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La invasión de Chanclilla: Vacaciones en una galaxia de muy lejos (II)

Cuando uno está intentando conquistar la galaxia entera hay varias cosas que tiene que tener en cuenta, y no estoy hablando de líneas de suministros, apoyo popular, definición de objetivos y demás tonterías, no. Estoy hablando de que hay que tener un ejército. Un ejército con armas, si señor. Con armas y naves gordas, naves con las que la República-ahora-Imperio supuestamente había ganado las Guerras Clon, pero que el imbécil de M’Rabo había mandado todas al desguace porque «total, si voy a tener Destructores Imperiales, que molan mucho más» y así es como se quedó con una flota ridícula. Una flota ridícula con la que planeaba conquistar la galaxia entera y, de entrada, Alderaan y sistemas colindantes. «Bah, pero el himno más molón lo tenemos nosotros.»

 

Menos mal que tenemos a Darth Vader o algo.

Y era verdad. El «Himno de Batalla del Glorioso Imperio Galáctico Que No Tiene Nada Que Ver Con Los Sith Porque Éso Son Habladurías De La Prensa Subversiva» no se podía negar que era un himno la mar de pintón, pegadizo y que sonaba la mar de bien, hasta el punto de que cualquiera que quisiera probar un equipo de sonido tenía que, por ley, probarlo con el himno de marras y aun así la gente no se había quejado demasiado. Algunas lenguas maledicentes lo habían llamado «el tema de Darth Vader» porque por la época en la que lo estrenaron el Emperador Mhulargo había estado indispuesto y claro, lo había estrenado Darth Vader y se había apropiado de él con todo el morro igual que el propio Imperio se lo había quedado cuando se lo arrebató a un músico callejero sullustano que lo solía tocar con trompetilla en las calles de Nal Hutta. Pero claro, no había comparación entre la susodicha trompetilla y los arreglos de para orquesta de la versión final, a las pruebas me remito:

Y encima hasta es bailable, ¡mira como lo mueve Darth Vader!

Pero dejando estos detalles melómanos de lado, lo cierto es que el Imperio Mhucorto lo tenía complicado para conquistar Alderaan. Bail Organa, senador por el Reino Democrático de Alderaan, había largado un discurso tremendamente insoportable en el Senado rechazando la invasión, pero no sirvió para mucho porque para entonces en el senado ya solo quedaban cuatro senadores borrachos como el Barón Papanoida y el propio Emperador Mhulargo, a los que les gustaba jugar a los autos de choque con los escaños hasta que alguien se hacía daño. Así que Bail Organa dimitió de su acta de senador y volvió a su Alderaan natal, dando por hecho que semejante pandilla de idiotas no iba a poder ni tocar Alderaan con cuatro fragatas achacosas y alguna corbeta oxidada. Pero claro, se olvidaba de que al frente de esos desastres interestelares estaban Wilhuff Tarkin y Darth Vader, y ésos sí que sabían hacer su trabajo…

Los stormtroopers no tienen mucha puntería, pero si acumulas los suficientes eso da igual.

