saber dónde te habías metido?

Diógenes es pura escoria, el pobre M’Rabo es un amasijo de sangre y betún y ya está mandándole:

-Tenemos que salir de aquí, ¡la policía nos tiene rodeados y hay disparos por todos lados!

M’Rabo trata de agarrarlo por las solapas y hacerle una presa al más puro estilo Jack Bauer, pero Diógenes se aparta asqueado:

-¿Que dónde estaba? ¿Que dónde estaba? ¡Sobreviviendo a tus asesinos latverianos!

-¿Qué asesinos, pero de qué me estás hablando?

-¡Tus asesinos latverianos que quieren acabar con Rom, el más grande de los Caballeros del Espacio!

-¿Pero que Tostadora ni que niño muerto? ¿De qué me estás hablando?

-¡Y con DC entera, que los he oido yo! ¡Que eres un amargado que ni siquiera te gusta el Batman de Tom King! ¡Marvel zombie!

Diógenes, ese monstruo miserable y despreciable, parece realmente confundido. Pero seguro que es una trampa, seguro que en realidad quiere engañarlo otra vez y… Y entonces aparecen los asesinos latverianos prestos y dispuestos a achicharrar a los dos.

Visto que M’Rabo avanza a paso de finstro pecador y que Diógenes tampoco es precisamente un plusmarquista olímpico, el muy cobarde no tarda en rendirse y pedir clemencia. Pero Diógenes no se rinde a lo M’Rabo -con el único objetivo de que su enemigo que descuide y poder empujarlo y pisarle el cuello- Diógenes era de los que se echa a temblar y se deshace en un mar de lágrimas suplicando por su miserable pellejo. Pronto los llevan con el resto de los rehenes, todos ellos gente acojonada y mirando al suelo para que no los miren a ellos, y un terrorista con barba y muy repeinado les da la bienvenida:

-Ah, ya veo que han tenido a bien regalarnos compañía, ¿es usted el famoso “engendro del betún”?

M’Rabo se estira todo lo achaparrado que es y lo mira fijamente entre una maraña de betún y espumillón:

-No vas a matar a Rom, hijo de puta.

-¿Rom? ¿Quién es ese?

-¡El Más Grande de los Caballeros del Espacio de Galador, el héroe al que tú y tu jefe Diógenes queréis arrastrar por el barro! ¡Pero no lo permitiré!

-Mi… ¿Jefe?

-Tu jefe -señala M’Rabo a Diógenes, que sacude la cabeza y se hace un ovillo en el suelo:

-¡Yo no lo conozco, es un loco peligroso, yo soy un rehén bueno!

El señor terrorista jefe se da la vuelta y hace un gesto a uno de sus secuaces:

-Ponles un chaleco y llévatelos lejos, me dan dolor de cabeza.

Pronto acabaron atados a sendas sillas de oficina y colocados frente a un ventanal, colocados estratégicamente para caer sobre el siguiente asalto de la policía al edificio. El darse cuenta de que los susodichos chalecos iban forrados de explosivos había provocado cierta incomodidad en Diógenes, que sigue sollozando y echando la culpa de todo a M’Rabo:

-Podías haberte estado quieto pero no, ¡tenías que ser un puto loco!

-¡Dijo que su Green Lantern favorito era Kyle Rayner!

-¿Y que más da? ¡Si tiene un arma, como si dice que Jim Lee es mejor que Jack Kirby!

-¡Los cojones! ¡Y no te creas que no me he dado cuenta de que has vuelto a llamar tostadora a Rom, el Más Grande de los Caballeros del Espacio!

-Calla, ¿te has fijado en quienes eran los rehenes?

-No, estaba demasiado cegado por la ira y el betún, ¿qué coño le echan al betún ahora para que sea tan grumoso? ¡Parece chapapote!

-Eran Henry Cavill, Ben Affleck, Joss Whedon, Diane Nelson…

-¡Y querías matarlos a todos!

-No idiota, ¿es que no te has parado a escucharlos?

-Es que el betún se te mete en los oidos y…

-No paraban de hablar de “restaurar la visión de Zack”, ¿eso te suena más?

-¡Hijos de puta, son abismo de twitter! ¡Seguro que quieren la versión Snyder de la peli de la Liga de la Justicia! -M’Rabo mira atento a Diógenes, buscando encontrar cierta indignación cómplice. Pero no la encuentra- ¡Y a tí te da igual!

-Hombre, tienes que reconocer que la película de Whedon tendrá algo más de cordura, pero sigue sigue teniendo unas enormes carencias a todos los niveles que…

-¡Pues no te necesito para nada! -M’Rabo forcejea, tratando de hacer que su silla se de la vuelta y comienza su carga con dinamita y todo- ¡Si voy a morir, antes me los llevo por delante! ¡Por Galador!

-Me cago en mi vida…

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