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A Mary Jane se le ha vuelto a poner cara de Gwen Stacy: Amazing Spider-Man de Nick Spencer y Ryan Ottley/Humberto Ramos

Y no, no me refiero a que la vayan a tirar por un puente. Antes de que la gente se acuerde de que estoy en contra de que Peter y Mary Jane estén casados -tengo que decir en mi defensa que no siempre pensé eso, con lo que puede que algún día cambie de opinión, quién sabe- tengo que deciros que el Amazing Spider-Man de Nick Spencer y Ryan Ottley sigue siendo un muy buen tebeo, y que probablemente sea uno de los mejores relanzamientos de este año. Y como se acerca el final de 2018 y la gente empieza a hacer repasos, yo voy a aprovechar y despejar algunas de las preguntas que nos quedaron este verano, cuando la serie estaba empezando y todos nos preguntábamos si lo que nos estaban contando era verdad o una historia imaginaria. Y sí, vienen spoilers de toda la serie.

Hala, ¿ya estáis contentos?

Tenían una papeleta complicada Spencer y Ottley al empezar esta etapa, porque al margen de sus detractores, la era Slott ha sido el Spiderman de una generación. El guionista se mantuvo al frente de la serie durante unos diez años, con una regularidad en el apartado gráfico realmente sorprendente hoy en día y todo esto sin aparentes choques con la editorial, que durante años le concedió un privilegio que hasta entonces sólo había tenido el mismísimo Stan Lee: ser el único guionista de Spiderman, porque sólo había una serie de Spiderman. Así que mientras sus primeros años vinían marcados por la sombra del mefistazo que se había cargado el matrimonio de Peter Parker con Mary Jane, Slott pudo hacerse con el personaje sin recibir mucha de la artillería que los lectores le estaban lanzando a integrantes del equipo editorial de Marvel como el mismo Joe Quesada, Axel Alonso o el editor de Amazing por aquellos tiempos, Stephen Wacker. Wacker, que probablemente es el mejor editor que han tenido durante los últimos años, ejerció una defensa a ultranza del proyecto de Slott y mientras tanto consiguió darle al personaje una «tranquilidad» que no había tenido hasta entonces, permitiendo que los lectores pudieran seguir la serie sin estar pendientes de mil crossovers escritos por treinta guionistas distintos con sus respectivos dibujantes.
De Chip no decimos nada, que al final sólo fue guionista de Spiderman en los últimos meses de la etapa de Slott.

Pero no nos vayamos a engañar, porque el trabajo de Slott acababa siendo irregular; ya fuera porque se escudaba en el cinematic storytelling bendisiano o porque muchas veces no sabía enganchar una historia que estaba contando con la siguiente que quería contar, el conjunto de su trabajo en el personaje combina momentos brillantes con auténtica morralla, llegando a su punto más alto durante Superior Spiderman y el más bajo tras Secret Wars y todo aquel rollo corporativo/millonario que dentro del esquema general podía tener buena pinta pero en lo concreto se fue por la pendiente porque lo que proponía era bastante difícil de ejecutar, porque aunque el mensaje final siempre fuera el de que Peter Parker no vale para ser Tony Stark, lo que no consiguió hacer que colara era que nos creyéramos que Peter intentara ser Tony Stark. Y sin embargo, pues oye, para muchos lectores ésto era Spiderman, una serie en constante cambio en la que ya no quedaba claro que Peter Parker fuera un fotógrafo, si no que podía ser ingeniero, químico, editor o millonario, por no hablar de supervillano. Supongo que por eso la llegada de Spencer y Ottley necesitaba una vuelta a las esencias del personaje, sea lo que sea eso.
Si, bueno, eso se lo dices a todos los fans que llevan llorando diez años porque no estáis juntos.

Porque claro, normalmente cuando un guionista quiere volver a las esencias trata de volver a los cómics que leyó de crío. Por eso el primer guionista famoso por el «back to basics», John Byrne, se empeñaba en Stan Lee y Jack Kirby -aunque de su Spiderman mejor no hablamos, eran los 90 y todos bebimos demasiado- mientras que Slott, perteneciente a una generación posterior, se fija más en el Spiderman de finales de los 70 y principios de los 80, un cómic en el que Peter Parker no tenía una pareja fija y su papel de fotografo venía casi eclipsado por su papel de muerto de hambre. Que ojo, en ningún momento quiero decir que Slott pretendiera volver a ello, si no que su referente era esa época del personaje… Mientras que la de Spencer es una de unos diez años más tarde, ésa que empieza con los últimos años de Christopher Priest como editor y viene marcada por el matrimonio de Peter Parker y Mary Jane Watson así, sin venir a cuento.
¿Que estoy reutilizando imágenes de otros posts? Sí, pero con esto no hago más que darme la razón en que el personaje de MJ estaba para lo que estaba.

