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Harlan Ellison el troll: The Terminator, la película devorada por su secuela (II)

Teminator se estrenó en EEUU el 26 de octubre de 1984 en muy pocos cines, porque la productora Orion no tenía mucha fe en la película y se temía que iba a ser masacrada por la crítica. Y es cierto que muchas de las primeras críticas de la época se quejaron de la extremada violencia, pero el público la apreció desde un primer momento y se mantuvo como primera en taquilla durante un par de semanas, llegando a tener su verdadero éxito en los mercados internacionales y en los videoclubs, donde se convirtió en un verdadero éxito que provocó que su secuela fuera una de las películas más esperadas de la historia.

La mayoría la conocimos así, y por los videoclubs hasta circuló una «secuela bastarda» perpetrada por una productora italiana que decidió llamar a su película Terminator 2, con todo el morro.

Lo curioso es que ves The Terminator hoy en día y se nota en Cameron una búsqueda de un estilo de dirección propio, deudor superficialmente de los Ridley Scott y hasta Stanley Kubrick de la época, pero a la vez dándole a la película una textura de modernidad postpunk que acabaría siendo tremendamente imitada a lo largo de los siguientes quince años. Terminator I, una película que como digo fue injustamente quedó completamente eclipsada por su secuela (que contaba con muchos más medios) no deja de ser una de las grandes escuelas de cine de los 80, un compendio de lo que se podía hacer y lo que no, de las formas más efectivas de comunicar ciertas cosas. Y es que la carencia de medios se convierte en virtud cuando, a traves de planos cortísimos, Cameron consigue acercar el drama a los personajes de Sarah y Kyle, aunque sea por una mera necesidad económica; si los planos son cortos y la película se rueda casi exclusivamente de noche es para poder controlar la luz y poder meter insertos sin muchas complicaciones, si la comisaría es claustrofóbica es porque se repite varias veces el mismo pasillo desde diferentes tiros de cámara, si la banda sonora se hace por sintetizador es porque no hay dinero para grandes orquestas, y aun así es precisamente todo esto lo que provoca que la película cree tendencia.

Que se lo digan a Slade Wilson, que aunque DC presentó batalla hasta 1991 con logotipos como este extremadamente parecidos al del Terminator de Cameron, acabó claudicando y quedándose solo con Deathstroke.

Es el minimalismo, que comodecimos hace de la necesidad una virtud, provoca que Terminator sea una película más humana que su secuela, que no deja de ser un tanto más extravagante al recrearse hasta demasiado con sus escenas de acción. Terminator es directa como una patada en la boca, el androide asesino persigue a Sarah Connor, Kyle trata de salvarla y ella lo toma por loco hasta que descubre que es el único cuerdo que puede salvarla. Y esa es una de las cosas curiosas de Kyle Reese, una de sus paradojas, viaja en el tiempo para salvar a la madre de su ídolo y, dejando de lado el hecho de que acaba siendo el padre de John Connor, lo cierto es que no se le ve con mucho plan. Reese simplemente roba ropa a indigentes, roba armas y le sujeta del brazo a Sarah Connor para que salga corriendo, pero ni es un estratega experto en liquidar terminators ni tiene un gran plan para librarse del bicho más allá de salir corriendo constantemente; solo Sarah Connor es capaz de salvarse a si misma, con lo que el papel de Reese, más allá de convencerla de que debe convertirse en la luchadora que todos conocemos y entrenarla para tal cometido durante un par de días, es el de hacer una donación de semen muy concreta. Y ya, porque lo siguiente que tenemos es que muere para dejar un tanto mermado al Terminator y se acabó, porque el remate del trabajo queda para la pobre Sarah.

La escena en la que Sarah Connor pasa de ser víctima a convertirse en la Sarah Connor de la leyenda.

Porque es ahí donde vemos esa reivindicación feminista del cine de Cameron, que aun cuando nos pone dominando el centro del cartel de la película a uno de los totems de masculinidad de la época como era Arnold Schwarzenegger y su millón de músculos dentro de más músculos, lo que más destaca de sus películas son su Linda Hamilton, su Sigourney Weaver, su Maria Elizabeth Mastroantonio, su Jamie Lee Curtis (a esta le cuesta más, cierto) y su Kate Winslet (porque sí, Kate Winslet es la protagonista de Titanic cabrones, por eso se quedó con la tabla. Que se joda DiCaprio, que seguro que ya se estaba buscando una más joven). Terminator es muy deudora de Halloween, sí, pero a diferencia de la cinta original de Carpenter Cameron permite que la heroina se lleve toda la gloria y sea la responsable de acabar con el monstruo. Sarah Connor, no John ni el Terminator, es la auténtica protagonista de Terminator, ésa es su historia, y cada secuela que se ha olvidado de esa idea ha resultado fallida.

Y no, Dark Fate no era fallida. Sarah Connor lo peta y se come la película, como debe de ser.

Y sin embargo la película está manchada por un plagio. O más bien una acusación de plagio realizada por Harlan Ellison que, a pesar de que disfrutó como un enano con la película, decidió demandarlos por plagiar uno de sus guiones, Soldier, que había realizado para la serie de televisión Más Allá del Límite en 1964 y a su vez era una readaptación de un relato suyo de 1957, Soldier From Tomorrow. En Soldier dos soldados del futuro condicionados solo a matarse el uno al otro acaban cayendo en un vórtice espaciotemporal que los envía al presente, apareciendo uno de ellos meses antes que el otro y aprendiendo poco a poco a ser persona y a recuperar su humanidad hasta que su oponente reaparece y los dos libran una lucha a muerte en la que los dos acaban falleciendo, sacrificándose para salvar a sus nuevos amigos del pasado. No existen los terminators aunque existe un futuro apocalíptico, aunque bien es cierto que no mucho después el propio Ellison publicaría I Have No Mouth and I Must Scream («No tengo boca y debo gritar»), una historia en la que un superordenador que coordina los ejércitos del futuro toma consciencia propia y acaba con la humanidad, manteniendo vivos a unos pocos supervivientes para poder torturarlos; más o menos lo que probablemente habría hecho Skyner de haber ganado la guerra.

