La maté porque era mía: El Spiderman de Christopher Priest (VI)

A mi me preguntas por una Jean e inmediatamente pienso en Jean Grey. La chica muerta, que vuelve cada dos por tres, pero su muerte fue tan impactante que la acabaron resucitando un porrón de veces solo para poder resucitarla otras tantas. Pero en el momento en el que mataron a Jean DeWolff, Jean seguía muerta, así que supongo que por mucho que Peter David dijera que él no quería matarla y que hasta tenía planes para el personaje, Jean iba a morir y no resucitar. Y hasta hoy.

“¡Niño, no te compro el espiderman ese porque es muy chungo y luego tienes pesadillas!”

Que a Jean DeWolff le caía bien Spiderman era algo que no era nuevo. Desde su creación y necesaria o innecesariamente, Jean había venido en principio a llenar el hueco de “policía amistoso” que había desempeñado el propio George Stacy. La relación de Spiderman con la policía nunca había sido buena, y de hecho había llegado a ser tiroteado por ella en más de una ocasión (cosa que hoy en día me parece una barbaridad, pero bueno) con lo que la figura de una policía clavadita a Faye Dunaway en Bonnie & Clyde que solía echarle un capote a Spiderman y hasta sonreía al verlo llegar era entrañable… Hasta que la relación entre ambos empezó a ser rara. Se fue viendo que Jean sentía algo más que simpatía por Spiderman, y de hecho hasta Al Milgrom en su etapa en Spectacular hasta empezó a utilizarla como un contrapunto de la Gata Negra; si Felicia era una ladrona que estaba enamorada de Spiderman -y no de Peter- Jean era de los buenos y le ocurría lo mismo y hasta hipotéticamente lo mismo también habría aprendido a querer a Peter. Vete a saber, la cuestión es que Jean se mojaba bastante por Spiderman, llegando incluso a conseguirle un perdón a la Gata Negra solo por hacerle un favor, pese a que ella fuera su competencia directa. Y es entonces cuando fue asesinada.

Hmpf.

Que Jean tuviera un sobre lleno hasta los topes de fotos y recortes de Spiderman no sonaría tan raro si no se hubiera molestado en recortar a la Gata Negra de las mismas. No se puede decir que sea un giro introducido especificamente para crear una reacción en el personaje porque ese dato ya se había sembrado incluso antes de la concepción de esta historia, pero el que solo en ese momento Spiderman se “fije” en ella da mucho que pensar; ses iente culpable por no haberla tenido en cuenta, aumenta su compromiso con cazar al asesino, con vengarla, y a la vez no deja de poner a Jean como un personaje que sigue dependiendo del protagonista. Desde luego que no es algo tan “grave” como la introducción del primer número de la historia, a estas alturas llueve sobre mojado y hasta diría que la escena está llevada con cierto tacto, algo que es bastante impresionante teniendo en cuenta como el resto de la saga tiene la sutileza de una esponja de clavos oxidados. No se volverá a tener ningún detalle para con Jean o el juez asesinado en el número anterior -aunque durante sus funerales Matt recordará a su amigo y los madre de Jean se cagará en el padrastro que tanto la animó a hacerse policía- pero nunca tendremos una explicación satisfactoria -porque explicaciones habrá varias, sí- de por qué el Comepecados consideraba que ella era “una pecadora” que debía morir.

Lo mata por estar en contra de la pena de muerte, ojo.

Mientras tanto, el Comepecados se apunta su tercera víctima en la figura del confesor del “falso” Comepecados, Emil Gregg, que a su vez procede a atacar el Daily Bugle con el objetivo de matar a JJ Jameson. Tras su detención, Daredevil le avisa a Spiderman de que no es el asesino, y los dos se van a registrar el apartamento de Gregg, descubriendo que hay una puerta que lo conecta directamente con el de su vecino, Stan Carter (que en Nueva York haya apartamentos que se conectan puerta con puerta con el vecino de al lado no sé si es algo normal, pero me parece completamente absurdo; ¿para qué carajo están los ladrillos?) y dentro de él el pasamontañas y armas del Comepecados. Conscientes de que Stan quiere matar a Jameson, los dos corren a su casa y encontrándose allí a su secretaria, Bett Brandt, siendo atacada por el Comepecados. Spiderman cubre con telaraña su escopeta y se la arrebata, rompiéndola en su cara y procediendo a darle una soberana paliza. Cuando Carter, ya desenmascarado, le dice que lo siente, Spiderman procede ante una horrizada Betty a arrearle más todavía a pesar de que está ya noqueado del todo, por lo que cuando por fin llega el tardón de Daredevil, Matt se ve obligado a pararlo.

¡Ésto tenías que haber hecho la primera vez, desgraciado! ¡Y eso que se supone que en esta escena está más descentrado!

Spiderman, presa de la ira, se lía a tortas con Daredevil, lanzándolo por la ventana y, lejos en ese momento de afanarse con el susodicho Carter, se lanza detrás de Matt y lo persigue por media ciudad yo que sé para qué, supongo que para matarlo, en una de las escenas más lamentables de la historia del personaje, hasta el punto de que unos tres años después el propio Peter David realizaría una secuela de esta historia en la que contaría que Spiderman está completamente traumatizado por ese arranque de ira y hasta se ve incapaz de levantarle la mano a Electro por miedo a perder el control y matarlo. Finalmente Daredevil consigue derrotar a Spiderman y se pregunta si lo que está pasando es que el lanzarredes siente demasiado o él mismo siente demasiado poco, algo completamente irónico si, recordamos de nuevo, en ese mismo mes se empezó a publicar Born Again, una de las historias más pasionales de Daredevil.