Pero claro, si tu has crecido en aquellos años, Mary Jane es un personaje indispensable para la serie, y da igual que nos hayamos pasado más de diez años intentando hacer un Spiderman sin MJ, tienes que devolverlo al frente de la serie y que participe de todo lo que ocurre en ella, aunque en realidad Peter Parker siga yendo a su bola y MJ lo único que haga sea deambular preguntándose si realmente tiene sentido que vuelva querer padecer lo que significa ser «la novia» de un superhéroe. La cuestión es -y éste es el principal desafío del Spiderman de Nick Spencer- el rol que va a tener Mary Jane en la serie. Porque vamos a dejar las cosas claras, así como Lois Lane es un personaje que por su papel de reportera tiene su propia entidad y funciona prácticamente solo, Mary Jane en cuanto se casó siempre ha funcionado a remolque, mientras que durante todos los años anteriores en los que vivía por su cuenta era algo así como el personaje referente de Peter, algo así como su tía May «con vitaminas» que servía para espabilar a Peter cuando estaba haciendo el gilipollas con algo más que una frase peregrina que lo inspirara. Mary Jane la fiestera, la modelo y la actriz que fracasaba pero seguía intentándolo era todo un ejemplo para Peter, alguien que a su manera también vivía en la cuerda floja. Un personaje, como bien dice cierto personaje en el último número de la serie, que es «indispensable».
La cuestión es, ¿y quién cuernos es Mary Jane Watson a estas alturas?

La cuestión es que era indispensable como contraste que asomaba de vez en cuando, que sirviera como puente entre Peter y la Tía May, que funcionara como correa de transmisión entre Spiderman y Peter Parker. En el momento en el que se casaron, Mary Jane se convirtió en la animadora residente de Peter Parker, un personaje que convertía a Peter Parker en un tipo casado con una supermodelo y de clase alta -tened en cuenta el contexto de la época, eran los tiempos de las top model como la Schiffer o la Crawford- y alienó a todos los lectores que entendían a Peter Parker como un perdedor que nunca se rinde. Marvel tardó muy poco tiempo en reaccionar a la situación y hundieron a Mary Jane para que compartiera la miserie de Peter, pero daba absolutamente igual, porque ella era un personaje de fondo y se volvió completamente incoherente, ruido de fondo en Matanza Máxima y demás tonterías: MJ pasó de modelo a actriz de culebrón, unas veces tenía películas que rodar en Hollywood y otras veces simplemente era modelo para anuncios chuscos. El único común denominador del personaje durante aquellos años era que era la mujer de Spiderman y le daba consejos sobre que hacer al final de cada jornada, además de demostrar las capacidades de McFarlane o Larsen para dibujar lencería. Pero yo estaba hablando de Nick Spencer…
¡LA GENTE NORMAL LLEVA CAMISETAS PARA DORMIR, SEÑORA!

Spencer ha sido inteligente y no ha ido a saco con el matrimonio; Peter y Mary Jane están juntos, sí, pero cada uno vive en su propia casa. El problema es que se ha vuelto al mismo esquema de los 90; por poner un ejemplo claro, el número seis abre con Peter recordando una conversación con Mary Jane que gira sobre si las dudas de ella sobre si ama solo a Peter o a Spiderman también, y una vez se resuelve el conflicto principal acaba con los dos personajes acurrucados juntos mientras Peter se preocupa por cosas de Spiderman y MJ… Pues eso, MJ es la animadora residente. Y joder, no, un cuerno. El cómic está haciendo tantas cosas bien que es una auténtica lástima que vuelva a caer en ese error, sobre todo se te cae el alma a los pies cuando reaparece la Gata Negra y empiezas a ver claro que MJ está siendo Gwen Stacy y Felicia Mary Jane. Y si se mató a Gwen Stacy es por algo, puñeta.
Aunque Felicia siempre estuvo como una puta cabra y le gustaba Spiderman, no Peter Parker. Pero la escena les ha quedado muy bonita y se agradece que deshaga el despropósito de la Gata Negra mafiosa, sí.

¿Por lo demás? Joder, sí, Spiderman es un personaje estupendo y da gusto leerlo cuando está bien hecho. La serie está combinando el excelente trabajo de Spencer con Superior Foes of Spider-Man y está recuperando personajes de ella, convirtiendo a Boomerang en un secundario con todas las de la ley y combinándolo todo con una conspiración de supervillanos que me recuerda a los tiempos de Ditko y el planeador maestro, con un villano moviéndose entre las sombras -todos tenemos nuestras quinielas, y las de alguno podrían levantar muchísimas ampollas- mientras Spiderman va aporreando a unos y otros sin enterarse de lo que está pasando realmente. La cuestión es, ¿se está en el buen camino, hay perspectivas de que los problemas con Mary Jane se arreglen? Visto lo visto en los últimos números, da la impresión de que Spencer es consciente de que no vale recuperar a Mary Jane a secas y el propio personaje lleva meses buscando su sitio, pero por el momento no parece encontrarlo y llevamos 9 números con ella dando tumbos. Vamos, que no nos queda más remedio que repetir lo mismo que dijimos cuando escribíamos sobre Amazing en verano y tener fe en un guionista que, eventazos y manazas editoriales aparte, no suele decepcionar.
Y supongo que mientras tanto seguiremos teniendo estas escenas de Peter y Eve en el sofá al final de cada historia, por lo menos nos hemos librado de la dichosa lencería.

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