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La triste y sanguinaria historia de Superboy Prime (I): Un pobre muchachito como tú y como yo

Ayer habéis visto el post de M’Rabo sobre Flash y algunos hasta os estaréis preguntando quién es el tal Superboy Prime, porque al fin y al cabo el muchacho lleva cosa de siete años sin aparecer y es preNew52, así que «está fuera de continuidad» (jojojo). Para todos vosotros -y para los que seais unos sádicos y unos cafres que se recrean en el sufrimiento ajeno- van estos dos posts repasando la triste historia de Superboy Prime, ése personaje creado por Elliot S! Maggin y Curt Swan como homenaje a sus lectores, a esos abnegados seguidores de hace treinta años que veían horrorizados como su universo favorito se iba por el sumidero durante aquel maxicrossover llamado Crisis en Tierras Infinitas. El Superboy Prime que nacía en 1985 era un tipo estupendo, pero con los años y Geoff Johns acabó transformándose en una de las criaturas más horrendas y con más bilis de la historia del multiverso DC. ¿Cómo pudo ocurrir esto? Acompañadme y no os olvidéis el cubo de fregar, que esto empieza con algodón de azúcar y acaba en sangre y tripas…

Eran otros tiempos más inocentes, de mundos siendo borrados por nubes de antimateria, con los negros del siglo XXX siendo exiliados todos a una isla dejada de la mano de dios… Todo normal.

Como decía, nuestra historia empieza allá por 1985. Elliot S! Maggin -el signo de exclamación se lo pone el, que se flipa mucho- y Curt Swan son dos grandes veteranos autores de Superman, siendo Swan el dibujante que había definido al personaje durante los últimos veinte años a un nivel solo comparable al de Kirby en Marvel en los 60. Pero los tiempos cambian más que en la canción de Bob Dylan, y los Levitz, Kahn y demás buscan renovar la editorial de los pies a la cabeza mediante el reinicio completo del universo DC -aunque en realidad la cosa no llegaría a tanto- y la desaparición de muchos conceptos que consideraban excesivamente complicados como los universos paralelos, «historias imaginarias» y demás zarandajas. En esencia se intentaba articular DC como un todo al estilo de la Marvel de aquellos tiempos, en el que todas las historias ocurren en el mismo universo y no se engaña al lector cada dos por tres diciendo que todo lo que ha leído en el número de este mes es un sueño de Resines. Y sí, sé que todo esto es difícil de creer viendo lo que tenemos hoy en día.
50 años sin mutilaciones ni muertes de nada que no sea de Tierra 2 y de repente matan a Flash, a Wonder Woman, a Supergirl, universos enteros…

La cuestión es que el nuevo orden significaba no solo echar por un agujero negro una porrada de universos paralelos, historias imaginarias y hasta partes troncales del canon de DC, si no la recolocación/desplazamiento de autores como Swan o Maggin que empezaban a ver como su lugar lo ocupaba la sangre nueva venida de Marvel en la figura de John Byrne, Jim Starlin y demás, gente que al igual que los Wolfman o Wein traían un planteamiento dramático muy distinto que dejaba obsoleta su forma de hacer cómics. La nueva consigna de la editorial era romper lo viejo para hacer paso a lo nuevo vaya, y aunque Curt Swan siguió recibiendo trabajo, lo cierto es que su papel en DC hizo un lento fundido en negro que para la llegada de la nueva década se traduciría en que todo el mundo le diera por jubilado o peor todavía, muerto. Y aunque ni Maggin ni Swan sabían lo que estaba por venir en los próximos diez años, se lo empezaban a temer y probablemente compartían algo de esa inquietud con sus lectores más veteranos, aquellos que habían crecido con el Flash de Infantino, la Liga de la Justicia de Gardner Fox y el Superman de Swan, los cuales estaban acostumbrados a una editorial tremendamente conservadora en las que el status quo jamás variaba y que desde la implosión del 77 vivían en un sinvivir al ver como de repente mataban al Batman de Tierra 2, los personajes cambiaban de traje y de alineaciones, se anunciaban crossovers como Crisis o series para adultos como Thriller o Swamp Thing… Cosas rarísimas en los 50 años de historia de DC, y todas pasaban en los últimos diez años. Y es en ese momento, en mitad de la incertidumbre de autores y lectores veteranos, cuando aparece el DC Comics Presents 87 como una especie de homenaje a unos y a otros.
El Superman Revenge Squad se fundó cuando Superboy evitó que unos alienígenas conquistaran el universo y estos se encabronaron porque eran más rencorosos que M’Rabo.

