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Dracula de Bram Stoker: Cuando los Vampiros daban asco.

Aunque hoy en día con tanta “Entrevista con el Vampiro” y tanto “Crepúsculo” los Vampiros tengan esa imagen de seres andróginos, románticos y atractivos que hacen que cada mujer que pasa por su lado desee pasar toda la eternidad con ellos, no siempre fue así. Aunque cueste creerlo hubo una época en la que los Vampiros no eran más que alimañas inmundas a las que había que perseguir y matar y que si seducían a las mujeres era solo gracias a su control mental. Ah, y sobre todo, cuando se exponían a la luz del sol no brillaban como un maldito Gusiluz Emo, ardían como si estuviesen en el mismísimo infierno y quedaban reducidos a cenizas. Recordemos los tiempos en los que Bram Stoker dio forma a un montón de leyendas y a algún personaje histórico para crear al más grande de todos los Vampiros. Dracula.

Las fuentes en las que Stoker se baso para crear a su Vampiro fueron muchas, y contrariamente a lo que se suele decir, se inspiro poco en la figura histórica de Vlad Tepes, el Príncipe de Valaquia de quien solo tomo prestado su apodo, Dracula, al leer en un libro que ese nombre significaba Diablo. Aunque por lo visto realmente significaba “Hijo de Dracul”, el apodo por el que se conocía a su padre tras ingresar en la Orden del Dragón, una orden militar cristiana fundada por  el rey Segismundo de Hungría. Pero a Stoker lo que le importaba era la sonoridad del nombre, no sus raíces históricas.

La principal influencia de Stoker parece ser un relato de horror de la era Victoriana escrito por James Malcolm Rymer, Varney el vampiro. En este relato ya aparecían muchas de las características asociadas a los Vampiros y que posteriormente aparecerían en la novela de Stoker. Los colmillos, las dos marcas dejadas en los cuellos de sus víctimas tras beber su sangre, la fuerza sobrehumana, los poderes hipnóticos… Aunque este vampiro caminaba libremente bajo la luz del sol y no temía ni a cruces ni a ajos.

Influencias aparte, en la novela nos encontramos con la historia de Jonathan Harker, quien viaja hasta el Castillo de Dracula en Transilvania para formalizar la compra de unas propiedades en Londres. Lo que allí se encuentra es a un anciano amigable en principio pero que pronto se transforma en un viejo despreciable que hace prisionero a Harker. Este descubre que en el castillo viven también tres hermosas mujeres, vampiros también, a quienes Dracula llega a alimentar con un bebe que ha robado. Poco romántico y atractivo era este Dracula. Mientras esto sucede, en Londres, a donde Dracula ya ha llegado, Lucy, la mejor amiga de la prometida de Harker, es transformada poco a poco en vampiro por Dracula. Al término de esta transformación Lucy se dedicara a matar niños pequeños para alimentarse de ellos. Los amigos de Lucy ayudados por el Profesor Van Helsing acaban con ella y uniéndose a Harker se dedican a dar caza a Dracula quien en todo momento es representado como poco más que una alimaña.

Durante muchos años la imagen del vampiro fue más o menos así. Con el tiempo y gracias al cine se fomento la sensualidad del personaje y su atractivo, pero sin dejar de ser nunca más que una vil sanguijuela. Hasta que con los años y por culpa de escritoras como Anne Rice o sobretodo Stephenie Meyer los vampiros se han afeminado hasta límites grotescos siendo hoy en día poco más que un chiste o una fantasía sexual para quinceañeras a quienes cuesta tomar en serio.

La moda ha llegado a tales extremos que ni el Dracula de la Marvel se ha librado, pasando de ser un más que digno heredero del Dracula cinematográfico de la Universal y la Hammer, inmortalizado en el comic gracias al talento de Marv Wolfman y Gene Colan a ser… otra cosa que no sé muy bien cómo definir…

Solo nos queda esperar que esta moda pase pronto y los vampiros vuelvan a ser lo que eran. Monstruos a los que hay que perseguir y matar. Pero que lo explique mejor James Woods que se le da mejor que a mí.

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