La Venganza de Gunthër Panoñez (III)

“Kiendergarten, Gunthër Panoñez está muerto, y al margen de las alocadas visiones que tuviera el doctor Gustarddufsson antes de morir, seguirá muerto -el rector Gregor Friedrinch Wincklebergen Gattuso volvió a bajar la vista hacia su computadora y siguió tecleando, fingiendo indiferencia- ¿No tiene nada más que decirme?”
“¿Estuvo en la última conferencia de Gustarddufsson?”
“Sí, desde luego -respondió, sin levantar la vista de la pantalla- El escarabajo del Nilo y toda esa farsa de Munich. Son los alemanes los que deberían venir aquí, no nosotros allí. Aquí tenemos demasiado trabajo.”
“¿Notó algo inusual?”
“En absoluto. ¿Que tenía que ver, algún tipo de fantasma?”
“No lo sé. Él me habló que espantosos crujidos interrumpieron su discurso, y de bajadas de tensión en la luz.”
“Tal vez. Pero no es nada fuera de lo normal. El salón Fluttenbergen tiene más de trescientos años, y la instalación eléctrica tiene más de setenta. No es nada extraordinario que a veces las luces fallen.”
“¿Y los crujidos?”
“Ratas. No es ninguna novedad que ese edificio esta lleno de roedores, tanto en el subsuelo como en el tejado. Como sería un desprestigio desratizarlo durante el curso, estamos aguantando hasta la finalización del mismo, asi que me temo que hasta entonces tendremos que soportar estas cosas.”
“Gustarddufsson exageró entonces estos dos sucesos.”
“Por supuesto -levantó la vista del ordenador y se recostó en su asiento- Mire, agradezco su preocupación, y comprendo que ver morir al doctor en su propia casa ha debido de perturbarle. Pero no se preocupe, probablemente la falta de riego sanguineo al cerebro del bueno de Olaf y un estrés considerable le haya provocado un aumento de la ansiedad y la paranoia.”
“Y visiones de cadáveres andantes.”
“Por supuesto. Aun no siendo el gestor principal de la obra por la que murió Panoñez, tengo cierta responsabilidad moral por no haberle forzado a Gustarddufsson a extremar las medidas de seguridad. Fue el mismo Gunthër el que avisó del peligro que suponía transitar todos los días por allí, como su muerte acabó demostrando.”
“Supongo que, aunque sólo sea por respeto a la voluntad del muerto, me permitirá examinar dicho salón.”
“No veo por qué no, pero tendrá que realizarlas durante la noche. Por el día hay clases.”

El rector Wincklebergen siempre había rechazado mi trabajo, pero me toleraba ya que en cierto modo tenía que reconocer mi valía. A la hora de investigar el salón, necesitaba hacer un examen en profundidad de las lineas gaia del mismo, un estudio ectoplosfúrgico que dada la edad del edificio muy probablemente daría ciertos resultados. Afortunadamente, aquellos días visitaba Viena mi amigo Hilario Abañón, y tenía cierta capacidad para conectar con otros planos espirituales. Dada su misantropía habitual, decidí que lo mejor era enviarle un correo electrónico, informándole de la situación y citándole para esta misma noche. Dados sus peculiares hábitos de sueño, muy probablemente acabaría leyendo el mensaje nada más levantarse, pero su contribución a la investigación a buen seguro compensaría sus quejas. Recién había enviado el correo, cuando recibí una llamada de Mungeke, mi asistenta:
“Señor Kiendermurren, ¡esto es una vergüenza!”
“¿Cómo? ¿Pero qué ocurre?”
“La casa, señor Kunderfatten, ¡la casa! ¿Qué es ese espantoso hedor que tiene toda la casa? ¡Huele a diarrea de hipopótamo! -mi asistenta, una kĩkũyũ llamada Mungeke M’Trmba había vivido toda su vida en Kenia- ¿Quiere decirme que es lo que ha pasado?”
“Digamos que, en efecto, un hipopótamo humano ha sido despiezado allí mismo. Disculpeme por no haberla avisado antes, he estado muy ocupado.”
“¿Ocupado? ¡Doctor, este pestazo sacaría al mismo Ngai de su casa!”
“Lo lamento de verdad, estoy desolado. Puede gastar todo lo que quiera para limpiar la casa, correré con todos los gastos.”
“¡¡Una manguera de KH7 es lo que voy a usar!! -y acto seguido, colgó.”
He de admitir que siempre me sentí atraído por Mungeke. Sus caderas redondas y su actitud desafiante ante la vida me habían seducido de alguna manera desde el momento en que la conocí allí en Kenia. Me encontraba yo viajando por el mundo buscando algún sistema para garantizar un espacio libre de interferencias místicas en mi hogar, coleccionando reliquias de distintas culturas, cuando me atacó un hipopótamo. Por lo visto, había cometido la imprudencia de situarme entre el agua y él, con lo que la bestia me tomó como un agresor y decidió tomar un curso de acción agresivo contra mi persona. Ella consiguió salvarme, y, tras varias peripecias que es mejor no contar aquí para no extenderme en exceso, acabó viniendo conmigo a Europa tras morir toda su aldea en una siega de almas de los Apapanjayu.
Lamentablemente, nunca tuve relaciones íntimas con ella.