“.¿A que te reviento?”

Tras ser llevado Stan Carter a comisaria, aparecerían varios agentes de SHIELD explicando que el hombre era inocente, que todo era culpa de unas drogas de superfuerza experimentales que le habían inoculado siendo agente que lo volvían loco, que pensaban que ya se le había pasado y tal, pero que la reciente muerte de su compañero -muerte que no se menciona hasta ese momento en toda la saga- debía de haberlo desequilibrado un poco y de ahí toda la sangre y muerte y tal. Curiosamente, en la ya mencionada secuela que hizo David de esta misma historia entre los números 134 y 136 de Spectacular Spider-Man, se viene a contar que Stan Carter y Jean DeWolff eran amantes, información que se contradice en parte con la especulación con la que abre la historia sobre la posibilidad de que el Carter matara a DeWolff porque “era parte del estamento policial que había permitido que su compañero fuera asesinado”. La historia suena un tanto a David avergonzándose de algunos episodios y tratando de justificarlos como puede, pero añadirle a todo esto el dato de que Jean y él eran amantes  y no solo eso, que la locura de Carter empezó porque estaban los dos en la cama y ella le plantó porque tenía que encargarse de una pelea de bandas y eso lo volvió loco del todo… Honestamente, creo que en vez de arreglar algo es el insulto definitivo para Jean, pero en fin, que todavía nos queda gran parte del último número de la saga por repasar, la parte de la culpa y la redención.

¿El de la última viñeta quién se supone que es, Colombo?

Porque la gente está cabreada y quiere linchar a Carter, por lo que se ponen a asediar la comisaría. El propio padre de Jean DeWolff lidera la turba y salta sobre el asesino justo cuando estaban metiéndolo a un furgón policial, por lo que Daredevil salta a defenderlo mientras Spiderman se niega a echar un cable o siquiera observar la escena porque no sabe si le asusta más la perspectiva de salvar a Carter o la de disfrutar viendo como es linchado. Sin embargo, Daredevil está recibiendo de lo lindo, con lo que empieza a pedirle ayuda. Y justo cuando Peter está enumerando sus muertos y quejándose que son demasiados (en aquel momento solo había perdido a Gwen y su padre, al tío Ben y a Jean DeWolff, el pobrecillo no sabía que esta misma historia iba a iniciar la nefasta tendencia de matar un secundario de Spiderman a la mínima oportunidad) Daredevil lo llama Peter. Y claro, Spiderman lo salva y salva también al Comepecados, arrancándolo de las garras del padre de Jean, al que cubre la cabeza de telarañas que supongo que transpiran muy bien.

Menos mal que no gritó “¡Martha!”.

 

Y así es como, después de salvar de un linchamiento a un experimento fracasado del gobierno de EEUU, Peter y Matt se revelan mutuamente su identidad secreta justo en el mes en el que Kingpin descubre que Matt es Daredevil y empieza la historia que terminará con Daredevil enfrentado de nuevo a un experimento de superfuerza del gobierno de EEUU que se habia vuelto loco, ironías de los universos compartidos. Lo cierto es que ambos se hacen amigos inmediatamente y toda la ira de Peter Parker desaparece por completo mientras los dos se van de vuelta a su apartamento y comparan notas. Y mientras Matt le explica en que consiste la presunción de inocencia y el deber de los superhéroes de tratar de conseguir que el sistema funcione, la tía May llama justo antes del final del cómic con necesidad de un abogado, porque uno de sus huéspedes la acaba de liar.

Cómic patrocinado por la Asociación Nacional del Rifle.

¿Recordáis el vejete huesped de la tía May del principio de la historia? ¿Ése al que le pegaron una paliza unos matones? Pues ha decidido hacer el Charles Bronson, ha cogido una pistola y se ha metido en el metro a buscar bronca, consiguiéndola cuando tres desgraciados con trapos atados a la cabeza lo atracan y él responde disparándolos a quemarropa. Luego se contaría que ninguno de ellos estaba muerto (ja) y que por eso el abuelete del que nunca se supo más pudo volver a hacer su vida; unos pocos números después los matones se recuperarían y tratarían de vengarse del abuelete asaltando la casa de la tía May y tomando a todos los huéspedes de rehenes, en una historia totalmente salida de madre que, aunque su moraleja era la de que las armas no eran la solución y el propio Popchick trataba de hacer las paces con sus no-asesinados, explotaba esas ideas de “inseguridad ciudadana”, que buscaba Priest para Spectacular Spider-man, la serie que debía de ser Daredevil en vez de Spiderman y que ponía a Peter Parker constantemente al límite. Y hablando de Peter al límite…

La joya de la corona, otra vez.

Sí, la semana que viene terminaremos esta serie con el cómic por el que Christopher Priest se ganó su despido y cabreó más allá de toda medida a Tom DeFalco: Spider-Man versus Wolverine.

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