-Mi Señor, estamos listos para la invasión de Chandrila.
-¿Chan… Qué? ¿Cómo que Chanquete hijo de puta? ¿No te dije que invadieras Alderaan?
-Maestro, Chandrila es el mundo de entrada al Reino de Alderaan, podríamos limitarnos a iniciar un sitio e ir directos a Alderaan, pero dada la situación de nuestras fuerzas el mantenimiento de…
-¡Claro, y ahora querrás que yo invada Alderaan por ti porque estás muy ocupado invadiendo Chanclilla!
-Chandrila, Mi Señor.
-¡Me da igual que se llame Chanclilla o Chiquetete, la invades ahora mismo y luego invades Alderaan! ¡Que me quieres hacer el lío como Diógenes y no hacer nada para que tenga que trabajar yo!
Chandrila, para todos los que no la conozcan, es un planeta curioso porque tiene un senado.. Y nada más. Sus ciudadanos son muy muy muy demócratas, demócratas hasta la hartura, por lo que decidieron montarse un senado a la espera de que algún día alguien hiciera una República Galáctica y le diera un uso. A pesar de todo, cuando por fin se montó la susodicha y los chandrilanos corrieron encantados a ofrecerles su senado para que senadeara toda la galaxia, la joven democracia galáctica tuvo el buen juicio de poner su senado en Coruscant y dejar con un palmo de narices a los chandrilanos, que perdieron así la única oportunidad que habían tenido en sus treinta siglos de historia de justificar el gasto monstruoso que habían hecho en un senado al que no iban nadie más que los niños chandrilanos para gritar «eco» y jugar a matarse a balonazos. Por eso no es de extrañar que, cuando la senadora Mon Mothma de Chandrila vió que la República de Coruscant se tornaba Imperio Despótico de Coruscant, decidiera crear una Alianza para la Restauración de la República no para devolver la libertad y la democracia a la galaxia, si no para darle un uso al dichoso senado. Pero entonces llegó Darth Vader y conquistó Chandrila.

Mon Mothma dando la paliza como buena Chanclillana.

-Hemos conquistado Chandrila, Mi Señor.
-¿Y a mí que me importa? ¿No te dije que conquistaras Alderaan? ¡Si es que no me hacéis ni caso!
Históricamente se conocen muchos casos de emperadores incompetentes llevándose todo el mérito de generales competentes, pero en el caso del Emperador Mhulargo hay que reconocer que eso le traía sin cuidado, porque lo único que le importaba era que alguien inventase las Pringles de una vez para poder meterlas en su cubo de mantequilla. La conquista de Alderaan evolucionó de una forma bastante ordenada, porque entre Tarkin y Vader masacraron todo el pacífico reino y Mon Mothma tuvo escapar discretamente a otro sector de la galaxia para reorganizar su Alianza para la Restauración de la República, que por lo que fuera en aquel momento constaba de ella, ella misma y ella también porque nadie veía la más mínima necesidad de tomarse en serio al Emperador Mhulargo y su circo de mamarrachos estelares. Que uno podría pensar que el que arrasasen Chandrila debería haber consternado a la comunidad galáctica, pero eran tan pesados con lo de venderte su senado que nadie los iba a echar de menos. Y que decir de Alderaan, un reino lleno de pijos insufribles que monopolizaban las zonas verdes de la galaxia mientras otros planetas como Tatooine tenían que construir granjas de humedad porque los dichosos alderanianos no querían ni darles un mísero vaso de agua.

Alderaan destaca por sus actividades deportivas como la carrera lenta tras niña.

-Hemos conquistado Alderaan, Mi Señor.
-«Hemos conquistado Alderaan, hemos conquistado Alderaan», ¡y yo me he tirado un pedo y olía a butifarra! ¿Te llamado para decirtelo? ¿Por qué me tienes que molestar con cada mierda que haces? ¡Haz tu trabajo y ya me llamas cuando acabes!
-Maestro, sus órdenes eran conquistar Alderaan y ya hemos completado nuestra misión.
-Ah, ¿entonces me llamas para la fiesta?
-Eh… ¿Que fiesta?
-¡La que te voy a dar con esta! -dijo, señalándose a la entrepierna.
-Mi Señor, no acabo de…
-¡Que no hombre, que me estoy quedando contigo! ¡Que me gustará mucho el BL, pero tampoco me va la comida enlatada! Pues nada, que ya nos vemos en la fiesta.
-¿Pero qué…?
-Pero mejor la hacéis mañana, que no me apetece viajar hoy. Quiero fuegos artificiales y una fuente de chocolate, ¿eh? Una muy grande, no rancanéeis que se tiene que ver que somos un imperio que no necesita vigilar el gasto.

Porque Alderaan ha sido conquistado del todo, ¿no?
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