Hilario Abañón apareció como siempre, salido de entre las sombras, envuelto en una gabardina raída y harapienta y con el pelo hecho un desastre. Sus ojos denunciaban su edad, si es que eso era ya posible a estas alturas, su boca tenía la perpetua expresión de asco que le acompañaba a todas partes:
“Hoy estoy de buen humor, así que no voy a cabrearme por mucho que lo intentes.”
“No es mi intención, amigo mío -le abrí la entrada de la verja principal del campus- Tenemos mucho trabajo como para perderlo en fruslerías.”
“Puedes jurarlo -mi amigo parecía sonreír por debajo de su máscara de asco- Ah, oye, te veo un poco falto de hierro, tienes que empezar a cuidarte, que ya tienes una edad.”
“Procuro hacerlo, pero hoy me he pasado todo el día fuera de casa y apenas he podido comer algo en la cafetería.”
“Basura, seguro. Los alemanes no sabéis más que comer salchichas. Panda de maricones reprimidos… -se paró, como un mastín que huele algo en el aire- Aquí pasa algo.”
“¿Perdón?”
“Nada. Otra vez los fantasmas de los gatos de Schrödinger -Hilario se encogió de hombros- la de gatos que mataron los alumnos de aquí sólo para contradecir una puta paradoja.”
“Vaya, pensé que era algo más importante.”
“¿Más importante que un gato? ¡Ja! A mí me hablan más los gatos que las personas, así que los gatos son más importantes que las personas. Pero veo a los gatos un rato revueltos, ¿eh?”
“Será por los ratones. Es aquí -le abrí la puerta del Fluttenbergen- hay que demostrar si hubo actividad ectoplosfúrgica.”
“Coño, pues sí que hay ratas. Pero a punta pala.”
“Ya le dije que debía de haber algún tipo de perturbación.”
“Toda esta ciudad es una puta perturbación, es lo que pasa cuando hay gente viviendo y muriendo en el mismo sitio durante más de 2500 años.”
“Es uno de los muchos de los atractivos de mi ciudad natal.”
“Bah -Hilario se acercó al centro de la sala y se sentó en el suelo- Como en Bilbao en ningún sitio.”
Lo cierto es que Abañón no era natural de Bilbao, pero como solía decir “los bilbainos nacemos donde nos da la gana”. Mi amigo era un tipo especialmente reservado, y preguntas con el más mínimo asomo de indiscreción solían ponerle en guardia. Como no era el mejor momento para ponerlo nervioso, reprimí mi impulso de iniciar una conversación frívola sobre su lugar de procedencia, por mucho que me picara la curiosidad:
“Ser medium es una puta mierda, ¿sabes? Tengo que soportar los espíritus de nosecuantos profesores frustrados sexualmente, los gatos histéricos, celtas cabreados todavía con los romanos… -la sala empezó a temblar, y un horrible crujido se oyó por todos los ángulos- ¡Y ahora esto! Asco de vida…”
“¿Pero hay algo fuera de lo normal?”
“De momento sólo he cabreado a un montón de ratas. Muchas ratas.”
“¿Vivas, o muertas?”
“Vivas, muertas, gordas, flacas, de todo tipo. Joder, esto es una conferencia de ratas cabreadas -las luces empezaron a encenderse y apagarse, mientras las puertas se cerraron subitamente y con gran estruendo- Genial, ya se lo que hay. Me cago y me meo en su puta boca, creo que la hemos liado.”
“¿No me diga que hemos contactado con otro ente de pasillo?”
“¿De pasillo? No, más bien un totem -levantó la cabeza, tenía los ojos en blanco y unas venas amarronadas le cruzaban por toda la cara- O no…”
“MUNDëtHAQ NUHRECAQ MINLHaäQ… -se oyó, mientras el mobiliario comenzó a salir disparado en todas las direcciones- ¡KUNANHAQ MUBARATH! ”
“Curioso. Parece un dialecto del gaiano, pero la sintaxis es un poco más enrevesada. Yo diría que es algún tipo de lengua de las que se hablaba en el animismo preatlante, algún tipo de arcano…”
“¡TIEMBLA, KIENFLUNGENGRANDEN, -una siniestra sombra encapuchada se alzó desde el suelo, alzándose más de siete metros- PORQUE LA VENGANZA DE BALJABAZHABULLAROM CAERÁ SOBRE TÍ!”

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