No me vayáis a malinterpretar por lo de ayer, Secret Empire no está tan mal. El problema no viene del Capitán América -que en realidad se las trae, porque la copia es el “bueno” y el malo es el original “cicatrizado”- ni por las soluciones mágicas -cuando metes un cubo cósmico de por medio, pues es normal que la solución sea mágica-. No. El problema va por Thor.

Cuando pienso en Thor pienso en esto, no en tipos con hacha que trabajan para un Steve Rogers nazi.

Thor ha sido un secundario en toda esta historia, un personaje que ha estado de fondo mientras otros se montaban una resistencia, se iban a encontrarse a si mismos y todo eso. Thor ha sido un tipo que, visto que era “indigno” y el Capitán Hydra si lo era porque podía levantar su martillo, decidió volverse nazi. En un principio me callé y lo sometí al mismo tratamiento al que sometí a Steve Rogers, el de “ya volverá el de verdad al final, hay que esperar”, pero ya tenemos el final de la historia y Thor… Pues como que llegado el momento “se cansó de ser nazi” y se lió a soltar hachazos a la gentuza de Hydra. Y ya. Y con eso se creerán que lo han dejado todo en su sitio. Pues tampoco.

Thor tenía gente que le quería y apoyaba, ¿por qué le han dejado caer tan bajo?

Lo que han hecho ha sido pasarse de la raya mil pueblos, porque si los actos de Steve Rogers han sido “limpiados”, los de Thor no. Thor sigue arrastrándose indigno hasta de su propio nombre por el simple pecado de ser consciente de que la humanidad no necesita dioses. Entiendo lo que está haciendo Jason Aaron con el personaje, hundiéndolo en una depresión motivada porque por primera vez en sus miles de años de existencia no sabe que es lo que tiene que hacer, que es lo que quiere o a dónde va. Porque “haciendo lo correcto” tiene la impresión de no estar dejando a los mortales explotar su potencial, con lo que sufre un bloqueo grave. La cosa tal vez haya durado demasiado y la humillación pública de Thor se ha salido de madre en varias ocasiones, y de hecho la etapa de Aaron se ha resentido tremendamente porque ni Jane ni los Tres Guerreros o Balder se han preocupado por sacar a Thor de su depresión -que para eso están los amigos, y no solo para gorronearte el wifi- pero lo de Secret Empire ha sido ya rizar el rizo: Que toda la humanidad lo tenga claro y los mamarrachos también, pero Thor no va con nazis. Nunca. Jamás. Da igual lo que le digas, da igual el requiebro literario que hagas, Thor no permitirá que hagas daño a nadie en su cara o servirá de esbirro a un fascista, por muy “desorientado” que esté. Porque Thor siempre ha seguido su corazón, y si quieres que cometa un error o haga algo equivocado, primero tienes que conseguir que tenga la convicción de que está haciendo lo correcto, y no que lo haga porque “tiene dudas”.

Siendo Thor tan bobo, no me extraña que Odin lo mandara a aprender humildad y de paso una carrera de medicina, que tampoco es cuestión de perder el tiempo.

Y alguno me vendrá con viñetas de los Invasores #32-33 de Roy Thomas, con ese Thor ayudando a Hitler, y me dirá que con eso está todo justificado porque a Thor ya le engañó Hitler una vez y que eso está en CONTINUIDAD y patatín y patatán, pero le diría que se lea ése cómic, porque la historia que te viene a contar es que Hitler usa una máquina del Doctor Muerte -en aquellos tiempos todavía estaba en CONTINUIDAD que Reed y Ben eran veteranos de la Segunda Guerra Mundial- para llamar a Thor y engañarlo para que mate a Stalin -que hay que decirlo, sus buenos mjolnirazos si que se merecía-. Y que Thor, llegado el momento clave, se da cuenta de que Hitler es hasta peor que Stalin y decide largarse, que lo de unirse a los Invasores no debía de parecerle buena idea.

“Y este quiere su chupete de vuelta”. Yo no sé si en Marvel se acuerdan, ¡pero de este personaje estrenan una película este mismo año! ¡Y no la estrena la Fox, precisamente!

¿Llegaba ese Thor a hacer animaladas comparables a las del Thor de Secret Empire? Pues por increíble que parezca, no. Porque el Thor de Invasores no era consciente de lo que estaba pasando, sólo sabía que Stalin era un tirano y, cuando descubre que está trabajando para unos miserables, decide mandarlo todo al cuerno. Mientras que el Thor de Secret Empire no solo es consciente de lo que está haciendo, sino que es cómplice en primer grado de ello y hasta participa en misiones de exterminio de antiguos aliados. Luego le da un ay y se revuelve contra Hydra, pero el daño ya está hecho y me dejan claro que… Poco les importa ya Thor. Porque todo el mensaje final de Secret Empire es que lo viejo tiene que dejar paso a lo nuevo, y el evento en su conjunto está realizado con ese objetivo. Y sin embargo volvemos a ver al Capitán América con su traje clásico pegándole puñetazos a nazis, y los lanzamientos de Marvel Legacy contradicen por completo el final de la serie, porque Steve Rogers le viene a pasar el testigo a Sam Wilson y Sam Wilson vuelve a ser el Halcón en su nueva serie, mientras que Steve vuelve a ser el Capitán América.

Que ve a todo el mundo pegándose al final de la bronca y recupera el buen juicio. Y todo el colaboracionismo de hasta ahora pues… Uh… ¡Lo hizo un mago!

Tal vez en Marvel se hayan dado cuenta de que se han pasado de frenada y por eso han rehabilitado a Steve Rogers, y que a Thor ya le llegará la hora tras el evento de “Death of Thor”. Pero por el camino han roto demasiados huevos, se han cargado la esencia del personaje, y puede que tengan una solución mágica en el bolsillo para explicar su comportamiento en Secret Empire, pero me vais a permitir que sea un pelín escéptico al respecto… Porque si en más de diez años nadie ha sido capaz de explicar la enajenación mental transitoria de Steve Rogers y Tony Stark durante Civil War… Me temo que tampoco explicarán la de Thor. Y eso es lamentable.

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