Ellison era un genio excéntrico que amaba su profesión y los cómics, uno de los nuestros, pero también tenía el gatillo fácil para demandar porque consideraba que los autores eran constantemente maltratados por los «de arriba»… Y a veces se pasaba de listo.

Lo curioso es que ninguna de las dos partes mencionó I Have No Mouth…, si no que el propio Ellison mencionó Soldier y según otras fuentes hablan de que el trato entre Orion y Ellison mencionaba «Demon with a Glass Hand», El Demonio con mano de Cristal, otro relato de Ellison adaptado en Más Allá del Límite en el que un tipo viajaba desde el futuro al presente para enfrentarse a una serie de alienígenas invasores que poseían los restos de su memoria perdida. El giro final de la película venía a consistir en que el interfecto no era un ser humano, si no un robot destinado a salvaguardar durante más de un milenio a toda la humanidad del futuro -que la han digitalizado en una máquina- y resucitarla cuando llegue el momento adecuado. Vamos, que si sumamos el argumento de Soldier, el de I Have no Mouth… y el de Demon with a Glass Hand si que podemos tener a Terminator -sin Sarah Connor, eso sí, pero yo que sé, mezclas a Laurie Strode con Ellen Ripley y ya te da- con lo que me parece que el plato necesita demasiados ingredientes como para que la receta pueda ser considerada un plagio.

Hay que tener en cuenta que en 1983 Bill Mantlo ya se había «inspirado» en Soldier para el número 286 de Incredible Hulk, resultando el plagio tan evidente que un avergonzado Jim Shooter pidió perdón a Ellison y zanjó el asunto regalándole todos los tebeos que publicara Marvel DE POR VIDA.

En cualquier caso Orion se rajó con Ellison -que todo hay que decirlo, era un cascarrabias muy pesado con esto de demandar, aunque a veces lo hiciera con razón- y decidió darle una cantidad de dinero y un reconocimiento a la obra de Harlan Ellison en los créditos de la película -pero así, literal, en los créditos pone tal cual «Reconocimiento a la obra de Harlan Ellison», sin más-, para cabreo de James Cameron, que ni se consideraba plagiador ni consideraba que había parecido alguno entre sus historias. A posteriori y siempre que le han preguntado por el escabroso asunto Cameron siempre ha dicho que «por imperativo legal» no puede hablar del tema, pero que el acuerdo se realizó a sus espaldas y que no está en absoluto de acuerdo. Y personalmente creo que tiene toda la razón del mundo, pero así está la cosa.

Lamentablemente Cameron tuvo que hacer un dramón romántico histórico para que le dieran el reconocimiento que merecía, pero los fans de la ciencia ficción estamos acostumbrados a que nos hagan ese feo.

Y aun así pues oye, creo que se puede dar un canto en los dientes. Terminator propulsó su carrera hasta la estratosfera, concediéndole un status de director que le permitió algunas de las mejores películas de los 80 y 90 hasta que el fenómeno Titanic lo convirtió en un director intocable, capaz vez de elegir sus proyectos con un cheque en blanco y de tomarse todo el tiempo del mundo para realizarlos. Que sí, que tengo que confesar que en su día Titanic me pareció una traición a todos los que lo veíamos como un director de ciencia ficción -que a fin de cuentas éso es lo que lleva en el corazoncito- pero hay que rendirse a la realidad de que sí, es un peliculón, y que aunque Avatar no acabara siendo el regreso triunfal al género que me hubiera gustado, hay que reconocerle que sigue siendo uno de los mejores directores de la actualidad, capaz de venderte la historia más simple con los mejores resultados. Pero por mucho cgi, por mucho maquillaje loco y muchos millones que tenga en sus películas de ahora, para mi su mejor película sigue siendo la que para creo que es su tésis doctoral y obra maestra en la que dio su do de pecho, Terminator.

BONUS!

Hay algo que siempre me ha hecho mucha gracia del epílogo de Sarah Connor en la gasolinera -que por cierto, Cameron la rodó sin ningún permiso y «convenció» al policía que les dio el alto de que aquello era una película universitaria sin ánimo de lucro- y es que en la versión española suena «rara», el diálogo siempre me pareció un tanto forzado y se entendía mejor en la versión original; Resulta que en la versión en inglés el chico que le saca la fotografía habla en español y el dueño de la gasolinera le va traduciendo lo que dice a Sarah, mientras que en la versión española, no pudiendo decir que el chico hablaba portugués o algo parecido, fueron MUUUUUY creativos con el diálogo. Atentos, las imágenes van con los subtitulos de la versión original, los pies de foto con la versión española:

-¿Qué es lo que le ocurre?

-Es muy buen chico, señora. Se gana la vida haciendo fotografías y cobra cinco dólares por cada una…

-…pero si no quiere no se la quede.

-Está bien, me la quedaré.

Sarah compra la foto y tanto en versión original como en la española el chaval les avisa de que viene una tormenta.

-¿Puedo irme ya?

-Sí, antes de que llegue la tormenta.

-Lo sé.

 

 

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