Cuando Marvel relanzo DE NUEVO el cómic de Rocket Racoon tras haber pasado solo cinco meses desde el relanzamiento anterior decidí que ya tenia suficiente. Salvo contadisimas excepciones, las incontables series y spin-offs que habían tenido los Guardianes de la Galaxia gracias al éxito de sus películas habían ido de lo pasable a lo mediocre, así que me decidí a no darles ni una oportunidad mas sin tan siquiera saber quien seria el nuevo equipo creativo de la serie o de que iría esta ahora. Por suerte Diógenes (que sigue siendo como ese reloj roto que un par de veces al día es capaz de dar la hora correcta) me aviso de que debería mirar quien hacia esta nueva serie y quienes aparecían en ella. Y menos mal que le hice caso, porque parece que gracias a Al Ewing nos encontramos ante uno de esos spin-off de Guardianes que se convierten en la excepción a la regla.

Y lo poco que me apetecía leer este cómic…

Tras conseguir escapar de su exilio en la Tierra Rocket no esta pasando por su mejor momento anímico, la nostalgia y los remordimientos del pasado le acosan y trata de ahogar sus penas con alcohol en un bar de mala muerte en uno de los rincones mas perdidos del universo. Pero cuando una vieja amiga reaparece en su vida para pedirle un favor Rocket no puede evitar salir de su amargura para ayudarla pese a que sabe que no debería confiar en ella. Pero ni siquiera alguien con todos sus talentos es capaz de llevar a cabo ese favor en solitario, Rocket necesita ayuda para este trabajo, y por suerte para el en ese mismo mundo se encuentran algunos miembros de uno de los grupos de mercenarios mas famosos del espacio-tiempo que, tras haber abandonado su organización, necesitan con desesperación dar un gran golpe. Un ladrón retirado, un viejo amor, unos mercenarios en sus horas mas bajas y uno de los bancos mas inexpugnables de todo el espacio conocido ¿Que puede salir mal?…

Esa nueva banda de Rocket me resulta muy familiar…

Yo estaba harto de cómics de los Guardianes de la Galaxia. Pese a que las películas me encantan y guardaba un muy buen recuerdo de la etapa de Abbnett y Lanning, la saturación a la que nos llevo Marvel, que llego a darle serie propia a todos y cada uno de los miembros del grupo, algunos con un relanzamiento tras otro, con la esperanza de que algo cuajase entre el publico ,y el coincidir en su serie madre la etapa de un Brian Bendis en su peor momento como escritor, hicieron que aparte de la divertida etapa de Scottie Young al frente de Rocket Racoon y Groot, lo demás fuese poco salvable (ni siquiera el gran Chip Zdarsky consiguió hacer divertido a Starlord). Pero claro, este cómic lo escribía Al Ewing, y si por algo se ha caracterizado este escritor desde su llegada a Marvel es que es un nostálgico de tomo y lomo (llegando incluso a recuperar a los personajes del Nuevo Universo Marvel en sus Ultimates) y porque es capaz de hacer cualquier premisa por absurda que esta parezca.

Solo alguien como Ewing seria capaz de rescatar estas ideas y conseguir que funcionen hoy en día

Y por si eso fuese poco, Al Ewing había decidido traer de vuelta al primer plano a la Tecno-Red, aquel descacharrante grupo de mercenarios espacio-temporales que Jamie Delano y Alan Davis crearon para el Capitán Britania y que tan buenos ratos nos hicieron pasar en las paginas del Excalibur de Claremont y Davis. Y con todos estos elementos uno (yo al menos) hubiese esperado que Ewing se lanzase a seguir los pasos de Delano o Claremont, de embarcar a Rocket en alguna gran aventura cósmica por el multiverso. Pero en lugar de eso ha decidido optar por un camino algo diferente y algo mas terrenal, combinar la ambientación de ciencia ficción que le proporcionan estos personajes con una historia de crímenes al viejo estilo. Una curiosa mezcla de géneros a la que se le añade una aun mas curiosa mezcla de influencias. Por una parte Ewing se ha inspirado en las novelas de Parker que escribió Richard Stark (Donald E. Westlake) y por otro la primerísima historia de Rocket Racoon que crearon el gran Bill Mantlo y el no menos grande Mike Mignola hace mas de treinta años y de la que Ewing ha querido recuperar elementos del pasado y de la personalidad de Rocket que la mayoría de guionistas posteriores habían preferido ignorar.

Y parece mentira que todas estas influencias tan dispares funcionen tan bien juntas

Con todos esos elementos Ewing ha construido un divertido relato con un sabor muy clásico lleno de intriga, romance, traición y mucho humor que consigue que los relanzamientos anteriores parezcan un mal sueño. Un trabajo en el que le acompaña Adam Gorham, un dibujante cuyo trabajo desconocia hasta ahora pero que me ha dejado muy gratamente sorprendido. Es cierto que de entrada, y con estos personajes, echaba en falta a alguien mas en la linea de Alan Davis (mas bien a el mismo). Pero tras ver como Gorham se desenvuelve con las escenas de acción, unas composiciones de pagina poco convencionales y sobre todo la gran expresividad de sus personajes, cualquier queja que pudiese tener sobre el apartado gráfico se ha disipado.

Si consigue que ese personaje funcione sobre el papel es que es capaz de cualquier cosa

Se que muchos estarán en mi misma situación, hartos de esta táctica de las grandes editoriales de sacar de todo a lo loco a ver si algo funciona, pero si este cómic me ha servido para aprender algo, es que no debemos dejar que esto nos impida darle una oportunidad a nuevos títulos (aunque es cierto que las editoriales deberían replantearse algo sus estrategias) Lo malo de esto es que en el lado negativo ahora tendré que soportar a Diógenes regodeándose y diciendo “de nada”, pero las penas con la Tecno-Red de vuelta son menos.

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