La historia empieza con Superman (el de Tierra 1, la continuidad principal anterior a Crisis) llorando la muerte de la Supergirl de su universo, porque repito que a este no se le había muerto nadie «en cámara» (porque a Ma y Pa Kent si que los habían matado). El caso es que la Confederación de Alienígenas Hijos de Puta -se llamaban Superman Revenge Squad, no me jodas- decide echar sal en la herida y mandar a Superman a Tierra Prime y que se pudra ahi. Tierra Prime, para el que no lo sepa, era un universo paralelo en el que los personajes de DC solo existían en los tebeos, lo que vendría a ser nuestro universo, vaya. Sin querer alargarme mucho en lo que no hace falta, podríamos decir que lo que nos viene a contar el cómic es que Superman entra en contacto con un chavalillo llamado Clark Kent que resulta ser también kryptoniano y al que se le despiertan los poderes al verlo, con lo que los dos lo pasan teta volando, salvando a gente del final de Life is Strange -para los que no lo hayan jugado, un tsunami- y en general lo que vienen a contarnos es una pequeña despedida a un mundo más inocente, más feliz. Superman jugando con sus lectores, enseñándoles a ser como él -porque todos podemos ser Superman- y el chaval autoproclamándose, como no, Superboy Prime.
Oh gosh, oh golly mister Superman, I can be a hero like you! Sí, se pasaron con el azúcar.

Ya digo, un guiño/homenaje a los lectores, un decir «ya sé que hay miedo al futuro, pero Elliot y Curt os entienden». El cómic terminaba con Superman reclutando a Superboy Prime para la batalla final de las Crisis, ese momento maravilloso en el que el multiverso DC es destruido y los únicos supervivientes son Superman de Tierra 2 -el original, aunque es una versión mierdera que no apalea maltratadores ni mete a políticos corruptos en las guerras que provocan- la Lois Lane de Tierra 2, el Lex Luthor de Tierra 3 -una en la que los buenos eran malos y los malos buenos, lo llamaría Tierra Snyder si no fuera porque en esa todos eran malos- y Superboy Prime. Todos ellos sobreviven al final de la serie y se viene a decir que se van al paraíso, al Valhalla, a ser felices y comer perdices a un lugar indeterminado. Y la historia así se quedó muy bien terminada durante veinte años de enorme placidez, de tranquilidad, de quítame ese Cazador Acecha y esa Identity Crisis, de Dark Knight era una excepción, Batman no mata y Superman no es un cabrón gilipollas, de tantas y tantas cosas que no le habrían gustado un pelo a Swan -falleció en 1996- ni a Maggin -que no ha muerto, pero se metió en política que es más o menos parecido-. Todo estaba relativamente bien, hasta que llegó Geoff Johns.
Esta foto es vieja y claro, ahora ya tiene dinero (el que has pagado por sus tebeos) para comprarse una gorra nueva y unos anillos decentes.

La primera década del siglo XXI se destacó en DC por ser la era de los «amaguitos». Tras quince años de Crisis en Tierras Infinitas y diez tras Hora Cero, la reorganización del Universo DC como un todo articulado y funcional se le hacía muy pesada para Dan DiDio, uno de los nuevos jefazos de DC y que estaba como loco por montar unas Crisis, otro borrón y cuenta nueva -a pesar de que, insisto, Crisis no fue un borrón y cuenta nueva- que les hinchara a vender como locos. El primer amaguito fue Identity Crisis, una historia de matinal de Antena 3 (esto es, morbosa) que no tenía nada que ver con las Crisis más que en el nombre. El segundo, en 2005 y ya con Geoff Johns, se llamó Crisis Infinita y fue un amago con bastante más entidad, porque en el participó George Pérez -el dibujante de las Crisis originales- y Phil Jimenez -el dibujante que dibuja como el dibujante de las Crisis originales-.
Aquí vendían que esto iba a ser lo mismo que Crisis y una porra, pero M’Rabo se lo tragó como un bendito.

Sin querer extenderme mucho en su argumento e irme por las ramas, os diré que Crisis Infinita venía a contarnos como los exiliados de Crisis en Tierras Infinitas se hartaban del paraíso-Valhalla-jubilación y decidían que había que recuperar el multiverso DC, que las cosas tenían que volver a ser como antes. Que vale ya de arrancar brazos y matar personajes, las cosas tenían que volver a ser alegres y felices como antaño, así que deshacer el camino andado y volver a tener una Tierra 2 como es debido; y es que desde Identity Crisis los lectores de DC habíamos visto como todas las series tenían un giro oscuro y tenebroso, llegando a ver en las miniseries que sirvieron como prólogo al evento auténticas barbaridades dignas de Authority o Ultimates, así que algo de razón si que debían de llevar los exiliados estos. Pero tampoco nos hagamos una idea incorrecta del asunto, creo que tenemos que hacer un alto en el camino hasta mañana para reflexionar, que la DC de 2005 no era tan feroz como se pintaba a si misma…
 

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